La otredad en The gauchos americanos, entrevista a Julián Mesri

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Tres gauchos luchan contra la deportación en un Estados Unidos imaginario, lo que da lugar a una reflexión acerca de qué es ser americano. Julián Mesri es el autor y director de The gauchos americanos. Es además actor y compositor, y vive desde los cuatro años en Nueva York, por lo que esta obra también se conecta con su propia experiencia.

En una charla con Leedor, Julián, nos cuenta acerca de cómo nació la idea de abordar un tema tan actual como el de la identidad.

¿Cómo nace la idea de la obra en una de las ediciones de Panorama Sur?

La obra nace en Panorama sur durante unos de los interminables almuerzos que solíamos tener después de nuestros seminarios dentro de un tenedor libre chino ahí por calle Corrientes. Es durante esos almuerzos que la conversación se entorna alrededor de la política y el teatro de nuestros países. Sin pensar refiero a la gente de mi país adoptivo como “americanos”, y una dramaturga amiga mía uruguaya me reta, preguntándome por que utilicé esa palabra para hablar de Estados Unidos cuando todo el continente es también America. Obvio, ya sabía eso, pero era dentro de ese reflejo que encontré la identidad de la obra, una identidad totalmente cruzada y atravesada por las fronteras y el lenguaje. El gaucho, mito nacional de la nostalgia argentina, se encuentra con el cowboy, mito de la conquista yanqui.

A partir de esa idea, ¿cómo siguieron los ensayos vía Skype?

Los ensayos de Skype surgieron de una necesidad. Por cuestiones de trabajo, no podía irme a Buenos Aires más que dos meses, y sabía que en Argentina las obras de teatro suelen tener procesos extendidos de formación. Quería que los actores ya estuvieran familiarizados con el texto antes de que llegara a Buenos Aires para ensayar. A medida que empezamos a ensayar a través de las computadoras, nos dimos cuenta de que el Skype nos presentaba ciertas limitaciones. No siempre andaba la conexión, se veía pésimo, y existía un espacio chico pero contundente entre el hablar y el recibir. Esa demora microscópica, junto a los problemas técnicos, le agregaron una capa más al desentendimiento que domina la obra. Cuando llegué a Buenos Aires, los actores ni tenían las líneas memorizadas, ni teníamos ninguna escena marcada, pero sí teníamos un conocimiento del uno al otro, y la obra ya vivía dentro de nosotros de forma confusa. Creo que fue esa confusión, producto de dos meses intensos de incubación la que nos ayudó lograr el sabor particular de caos que tiene la obra.

¿Pensaste la obra para ser representada en Buenos Aires ya desde su génesis?

Siempre me pareció una obra para Latinoamérica por lo imposible de traducir una obra que se trata de un idioma mítico tórpemente hablado. Pero viendo como los actores pudieron entrar al texto, creo que se debería presentar por toda América, especialmente México y Estados Unidos. Es una obra que habla de cruzar fronteras y lo cumple a través del mestizaje del lenguaje. Ahora se debería llevar al cabo por toda América, hasta que lleguemos al bordecito del norte de Canadá, barajo.

¿Qué lugar ocupan en tu obra temas como el ser extranjero, la otredad, la diversidad?

En la obra ser americano es estar siempre en un lugar de otredad, porque yo pienso que el mestizo americano es la creación de un ente dentro de otros dos. Cada americano que no viene de pura sangre indígena, tiene en la sangre un extranjero. Las Américas son producto de migraciones e invasiones, y nos representan siempre historias de gente que pierde terreno. Hasta el propio Martin Fierro, como una ficción fundadora de la patria, canta la historia de un hombre siempre en huida. La diversidad es una buena descripción del resultado de tanta mezcla extraña y extranjera. Lo que nos brinda en nuestra América la diversidad es de veras una diversidad multiple: diversidad de identidad, pero también de pensar, de hacer, de trabajar, de luchar.

¿Cuánto de tu propia experiencia hay en The gauchos americanos?

La obra utiliza mucho de mi propia identidad, porque yo mismo soy una persona atravesada por una frontera siendo blanco y latino, lo que a muchos yanquis les parecía contradictorio, al punto que me llamaban “latino-falso”. Soy también bastante torpe con ciertos elementos de argentinidad (sí sé hacer un buen mate, no como mi personaje Don Entorno, pobrecito, pero no sé andar a caballo, aunque llevo una parte de sangre de estanciero de Entre Ríos). Cuando cantan la canción “God Bless The USA”, en la televisión chica se muestra el mismo video-clip que me pusieron cuando me hice un ciudadano de los Estados Unidos y nos hicieron escuchar a todos esa canción delante de un juez. He puesto muchos de estos elementos biográficos en el imaginario de la obra, aunque mucho también es producto de la cultura popular y de la imaginación poética.

¿Cuál es el panorama del teatro latino en Estados Unidos?

Estados Unidos, y en particular Nueva York, cuna del capitalismo global, tiene un teatro bastante extenso, pero que existe en un mundo demasiado cerrado. Lo que me sorprende es que dentro del teatro mismo hay mundos cerrados entre sí. El mundo de teatro off que es el único que quizás se apróxima al comercial es casí completamente blanco y angloparlante. Lo “latino” de ese teatro se presenta casi en forma digerible para un público burgués blanco –una mezcla de culturas caribeñas y spanglish con abuelitas y frijoles, y chancletas y música salsa que no describen ni un trozo de lo que brinda Latinoamérica?. El teatro hispanohablante tiene un público muy leal, pero casi nunca atrae gente que no es latina, y tiende a tener ciertos gustos comerciales bastante cursis, aunque también hay grupos que están intentando cambiar eso. Eso no quiere decir que no haya artistas de descendencia latina en Estados Unidos que no estén en este momento creando teatro muy original y que trata de entender lo que es la experiencia del latino en Estados Unidos. Yo pienso a Estados Unidos como un país latinoamericano también. Hay culturas y estéticas de la diáspora que son originales, y hay teatros en Nueva York como IATI Theater, INTAR y Pregones que les ofrecen a dramaturgos y directores latinos un lugar para esa búsqueda de identidad.

The gauchos americanos se puede ver todos los lunes a las 21 en El Extranjero (Valentín Gómez 3378).