Laura Malosetti Costa: “Las palabras y las imágenes se atraviesan mutuamente”

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Hace unos días, el Museo Nacional de Bellas Artes realizó una serie de actividades bajo el lema “Viví Francia”, para conocer, disfrutar y celebrar la cultura y artes francesas; y, sobre todo, acercar al público a las obras de grandes artistas como Largillière, Bouguereau, Manet, Monet, Rodin, Gauguin, a través de guiadas y charlas comparativas frente a las propias pinturas y esculturas que forman parte de la colección permanente del Museo.

Organizadas en distintos horarios, los grupos de visitantes escuchaban atentos cada una de las palabras de los guías, quienes, como animadores experimentados, iban develando cuestiones que hacen tanto a la obra como a su propia historia. “Claro”, “Es cierto”, “No me había dado cuenta”, se escuchaba entre el murmullo de muchos que se asomaban a los retratos del Rococó o a los paisajes impresionistas.

Y es que la experiencia frente a una obra de arte puede ser emocionante y placentera, pero muchas veces confusa y hasta frustrante cuando el espectador no logra descifrar aquello que el artista se propuso expresar a través de su pintura, escultura, etc. Algunos visitantes abandonan el recorrido; otros se acercan a los guías expertos –quienes lanzan el salvavidas retórico– o acuden a los catálogos o internet, en busca de posibles caminos que orienten el encuentro artístico.

En aquellas guiadas, fue evidente el resurgimiento de una de las cuestiones más debatidas por intelectuales de las artes, la sociología y la filosofía, desde que tuvo lugar el proceso de institucionalización del campo artístico en el siglo XVIII: la insoslayable relación entre arte y palabra. ¿Existe el arte sin lenguaje verbal? ¿Cómo opera el idioma en la creación y recepción artísticas? ¿Cuál es la intención y el sentido de darle voz a objetos mudos?

Ya desde el siglo II los griegos contaban con el término “écfrasis”, que supone la traducción verbal de una representación visual. Si bien algunos son partidarios de que la obra artística habla por sí sola y no estima un correlato lingüístico que la sustente, otros sostienen que la palabra en el arte es inevitable y, sobre todo, necesaria para construir marcos teóricos, caminos que ayuden y enriquezcan el abordaje de las piezas para su reflexión e interpretación que, de otro modo, sería imposible. “Hoy en día, sin una teoría que me acompañe, no puedo ver un cuadro”, sentenciaba —no sin ironía— Tom Wolfe en su texto La palabra pintada (1976). Y es que a partir del rumbo que tomaron las artes de vanguardia y, sobre todo, el rol protagónico que tuvieron críticos y expertos, hay quienes —como el propio Wolfe— comenzaron a observar un arte al servicio del texto. En pleno siglo XXI y con la diversificación de propuestas del arte contemporáneo, ¿cómo se da esta relación? ¿El arte necesita de palabras?

“Necesariamente, sí. Delante de una imagen, de una obra de arte, de teatro, etc., la primera instancia tiene que ver con los sentidos; pero para poder traducir lo que sentimos, tenemos que recurrir a la palabra: me gusta, no me gusta, me hace mal, me da placer, por ejemplo. Es decir, necesitamos la palabra como soporte”, cuenta Florencia Galesio, responsable del Área de Investigación del Museo Nacional de Bellas Artes. Y agrega: “En una instancia más profunda del estudio de las imágenes, la lengua también tiene que estar presente, ya que la necesitamos para poder abordar su complejo análisis: formal, material, iconológico, histórico cultural y social, para acercarnos más a su contexto y sentido. Es por eso que el idioma es indispensable: traducimos, indudablemente, aquellas operaciones en (y con) palabras”.

En el actual contexto de las prácticas artísticas contemporáneas, Galesio destaca aún más el carácter imprescindible de los textos de arte; sobre todo, por ejemplo, en el caso del arte abstracto o conceptual, cuya principal protagonista es la idea: “En estos casos, la referencia verbal es mucho más imperiosa, ya que esa idea se plasma, más allá de las imágenes, a través de las palabras. Entonces, hablamos de un complemento necesario, para poder comunicarlo y que mayor cantidad de público pueda llegar a entender, como en este caso, una pieza de arte conceptual”. Y, en relación con el rol actual de la crítica de artes, concluye: “Hoy, la relación entre la crítica y las artes visuales es fluida; en algunos casos, ríspida, pero siempre indispensable en el circuito del arte para marcar caminos, saber dónde se está parado, cómo seguir, cómo retroceder si es necesario, tender puentes —en varios niveles de interpretación y, luego, de comunicación—, en función de los posibles interlocutores para acercarlos a las distintas producciones”.

Por su parte, Laura Malosetti Costadoctora en Historia del Arte, Académica de Número de la Academia Nacional de Bellas Artes comenta: “Entre el arte y la palabra opera una mutua interacción desde el comienzo mismo del arte tal como lo entendemos en las sociedades modernas occidentales. Incluso lo anteceden: las relaciones entre palabra e imagen modularon, controlaron, orientaron desde la antigüedad la polisemia de las representaciones visuales”. Y opina: “Me gusta pensar que las palabras y las imágenes se atraviesan mutuamente y se transforman recíprocamente. Vemos de otro modo cuando la palabra alimenta nuestra mirada. Leemos o escuchamos de otra manera las palabras cuando las imágenes visuales se ubican en algún lugar entre ellas y nuestras imágenes mentales”.

Es cierto que la figura del crítico sustenta y aporta ciertas poéticas que también, a veces, son compartidas con los artistas, pero siempre en pos de convertirse en una suerte de traductor o intérprete de lo que sucede en la escena artística de su tiempo. Como sostiene Malosetti Costa, se trata de “programas comunes, pero desde roles bien diferenciados; el crítico de vanguardia fue quien se erigió en portavoz del grupo, sosteniendo en el discurso (y sobre todo en la prensa) sus valores y posiciones”.

Hoy, con las múltiples narrativas que propone el arte contemporáneo, la tarea del crítico parece más necesaria que nunca, en tanto guía, abordaje e interpretación de las construcciones de lenguajes. Al respecto, la especialista opina: “Hay en la escena contemporánea manifestaciones artísticas que hablan a los sentidos del espectador y otras que se dirigen más bien a su intelecto, apelan a un universo de saberes, conocimientos y códigos accesibles solo a una elite. Por eso las obras siempre tienen públicos diferenciados: hay obras creadas para impactar emocionalmente a grandes audiencias y otras que requieren operaciones intelectuales complejas para su desciframiento, con lo que ven reducido su alcance inmediato, aunque luego algunas de ellas se instalen en el horizonte de públicos más amplios. Aquí la palabra ‘crítica’ suele ser la intermediaria”.