Titicut Follies. Ecos de un documental

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“Articular históricamente lo pasado no significa “conocerlo como verdaderamente ha sido”. Consiste, más bien, en adueñarse de un recuerdo tal y como brilla en el instante de un peligro. Al materialismo histórico le incumbe fijar una imagen del pasado, imagen que se presenta sin avisar al sujeto histórico en el instante de peligro. El peligro amenaza tanto a la existencia de la tradición como a quienes la reciben. Para ella y para ellos el peligro es el mismo: prestarse a ser instrumentos de la clase dominante. En cada época hay que esforzarse por arrancar de nuevo la tradición al conformismo que pretende avasallarla. El mesías no viene sólo como redentor; también viene como vencedor del Anticristo. El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza sólo le es dado al historiador perfectamente convencido de que ni siquiera los muertos estarán seguros si el enemigo vence. Y ese enemigo no ha cesado de vencer.”

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(Walter Benjamin)

Tal vez muchos de ustedes desconocerán la existencia de un film documental llamado “Titicut Follies“, rodado entre los años 1966 y 1967, la primera obra del realizador (documentalista) norteamericano Frederick Wiseman.

Wiseman, originalmente abogado y profesor de derecho, eligió para debutar como cineasta un centro psiquiátrico del estado de Massachussets (USA), se atrevió a “incursionar” (junto al camarógrafo-etnógrafo John Marshall y su 16mm) en una “carcel-psiquiátrica” o un “psiquiátrico-penal” para “criminales dementes”, su nombre Bridgewater State Hospital…

Apenas un mes de rodaje y un año para dar forma (definitiva) a tantos metros de película.

“En esa época mucha gente tenía la fantasía de llegar a convertirse en director de cine. Pensé que sería una buena idea filmar una película sobre una prisión de máxima seguridad. Ya entonces era posible trabajar con un equipo ligero y cómodo. En la primavera de 1966 comencé a rodar, lo hice en 16 mm y tardé un año en montar el material. Sigo utilizando el mismo sistema que entonces: mi equipo está formado por tres personas y nunca me documento sobre el tema de la película antes de empezar a rodar.

(…)

La investigación comienza el primer día de rodaje, no me gusta arrancar cargado de ideas preconcebidas. Antes de empezar a filmar me digo «este es un buen tema para una película, vamos a ver qué me encuentro por el camino», en lugar de «quiero hacer un documental que trate sobre…”

(…)

La diferencia entre lo que decimos que hacemos y lo que hacemos en realidad es uno de los temas básicos de mi filmografía. Eso nos sucede a todos, aunque yo me centro en buscar las diferencias entre teoría y práctica en las instituciones públicas. Trato de plasmar ese conflicto mediante la puesta en escena.”

(fragmentos de una entrevista a Federick Wiseman)

Su estreno fue un 3 de octubre de 1967 para un festival en la ciudad de Nueva York…pero “algo” sucedió. El gobierno del estado de Massachussets se hizo de una orden judicial para frenar su lanzamiento…¿Con qué argumentos? Con los de siempre en estos casos “la película viola la privacidad y dignidad de los pacientes”.

Un tribunal de Nueva York autorizó la exhibición del film, pero en 1968 el gobierno de Massachussets vuelve a la carga ordenando que “Titicut Follies” no pueda ser distribuida y que (además) se proceda a la destrucción de todas sus copias.

Wiseman decidió dar batalla y apeló ante la Corte Suprema de ese estado y logró que en 1969 se autorizara su exhibición… solo ante “pùblico especializado” (psiquiatras, enfermeros, estudiantes y abogados).

El realizador entonces intentó esta vez por el lado de la Corte Suprema de los Estados Unidos, quien se negó a tomar el caso, a pesar de que Wiseman contaba con la autorización de los pacientes que aparecen en el film y del “superintendente” del “establecimiento” (como tutor de los “internos-presos”).

Fue el primer caso conocido en la industria cinematográfica estadounidense en que un film es prohibido para su distribución general por razones que no fueran la seguridad de la nación (léase Estado) o la obscenidad..

Hasta que en el año 1987, las familias de siete presos que murieron en esa “institución” la denunciaron y también al Estado de Massachussets (tiempo después una reacción en cadena produjo como efecto el cierre de varios de estos lugares siniestros).

Wiseman tuvo que esperar hasta 1991 cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos autorizó su lanzamiento comercial…con un “agregado”…una “breve explicación” (incluída en el cuerpo del film) que hiciera particular referencia a los “cambios y mejoras acontecidos en dicho centro de “salud mental”…desde el año en el que el film fue rodado”…

El 4 de septiembre de 1992 se autorizó (peeero…por única vez) su exhibición en televisión (también con un “agregado” ¿advertencia?)…

La distribuidora Zipporah Films lanzó al mercado el dvd del documental de Wiseman en diciembre del 2007 (en los Estados Unidos).

Titicut Follies desnuda con coraje cívico lo ominoso y siniestro de los dispositivos manicomiales (de todo el mundo)…

Yo pude conseguir una copia (subtitulada) del documental de Wiseman gracias a Angélica y Mario, los responsables del legendario videoclub “Master”, que estuviera ubicado en el barrio porteño de Caballito, en la avenida Rivadavia y a pocas cuadras del Parque Lezica ó Rivadavia y que una noche de fines de diciembre del año 2013 fuera “allanado” -en un extraño “procedimiento”- por un grupo de policías (que se trasladaban en una camioneta alquilada) quienes procedieron a “embolsar” cerca de 30000 títulos (algunos hablan de casi 50000), buena parte de ellos con un auténtico valor histórico (ya que no fueron reeditados)…

Master era un verdadero paraíso para todos nosotros (cinéfilos) y una fuente de “recursos” para docentes, críticos, estudiantes secundarios y de escuelas de cine…y a una numerosa “lista” de vecinos, y no tan vecinos.

Angélica y Mario aún no saben el paradero de esos títulos y a poco de hacer público lo ocurrido comenzaron a recibir amenazas telefónicas y a los pocos días de ese 23 de diciembre…se encontraron a metros de la puerta con un par de “manteros” vendiendo películas truchas…

Hoy lo que fue uno de los videoclubes legendarios de esta ciudad es apenas un “maxiquiosco” como tantos otros!

¿El porqué del título de este texto?

Una vez recuperada la democracia en nuestro país se estrena un film documental de un joven Marcelo Céspedes, llamado “Hospital Borda: un llamado a la razón” (1986)…que creo no equivocarme tiene mucho que ver con algunos aspectos distintivos del film de Wiseman…(recuerdo en este momento una conmovedora imagen, la de un “paciente” del Hospital Borda, anciano, caminando desnudo…muy lentamente a una de las duchas…sin puertas)

¿Privacidad y dignidad?

“No creo en la normalidad. Creo que hay un nivel de civilidad con los otros, códigos morales y familiares con los que aprendemos a vivir. Pero la normalidad es algo muy relativo y va de acuerdo a las diferentes sociedades y civilizaciones. Un psiquiatra que colaboró en la película, James Gilligan, escribió libros sobre la violencia. El fue el encargado de cambiar el Instituto Psiquiátrico Bridgewater, que es donde se hizo ese terrible documental de Fred Wiseman, Titicut Follies, que estuvo prohibido en los Estados Unidos. La vimos con el elenco. Gilligan creía en la terapia, en hablar con los pacientes. Y cambió radicalmente ese lugar. Nos contó que hubo motines, que atacaron y mataron a guardias, y en una ocasión les cortaron las cabezas y jugaron al béisbol con ella. Había un paciente tan terrible que nadie se le acercaba y Gilligan se metió con él, vio su lado humano, y veinte años después trabaja en la biblioteca del hospital. Antes los trataban como animales. Y a todos los afecta convivir con eso, pero es importante entender lo irracional y tener mucha compasión por el ser humano.”

(Martin Scorsese, acerca de influencias en su film “Shutter Island” (La isla siniestra), 2010)

Quiero “cerrar” este texto con un acto de memoria, de recuerdo, de algo que tiene mucho que ver con el conmovedor film de Frederick Wiseman y que nos ocurrió hace unos años (para muchos…demasiados)…

Fue una noche de un viernes, 26 de abril de 1985, en la ciudad de Buenos Aires, más precisamente en el porteño barrio de Saavedra, Crisólogo Larralde 3990… A pocos minutos de pasadas las 21 comenzó a divisarse un incendio en la “clínica” neuropsiquiátrica “Saint Emilien”…

Como consecuencia del mismo perdieron sus vidas (calcinados y/o asfixiados) cerca de 80 personas allí “internadas” (nunca se supo la cifra exacta) junto a varios trabajadores (enfermeras) del establecimiento y cerca de 200 sobrevivieron con secuelas de diversa gravedad… Fue un “ensayo” de la masacre de Cromañón, 30 de diciembre del año 2004, donde perdieron la vida 194 personas (casi todas ellas jóvenes) y sobrevivieron con graves consecuencias para su salud (emocional y física) otras 1500 aproximadamente…

No muchos medios se ocuparon de investigar acerca de lo ocurrido en la “clínica” Saint Emilien, la periodista y abogada Laura Zommer (del diario “La Nación”) fue una de esas excepciones que nos “rehabilitan”…ella pudo dialogar con uno de los bomberos que acudieron esa noche…el único que pudo hablar (pero sin dar su nombre real)…lo que había visto al entrar a la “clínica” lo había hecho cambiar definitivamente de oficio…encontró cuerpos sin vida de pacientes encadenados a sus camas…las puertas de sus celdas cerradas con llave y enrejadas…¡una verdadera trampa mortal!…

La “clínica” funcionaba “irregularmente” desde su habilitación en el año 1979 y en el transcurso de 6 años se habían labrado al menos 46 actas denunciando graves irregularidades: deficiencias edilicias, falta de iluminación y planos del edificio, carencia de ventilación adecuada en el subsuelo (donde habían sido “alojados” varios pacientes) y algo más grave aún…una “superpoblación de camas” (entiéndase…más pacientes de los que podían aceptar)…los bomberos se encontraron al llegar con la “novedad” de la falta de bocas de agua y extinguidores en el interior del establecimiento (sumado a la falta de planos)…

La “justicia” se ocupó de cajonear durante años la causa…con la que jugaron varios jueces…hasta que finalmente ¡en 1997! la Corte Suprema del menemismo (la de la “mayoría automática”) teminó “cerrándola” al considerar “vencida” en plazo la ¿acción penal?…

Los dueños de la “clínica” quedaron libres de culpa y cargo (en realidad nunca se supo…ni se quiso saber quienes eran los dueños verdaderos…algunas fuentes apuntan a un alto mandatario del gobierno menemista)…

Otra de las tantas “curiosidades” fue que a pesar de la cantidad de victimas fatales y heridos a causa de la tragedia, no más de 20 familias iniciaron causas judiciales, la inmensa mayoría “arregló” con la “clínica” (¿con quién?) o ni siquiera hizo reclamo alguno…

A poco de apagado el fuego…la “clínica” siguió funcionando, registrada bajo otro nombre:”Instituto de la Familia Monseñor Bufano”…hasta el 31 de agosto de 1997..

Hoy lo que queda del edificio está tapiado (aunque los vecinos se muestran preocupados por la presencia de familias “okupas” en el lugar)…

No hace mucho intenté ubicar a vecinos que vivieran por esos años en el barrio…

“La verdad que no recuerdo nada…pasó hace tanto (…)”

“¿Usted me quiere entrevistar por lo que se cuenta de las voces por las noches y los gritos de “espíritus” de los que murieron esa noche?”

“Prefiero no dar mi nombre…además es muy poco lo que le puedo decir…pasó hace mucho (…)”

“Los vecinos no manteníamos ningún vínculo ni con la clínica ni con los pacientes…¿neuropsiquiátrico ó geriátrico?…en realidad lo ignoro…solo veíamos entrar y salir ambulancias a cada rato…todos los días…”

Lo ominoso…lo siniestro es muchas veces…lo más “familiar” y cercano…lo que dejamos pasar…lo que ¿guardamos? escondemos en la memoria…lo que brilla repentinamente como un relampago en la noche más cerrada…

Una historia que ni el mismísimo David Lynch…

“La crítica es un asunto moral”.

(Walter Benjamin)