José Bento: la madera, muy presente en la 32Bienal #incertezaviva

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Hemos dicho en otras notas que estamos apuntando desde San Pablo durante el primer mes de esta Bienal edición 2016 que la madera es un elemento destacado en las propuestas, al punto tal que imprime su marca en la mezcla de olores que predominan en el Pabellón.

La Bienal funciona dentro del Pabellón Ciciclio Mararazzo, en el marco de este enorme parque que oxigena la populosa y agitada San Pablo, el Ibirapuera, de 158 hectáreas. Como es sabido, el proyecto que le dió la forma que hoy tiene es del gran arquitecto Oscar Niemeyer y su resolución paisajística, de otro no menos importante creador de espacios, Roberto Burle Marx. Niemeyer toma la comisión en 1951, un año fundante, ya que tuvo lugar la primera Bienal.

Esto que apuntamos de la presencia física y conceptual de la madera colabora con esa idea de armar continuidades entre el adentro y el afuera de la Bienal. Ibirapuera es un vocablo de origen tupí, y significa árbol podrido.

José Bento (1962, nacido en Salvador, Bahía, vive y trabaja en Belo Horizonte, Mina Gerais), es uno de los nombres que retoma hoy en el campo artístico local este amor por las maderas. En #incertezaviva presenta dos trabajos: Chao y Do pó ao pó.

En Chao (piso), ofrece una amplia superficie del pabellón cubierta por un piso flotante de parquet, realizado con tacos de madera provenientes de demoliciones. A la manera de una pasarela que corta transversalmente el segundo piso del pabellón, es paso obligado en el recorrido. Si bien se ve como una superficie pareja, algunos lugares presentan elasticidad y ceden, provocando cierto ilusionismo entre mirar y pisar. La participación del espectador pasa del tímido pisar al salto audaz, provocando una experiencia física -y sonora- que le suma corporalidades y sentido lúdico a la calma expositiva.

Una pequeña muestra aquí, en este video tomado en vivo:

Entonces, el piso de la Bienal se mueve en Chao, e impulsa, en algunos sectores, que el visitante busca, en un contraste mórbido/duro, firme/flexible, y en una pequeña escalada que hay que hacer, a la manera de una topografía sensible, natural y artificial, con elementos que tienen su historia y vienen de otros habitares.

En la planta baja y frente a la entrada, se encuentra Do povo ao povo, una instalación de 25 mesas portables similares a las que usan los vendedores en la calle, sobre las que se exhiben cajas de fósforos. Todo el material está clasificado por tipos de madera. Algunas cajas, abiertas, muestran el contenido, y el título alude a la frase católica Del polvo venimos y al polvo vamos, siendo la madera susceptible de ser ceniza. Conceptos como efímero, frágil, ceniza, transformación matérica, alquimia, etc, se disparan dentro de la plasticidad de la propuesta, que además dialoga con el impresionante trabajo de Frans Krajcberg, a pocos metros de este primer nivel, que en un no menos cruce de poéticas, repone árboles quemados a la manera de tótems o esculturas.