Migas de pan

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La película seleccionada por Uruguay para competir por el Oscar extranjero

Jorge Jellinek es un crítico, programador de múltiples festivales y ocasional actor (“La vida útil”) uruguayo a quien este cronista ve a menudo, colaborando con él en la programación de muestras como “Piriápolis de película” y otras que tienen lugar en Punta del Este, organizados por Fernando Goldsman. Una corta reciente visita a Montevideo, incluyendo una recorrida por la notable Feria de Tristán Narvaja donde no sólo se ofrecen libros, fue la oportunidad para intercambiar información sobre cine. Y gracias  a su sabio consejo ir a ver “Migas de pan”, la película que acertadamente Uruguay ha seleccionado para competir por el Oscar extranjero.

Manane Rodríguez (nacida en Uruguay en 1954) es su realizadora, poco conocida en Argentina pese a que ya lleva dirigido una media docena de largometrajes. El único estrenado en Argentina fue “Los pasos perdidos”, en verdad una coproducción de Argentina con España, país que también coprodujo la recientemente nominada por el vecino país. Se trataba del tema de la “identidad”, que varias veces ha sido tratado por nuestro cine y que en esta temprana producción del 2001 lo hacía sin apelar a golpes bajos y que incluía un buen reparto. El personaje central era una joven de 22 años (Irene Visedo), cuya calma vida en España en compañía de sus “padres” (Luis Brandoni, Concha Velasco) se veía de golpe alterada cuando aparecía un escritor argentino (Federico Luppi), cuestionando la paternidad de sus progenitores.

“Migas de pan” se refiere a un evento similar a nuestro “Proceso”, que tuvo inicio un año antes en Uruguay. Y lo hace de manera muy sobria empezando también en España, donde reside en la época actual la fotógrafa Liliana Pereira (Cecilia Roth) quien acaba de enterarse que es abuela. Decide por lo tanto volver a su Montevideo natal, donde vive su hijo Diego y a quien hace mucho tiempo que no ve.

Pero el grueso del relato se centra en el personaje de Liliana joven, a quien interpreta con notable entrega artística la joven y bella actriz Justina Bustos (“Volley”), muy popular por la serie “Historias de un clan”. Ella es la que anima el grueso del relato con imágenes muy fuertes en las que se muestra el salvajismo de los represores militares de Uruguay, que al igual que en nuestro país secuestraban, violaban y mataban a sus víctimas.

Hacia el final de esta impactante producción volvemos a encontrar a Liliana adulta y la emoción nos embarga cuando se produce el accidentado encuentro con su nieto e hijo, de cuya patria potestad había sido privada al tener que emigrar a España.  Un noble relato que nunca decae y que mantiene el interés del espectador del principio al fin.