Océano, Adriana Barenstein

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Océano, dirigida por Adriana Barenstein, nos plantea una reflexión acerca de qué es arte. En esta obra, no es tan importante lo que se cuenta, la historia en sí misma, sino cómo se construye o, en otras palabras, como se presenta a los ojos del espectador como hecho estético.

Así como en la literatura la historia se transforma en relato a partir de la intervención del narrador, y del manejo del espacio y del tiempo –entre otros recursos–, en la obra teatral hay un dispositivo escénico que opera sobre la anécdota y la transforma frente a los ojos del espectador. Cuando esa transformación es otensible, cuando se revelan los mecanismos que hacen a la representación teatral, el público se siente directamente involucrado. Si como decía Gerard Genette, la obra de arte es “un artefacto con función estética”, exagerar la función estética nos obliga a plantearnos dónde están los límites del arte y qué papel jugamos los espectadores en esa construcción.

Al comienzo de Océano, dos personajes discuten sobre la obra en sí misma, sobre su puesta; nos muestran el antes, la preparación, y en ese mostrar nos están diciendo que todo lo que  pase a partir de ese momento será arte solo porque nosotros que lo observamos y ellos que lo producen convenimos en eso. Un video proyectado en una pantalla con grietas, actuaciones exageradas –como la de la italiana con su voz y sus movimientos de autómata–, los ruidos ambientales, el desplazamiento de los personajes en escena, el planteo acerca del arte conceptual, todo nos conduce a un cuestionamiento constante que sigue aun cuando la obra termina.

Interesante resulta entonces la propuesta la de Adriana Barenstein porque nos exige participar del hecho estético de manera más activa. “El espacio del océano escapa a los límites de su medición y en ese sentido desborda. Fluye y escapa por donde puede, por la tangente, en un torbellino, en una tormenta o por cualquier fuerza que logre esquivar la forma establecida. Siempre hay un excedente”, dice la autora, y es esta una acertada metáfora del arte que excede sus límites y que desborda hacia el espectador. Volviendo a la comparación del comienzo con el texto literario, es esto lo mismo que afirmaba Roland Barthes: “La unidad del texto no está en su origen, sino en su destino”.

Ficha artístico-técnica

Intérpretes Florencia Cima, Sergio Pletikosic y Mariana Bellotto (invitada); Diseño coreográfico: Barenstein /Cima / Pletikosic/ Bellotto; Música original y diseño sonoro: Juan Pablo Amato; Video: Daniel Bernasconi; Diseño de luces: Nico Lisera Vidal; Asistente de dirección: Sol Besoytaorube; Escenografía y vestuario: Barenstein /Cima/Pletikosic / Bellotto; Guión dramatúrgico y Dirección General: Adriana Barenstein; Diseño gráfico: Lía Parsons; Fotografía: Mariano Salomón

Dónde: Centro Cultural Borges; Dirección: Viamonte esquina San Martín; Experiencias en Escena; Sala: Norah Borges; Funciones: sábados a las 20.30; Entrada general: $120, Jubilados y estudiantes $100; Informes: 5555-5359