Grada Kilomba en la #32Bienal #incertezaviva

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Escritora, artista visual, teórica, activista, extradisciplinar absoluta, Grada Kilomba (1968, Lisboa, vive en Berlín), es una de las pequeñas perlas de esta Bienal, donde presenta The Desire Project (2015-2016), una video instalación dividida en tres partes: While I Speak, While I Write and While I Walk (Mientras hablo, mientras escribo, mientras camino).

La propuesta tiene dos partes: un sala donde se proyectan tres videos en tres pantallas, y adelante, una suerte de zaguán con un altar donde la protagonista es la esclava Anastacia, figura popular muy venerada en Brasil, santa no reconocida.

Escrava_Anastacia

La imagen en toda la carga de su contradicción que constela la subjetividad hasta lo infinito, está rodeada por un collar, y debajo hay una mesa con objetos: un cuenco, más collares una vela, un vaso de agua, una pipa…

instalacion gda

Allí la teórica nos presenta su primer texto, que traducimos completo aquí:

“En la sala de estar de la casa de mi abuela, había una imagen de la Escrava Anastácia encima del sofá, del lado izquierdo de la pared. Cada viernes le prendíamos una vela, le poníamos una flor blanca, un vaso de agua limpia y un tazón de café sin azúcar Mi abuela solía contarme cómo la Escrava Anastácia fue encarcelada dentro de una máscara por decir palabras de emancipación durante la esclavitud, y yo siempre lo recuerdo.
Lo recuerdo porque he memorizado esta historia. No la puedo olvidar. El pasado colonoal es memorizado de un modo tal que se es incapaz de olvidarlo. A veces, una preferíría no recordar. Pero, la teoría de la memoria es en realidad una teoría sobre el olvido. Simplemente no se puede olvidar y no  se puede evitar recordar.
La máscara es una pieza bien concreta, un instrumento real, que se convirtió en una parte del proyecto colonial europeo durante cientos de años. Estaba compuesta de un mordillo colocado dentro de la boca de la persona negra, sujeto entre la lengua y la mandíbula, y fijado detrás de la cabeza con dos cintas: una alrededor de la barbilla y la otra alrededor de la nariz y la frente.
La máscara fue empleada por los amos blancos para evitar que los esclavizados* comieran caña de azúcar y granos de cacao mientras trabajaban en las plantaciones, así como para prevenir que comieran basura, una práctica común para suicidarse y escapar de los horrores de la esclavitud, pero su función primaria era evitar que los esclavizados africanos hablaran, implementando un sentido de castigo y silencio, temor y mudez.
Este escenario violento, que no se puede olvidar y que todavía recordamos, provoca algunas preguntas: ¿quién puede hablar? ¿y quién no? ¿por qué la boca de los sujetos negros debe ser pegada? ¿por qué ella, él, eso o ellos se vuelven silenciosos? ¿qué diría el sujeto negro si su boca no estuviera sellada? y ¿qué es lo que el sujeto blanco tiene que escuchar?.
Grada Kilomba.
*esclavizado (enslaved) y no esclavo (slave). “Esclavizado” recuerda el proceso de deshumanización contra los individuos; “esclavo” recuerda el estado de deshumanización como una identidad natural de esos individuos.

Con esta explicación y la sensibilidad de un relato tan íntimo y amplio a la vez, tan de micro y de macro afectos, que sin dudas nos afecta corporalmente, pasamos a ver los videos.

En la sala interior, tres puertas, tres bancos y tres paredes nos invitan, cuando menos, a descolocarnos. Este desmarque en la corporalidad de la lectura es clave, porque no hay una apreciación centralizada, como no hay una pantalla única. Lo que veremos requiere que movamos la cabeza una y otra vez, dirigiendo nuestra mirada a los distintos textos, que, dato no menor, sin dudas, se presentan en las dos grandes lenguas del esclavizador: el inglés y el portugués. A la manera del teatro clásico, el texto que leeremos en un escueto y contundente blanco sobre negro (!!!!!!!!), tipografía de máquina de escribir courier new, se estructura en tres actos, y nos recuerda uno de los problemas nodales de la posibilidad de existencia de un proceso decolonizador: la escritura que puede anclar otro pensamiento es siempre textualidad, es decir, regla, proceso de racionalización, gramática, cárcel, una vez más. Sin embargo, poetas y teóricos -que al fin y al cabo en la constelación de las luchas, pueden llegar a ser lo mismo- escriben.

So, why do I write? podría ser la pregunta que atraviesa a cualquier teórico, a cualquier literato, a cualquier artista. La pregunta madre, previa, que ya es decolonizante de por sí, deconstructiva de una genealogía del poder. Tan actual y tan clásica, en tanto, retoma lo que ya se plantearon los escritores comprometidos de la negritud, de los pobres de la tierra, de la miseria europea ante las rebeliones africanas. Pero con el cruce, extradisciplinar, potente y vivo, de otras esclavitudes de la misma matriz patriarcal, las de género. Y en la era de la disolución de toda tipología productora de pensamiento, que el gesto teórico mayor sea producir una imagen, es un lujo que tiene que hacernos sentir que la lucha es por los medios, por las formas, y por un nuevo reparto de la sensibilidad.

Políticas del roce, decimos, políticas del goce también, cómo encontrarnos en la enunciación abierta e incierta de esta Bienal, de este mercado, que parece tan retrógrado, al mismo tiempo, de este intercambio, desde la intuición y la forma múltiple y simultánea, precisa y diseminada, de nuestra propia memoria.

Ver uno de los videos de la instalación: