Las maravillas

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Escrita y dirigida por Alice Rohrwacher (Fiesole, Italia, 1982), Le Meraviglie es una coproducción realizada entre Italia, Suiza y Alemania que despierta mucho amor en el público y que ya ha ganado el Gran Premio de Jurado en Cannes 2014.  Excepto los padres, protagonizados por la hermana de la directora, Alba Rohrwacher y por un bailarín de profesión, Sam Louwyck, y la participación de Monica Belluci, los actores no son profesionales, siguiendo una pauta de trabajo que se impone en cuanto a conformar elencos mixtos.

La historia alude a temas muy actuales. Una familia ensamblada, formada por un matrimonio, sus cuatro hijas y una amiga de la familia, tiene, perdida en una zona indefinida de la Umbria, en el centro de Italia, una casa granja, micro emprendimiento dedicado a la explotación no agresiva de miel de abejas. Dos hechos transforman la vida de estos integrantes, que será a su vez rito de iniciación para la mayor de las hijas, a quien los padres le ponen un nombre cinéfilo y  sugestivo: Gelsomina.

En la vida doméstica marcada por una economía precaria irrumpe un personaje, Martín, carne de reformatorio que es dado a la granja como modo de ser salvado de la internación, cambiando con la familia aprendizaje de un oficio (“reeducación”) a cambio de dinero, muy necesario para sostener el proyecto. El otro hecho, la participación en un concurso mediático de agroturismo, que seduce como posibilidad de progreso, dinero y cambio de vida.

¿Cómo se estructura el relato?  Con dos magníficos planos, apertura y cierre, contraste noche y día, que enmarcan fantasmalmente a la casa donde transcurre la vida, poética de los objetos, de las paredes, del lleno/vacío. Con un uso muy simbólico del idioma y los lenguajes (los personajes usan tres: francés, italiano, alemán) y aquí hay que prestarle atención a una diferencia clave que ordena ese micromundo, donde los hombres o no hablan (Martín) o gritan porque no poseen completamente ninguno (el padre), y no poseer lengua propia es estar arrojado a un estado de crispación y sensación de desmedro. Con un juego pasado presente continuado a partir del espacio, común, la casa. Con una historia muy bella, de niñas inocentes, padres doloridos por la vida, amores familiares desmesurados y regalos estrambóticos, como un camello. Y con una permanencia de miradas, de paisajes, de objetos increíblemente bellos,, como la miel, marca de la cultura, pacto con el animal, materia sensible y protectora, que parece marcar un allí y un aquí para esa familia que sin dudas resiste, en un mundo donde la depredación convierte lo rural en una añoranza bucólica y utópica.

Bella y también un poco triste, Le Meraviglie es una película que queda activa por su apelación a nuestra sensibilidad y que se recomienda ver porque trae otros mundos. Colabora a pensar su contexto global, desde un cine italiano contemporáneo y vivo que produce desde el desencanto pero también desde la voluntad de hacer.

Esta crítica se publicó originalmente en BAFICI 2015