En torno a Snowden, última película de Oliver Stone

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Por estas horas el realizador Oliver Stone presentó en el espacio del Festival de San Sebastián su última obra. Se trata de “Snowden“, un drama que refleja el perfil más personal de un “trabajador” de la CIA y de la Agencia de Seguridad Nacional, en síntesis: un espía al servicio del estado más poderoso del planeta, “buscado” y despreciado por muchos de sus conciudadanos.

Stone pretende atravesar la superficie del Snowden personaje (público) y dejarnos ver su “intimidad”. Snowden protagonizó (en la vida “real”) una de las filtraciones más “pesadas” de la historia de documentos sobre el espionaje del gobierno de los Estados Unidos a ciudadanos y autoridades de todo el mundo. (¿Recuerdan el “caso” del matrimonio Rosenberg (Julius y Ethel), asesinados mediante la silla eléctrica, un 19 de junio de 1953, acusados por el estado norteamericano de haber vendido secretos atómicos a la por entonces URSS?)

Stone aclara, una y otra vez, que su film es un drama y no un documental político…¿Un “drama político”?

“Edward Snowden dice que la privacidad es una de las cosas más importantes que tenemos desde el comienzo de la historia (…) pero en la actualidad todo parece propenso a ser invadido. No se habla mucho de la NSA abiertamente; desde 1952 tan sólo tres personas se han atrevido a decir una palabra de la Agencia públicamente”. (Una “agencia” que, según documentos filtrados por Snowden, tendría acceso, y accedería, a las conversaciones privadas de cualquier ciudadano del mundo.)

“Hoy en día estamos en un estado de vigilancia mucho peor que con la Stasi”, afirma Stone. “El mundo cibernético es muy peligroso, porque nadie sabe dónde empieza. La guerra cibernética de hoy es comparable a lo que fueron las bombas atómicas. Pero hoy no necesitas ser un Estado; un individuo en solitario puede hackear el Pentágono. La única forma de escapar de este caos es a través de la firma de tratados, como en la era atómica. El problema es que Estados Unidos no quiere firmar esos tratados”.

“El terrorismo es terrible, pero no es la cosa más terrible. Y cambiar todas las reglas en nombre del terrorismo es una medida extrema”

“Una de las cosas que los nazis dijeron en 1933 fue “estamos aquí para protegerlos”, así que si quieren protección (“seguridad”) necesitamos de la lealtad de

toda la nación.”(recordó Stone en la conferencia de prensa)

Y sobre el final…

“No soy muy optimista con el futuro. Sin ser demasiado oscuro, gane la señora Clinton o gane el señor Trump va a pasar algo, nos van a llevar por un camino pedregoso. Pero en ese camino podemos aprender a reflexionar mejor sobre las cosas, porque si no lo hacemos, Estados Unidos, interiormente, camina hacia la autodestrucción”.

Si me permiten…quiero cerrar (provisoriamente) estas reflexiones (¿apocalípticas?) con un texto muy poético y luminoso que me envió por estas horas una querida amiga (Adriana), nacida rosarina y que vive desde hace años en USA.

Pero mejor se los cuenta ella…

Hasta la próxima, leedores!

“Son las 5.35 del Jueves a la tarde. Vengo del supermercado escuchando la radio pública. La locutora anuncia que la noticia que van a dar contiene material que puede afectar la sensibilidad de los oyentes… Presto atención, no apago la radio Desde que no tengo televisión, vivo aislada, pero me llegan las noticias por la radio o por facebook. Sé que la policía ha matado a otro hombre, por el solo hecho de ser negro en un país paranoico, violento, racista que sostiene la supremacía blanca como bandera..

Otro hombre ha muerto…van 250 en lo que va del año.

Escucho la voz de la esposa de Keith Scott- escucho su desesperación, grabando “el procedimiento” con su celular para poder probar el abuso….No le disparen, no tiene un arma, es su medicina, no le disparen”… Se escuchan las voces de los policías, totalmente alterados, fuera de ellos mismos, sin ningún tipo de control salvo el que le dan sus armas… “no le disparen” y la esposa de Scott no ruega, exige… cuando los disparos terminan con la vida de su compañero, del padre de su hijo, que como todas las tardes, estaba estacionado en el espacio dedicado a los visitantes de un complejo de departamentos en Charlotte. “Le dispararon? Le dispararon? grita su mujer… Ahora dejo de manejar, estaciono el auto… veo mi cuerpo que se convulsiona en un llanto que no es el de la pena ni el de la nostalgia sino el de la desesperación…

Miro por la ventanilla de mi auto y todo está igual, todo sigue. En el barrio de los blancos,, todo sigue. Vivir en ghettos tiene esa ventaja y por eso Trump ofrece una pared a sus votantes… Una pared que deje del otro lado a los pobres, a los negros, a los latinos, a los que piensan, a los que discuten el sistema, a los que cuestionan…

Mañana iré a trabajar y no podré contar de mi llanto en el auto por la desesperación de vivir en un país donde la ley es criminal.

Vivo acá desde hace 27 años y he aprendido a callar..He aprendido que los “americanos” no quieren escuchar historias tristes…he aprendido que en los trabajos no se habla de política y que política es todo, por eso no se habla…

Sé que en media hora seguiré manejando…bajaré las bolsas del super…le daré un beso a mi hijo y sin entender por qué a mi no, seguiré viviendo como el resto de los blancos y los no tan negros…a la sombra del sistema.

En Snowden, la última película de Oliver Stone, el protagonista dice “el terrorismo es una excusa, la verdadera razón por la que matamos, por la que estamos en guerra, es por conservar la soberanía económica de nuestro imperio”.

Son muy pocos los que como Snowden se animan a romper filas con el sistema…son tan pocos que no alcanzan para poder dejar de llorar y sentir que la muerte, la verdadera, es seguir vivos de espaldas a la injusticia y al odio. Ser cómplices por inacción de este perverso sistema.”

(Por un instante casi decido “prestigiar” el presente texto con una frase de Bertolt Brecht…pero pienso y siento que…no hace falta)