Niños del limbo

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Niños del limbo arremete contra ciertos lugares comunes que ligan la comicidad a lo banal y superficial, mientras que al drama le correspondería todo el poder de reflexión y todos los visos de profundidad. La obra se estructura como una clásica comedia de puertas con una serie de tópicos bien marcados: constante entrada y salida de personajes, el remate gracioso, el choque de elementos que contrastan(los terroristas en el taller literario, por ejemplo) y, sobre todo, el malentendido como motor y desencadenante de los sucesos. Pero una trama secreta (y no tanto) se entreteje en ese espacio tranquilo de la hilaridad. Es como si fuésemos corriendo velos, como si infinitas capas se nos fueran develando (incluso mucho después de terminada la función) y armaran un todo complejo y atractivo.

Niños del limbo es un mundo hiperbólico, casi inefable. ¿Se trata de una crítica a la clase media? ¿Es un policial? ¿Una comedia de enredos? ¿Una reflexión sobre la teatralidad? ¿Una hipótesis sobre el lugar del arte y la literatura? ¿Un torbellino metafísico? ¿Un chiste para las chicas de Puán? ¿Una guerra entre la literalidad del signo y sus posibles connotaciones? ¿Un tratado sobre las relaciones humanas? Sí a todo. En ese orden o en el orden que prefieran.  En ese aparente espacio virgen de realidad que es el departamento de Martina (la coordinadora del taller literario), donde reina la calma de las bondades literarias, se desata un dispositivo textual (y escénico) desquiciado que dispara en todas direcciones. Por eso, no hay un solo camino para entrar a un posible análisis, las puertas se abren pero no se cierran y las preguntas se multiplican.

La polisemia abruma pero nos detendremos en algunos aspectos destacados. En primer lugar, como en toda comedia, la obra pone en juego una determinada economía de saberes. El público es el que todo lo sabe. La risa circula mucho en ese conocimiento de lo que los personajes desconocen o conocen solo a medias. Es notable cómo funciona aquí esta distribución: Martina sabe cómo termina El agente secreto de Conrad pero desconoce que su comentario al pasar sobre este libro desató un plan insólito para volar El Planetario. Se le escapan además todas las peripecias que conlleva ese hecho y que se trasladan al living de su casa. Los falsos talleristas ignoran como termina la historia porque no la han leído y eso les impide prever cualquier futura contingencia. Es Leonel, el hijo autista de la tallerista Carmen, el que sabe todo, como el público, pero nadie le presta atención porque su discurso es inconexo y repetitivo. La circulación de saberes, entonces, articula el ritmo de la obra. Solo al final quizás la realidad se le presente a Martina como un saber totalizador y doloroso.

En segundo lugar, nos referiremos a la revelación del artificio. Por un lado, Leonel le suma a sus saberes otro distinto, de otro plano: sabe que están en una obra de teatro. Tira frases como “¿Cómo va todo? ¿Cómo va saliendo? Voy a compensar un poco el espacio por acá”, “No, no habla mucho porque no le dieron mucho parlamento” o “No, Carmen no está en esta escena. Está antes”. Esa conciencia de la representación genera complicidad con el espectador, a la vez que descoloca y propensa otros momentos de gran comicidad. Por otro lado, la escenografía nos proporciona un detalle inquietante. Todo es “verdadero” “real”: las tazas, la mesa, el baúl. Todo menos la biblioteca que se vislumbra construcción. Ese monumento del capital simbólico de la profesora en el que se sostiene su mundo se nos hace presente como cartón pintado.

Por último, hablaremos del lenguaje. En Niños del limbo se activa aquel enunciado que reza que las palabras nunca son inocentes. Lo que se dice no cae en saco roto sino que detona directamente en lo real. Mientras que algunas palabras son tomadas en su más grosera literalidad (así es posible que finalmente la realidad imite a la ficción) otras son mal interpretadas, mal leídas (Aunque a simple vista Diego, que casi no sabe leer, lee mal, la que peor lee- en el sentido más amplio y acabado del término- es Martina, la erudita).

Con todo, como aclara Andrea Garrote en la sinopsis de la obra, hay que repetir que Niños del limbo es una comedia, una de esas que son puro disfrute porque la risa no es porque sí, es risa que recae justo en nuestras propias torpezas, en nuestras propias vanidades.

 

Ficha Técnica:
Elenco: Amanda Busnelli, Andrea Garrote, Guillermo Jacubowicz, Alejandro Pérez, Javier Rodríguez, Mariano Sayavedra y Alejandro Zingman.
Música Original: Federico Marquestó.
Escenografía y diseño de luces: Pedro Piana y Santiago Badillo.
Vestuario: Romina Cariola.
Prensa y comunicación: Carolina Stegmayer y Gastón Filgueira Oria.
Asistencia de dirección: Lucila Pérez Lascano.
Dramaturgia y dirección: Andrea Garrote.

Funciones: sábados 20.30 hs en Espacio Callejón, Humahuaca 3759, CABA. ÚLTIMAS TRES FUNCIONES.