Vomitar el progreso

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Cuando iba a la escuela, durante la trágica dictadura cívico militar jamás me atravesó un impulso de defenderla. La escuela estaba allí, fija, estática y firme, sentía que debía amoldar mi cuerpo a ella, adaptarme. Ella no era frágil era monumentalmente enorme y a la vez acogedora, la escuela estructuraba y contenía. Nada de ella era débil o estaba en riesgo de no estar más.

Sin embargo y en paralelo en aquellos años había un plan de ¨urbanización¨; de la mano de un discutible progreso se llevaron a cabo múltiples apropiaciones de casas y edificios para trazar las autopistas urbanas que cruzarían la ciudad de Buenos Aires.

Quedando inconclusa la traza de la AU3, por la que aún hoy casi 40 años más tarde persisten los conflictos x las tierras expropiadas. Quedando hogares vacíos, algunos a medio demoler, cuadras y trazados incompletos que fueron siendo ocupados x otros pobladores de manera precaria. Un complejo entramado social, económico y urbanístico que ha tenido varias etapas; que han resonado en los cuerpos de los que tuvieron que dejar sus hogares en pos de un progreso que nunca llegó.

Este último año conocí la escuela Isauro Arancibia, un proyecto de inclusión destinado a niños, jóvenes y adultos que habitaban la calle día y noche. La escuela funcionó en varios espacios hasta que en 2010 logró tener su propio edificio. Con el aporte del estado de la ciudad de Buenos Aires y el impulso y trabajo de todos los que allí ejercen algún rol ( alumnos-maestros) , lograron hacer una puesta en valor del edificio de Paseo Colón y Cochabamba. Mis visitas confirmaron que esa escuela no es igual a lo que había sido mi escuela, que el Isauro se pulsiono desde la necesidad de incluir a los que siempre han sido excluidos, de permitirles empoderarse con el proyecto que no solamente imparte una educación formal, sino que lo más importante que sucede allí es que es un espacio de formación integral en donde los participantes encuentran herramientas en arte y oficios concretos que transforman su existencia sustancialmente. El Isauro es de ellos, les pertenece y eso se vibra, se siente desde la calle hasta en cada aula o espacio de taller. Allí se cocina, se edita una revista, se construyen piezas textiles, etc; se practican otras formas que habitualmente las escuelas no ejercen, porque en el Isauro la escuela se corresponde a las problemáticas de los que nunca tuvieron nada y hoy la escuela lo es casi todo.

Pero el Isauro es frágil y ellos deben sostenerlo día a día, ya que paradojalmente mientras el viernes pasado se realizó un festival de inauguración del último tramo del edificio refraccionado, el mismo corre el riesgo de se expropiado y demolido a partir del proyecto del trazado del Metrobus sur.

¿De que modo se puede entender que un proyecto que tanto costó construir pueda ser demolido? ¿Cómo un Estado puede financiar paralelamente 2 acciones que se contraponen?
El Isauro necesita de ese edificio ya que es fundamental para seguir conteniendo y articulando acciones educativas, pero a la vez el Isauro no es solo un edificio, es un proyecto que incorpora, incluye y educa desde un lugar de pertenencia y participación comunitaria.

El festival que abrió las puestas de la escuela a la comunidad fue un acontecimiento que desbordó e invadió la calle Cochabamba, allí éramos muchxs los que fuimos participes de múltiples expresiones que excedían un acto escolar y se transformaron en expresiones comunales diversas. Entre ellas las expresiones artísticas que surgieron de los alumnos y de los que allí fuimos auto convocados a acompañar un proyecto del cual nos sentimos orgullosas.

El colectivo ¨Puntadas Ranquelas¨, propuso y concretó una acción que consistió en la recolección de prendas de manga larga que unieron x las mismas para abrazar simbólicamente el edificio. Los pulóveres 200 y remeras formaban en lo alto un cordón que marcaba de alguna forma un mensaje claro de defensa y en contra de que el edificio se derrumbado.

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Paralelamente nuestro colectivo arteMA repartía en forma de fotocopias los testimonios que fueron recolectados de la acción que llevamos a cabo desde 2015, ¨Vomite todo aquí¨, en donde los participantes en distintas instancias precisas son invitados a escribir un testimonio feroz que emane de lo más profundo y que ya no puedan contener.
Dentro de la escuela se sucedieron múltiples expresiones de música, circo y acrobacia que dieron cuenta de un festejo que abraza e impulsa la resistencia.

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Desde la memoria de los cuerpos es que se resiste, se resiste porque el progreso que se impone, es en definitiva un retroceso para la escuela. Se resiste desde el arte y desde la alfabetización, se resiste desde cada espacio que entiende que no se puede ejercitar el planeamiento urbano sin tener en cuenta las particularidades de los que allí habitan. Esto no es una discusión que se plantea en torno a si Metrobus o Escuela , esta problemática merece una discusión más amplia en donde el supuesto progreso no este todo el tiempo condicionado por los mercados y por el contrario se aproxime a los ciudadanos.
Es por esto que el vienes abrazamos al Isauro y a la vez vomitamos, porque entendemos que la resistencia se construye con acciones y el Isauro es un símbolo de aquella resistencia que abraza y construye.