Descenso

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Para quien vio Sudado es imposible entrar a Descenso sin ese intertexto. Algo de una búsqueda estética prolongada en el tiempo funciona como clave de lectura. Algunos elementos fundamentales (quizá fundacionales de la Compañía Sudado) se repiten aquí para direccionarse luego hacia su novedad. Así, cierta preponderancia de lo corporal y de la exploración de los sentidos, un anclaje en el presente de la escena que recorta un momento puntual y único en la vida de los personajes, una temática a contrapelo de los lugares comunes (nada de familias disfuncionales aunque la familia los ronde como una amenaza), un título que desconcierta y abre posibilidades de interpretación, la generación de potentes climas de tensión en los que la entrada del humor afloja un poco el ahogo provocado en la platea, son algunas de las aristas que, creemos, funcionan como continuidad.

Ahora bien, Descenso es una obra nueva, un nuevo camino que llevó dos años de investigación y trabajo. Y eso se nota en la intensidad con la que los actores pueblan la escena, ese instante único y revelador que no se repetirá jamás. Es aquí. Es ahora. Es la tarde final de un secuestro extorsivo. Los ejecutores deciden qué hacer y cómo seguir. Respiramos la violencia de los vínculos, la pesadez del aire. Todo está ahí, muy cerca: los cuerpos golpeados y ensangrentados, los gritos, el olor a pollo. Sin embargo, hay mucho oculto: las columnas que intervienen el espacio escénico permite que los actores jueguen un poco a las escondidas, lo que ocurre en el fondo es casi inaudible, algunos diálogos se superponen, otros se cortan y uno va captando lo que puede para armar, por fin, ese rompecabezas imposible.

Todas las certezas son puestas en abismo. El espacio y el tiempo pierden su peso específico como datos tangibles de la realidad.  Sabemos (porque se nos informa de soslayo) que la escena ocurre el domingo 26 de junio de 2011 en algún lugar de Buenos Aires. En la escenografía podemos notar, de hecho, que han trascurrido las horas porque el lugar está poblado de residuos de cosas cargadas de un pasado no muy lejano. Pero esos datos son menores, porque todo el tiempo y todo el espacio están concentrados en ese instante de revelación definitiva que da lugar a una instancia paradojal: si bien los personajes se nos presentan muy poco delineados (en el sentido de que sabemos muy poco de su pasado-sus nombres, sus supuestas profesiones y algunas relaciones y conflictos entre ellos- y nada de su futuro) tenemos la certeza que esa experiencia presente que están atravesando, les cambiará la vida, les dirá para siempre quiénes son.

Volvamos al comienzo, al título, a ese anclaje paratextual que condiciona o habilita varias lecturas. En principio, la condición extrema del drama nos ubica en el descenso a los infiernos de estos seres desgraciados y sin esperanzas. Pero la interpretación pega un volantazo al promediar la obra y se carga de otro sentido, más jocoso, casi burlón, que distiende de ese clima de opresión arrolladora.

No vaya a buscar una historia masticada, repetida, un cuentito que no dure, como suele decir Mauricio Kartun, más allá de la pizza o la milanesa del después de la función. Vaya y pregúntese qué le pasa a usted en el cuerpo. Por eso vale la pena ver Descenso.

Ficha técnica:

Actores: Melisa Hermida, Alberto Antonio Romero, Facundo Aquinos, Cristian Jensen y Facundo Livio Mejías Vestuario: Bárbara Zago Diseño de iluminación: Lucía Feijoó Escenografía: Ariel Vaccaro Diseño Sonoro: Eliseo Gómez Carrillo Diseño gráfico: Sebastian Roitter Fotografía: Estrella Herrera y Luz Soria Producción y Autoría: Cía Sudado Asistencia artística: Eliseo Gómez Carrillo Colaboración Dramatúrgica: Ignacio Bartolone Dirección: Jorge Eiro Funciones: Viernes a las 21 hs. Beckett Teatro, Guardia Vieja 3556, CABA.  El viernes 16 de septiembre la función será, por única vez, a las 20 hs.