Alfred Jarry, precursor del dadaísmo, del surrealismo y del teatro del absurdo

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Dramaturgo y poeta francés (1873-1907), Alfred Jarry se destacó por sus obras de teatro de tono mordaz y por su estilo de vida excéntrico. Se lo considera el precursor del dadaísmo y del surrealismo.

Cuando tenía 15 años, escribió su primera obra, Ubu rey (1896), la que se interpretó por primera vez en el teatro de marionetas de Pierre Bonnard. Desde su estreno en teatro, se convirtió en una referencia clave para el surrealismo francés. En ella Jarry arremete contra la visión tradicional de la autoridad a través de la llegada al poder de un grotesco y pomposo rey, Ubu, y su esposa, Madre Ubu, que simbolizan la codicia, la ignorancia y las actitudes burguesas. Esta farsa, cuya presentación provocó un auténtico escándalo, está considerada, además, como la primera obra del teatro del absurdo; Jarry realizó después dos secuelas sobre el mismo tema, y escribió también poesía simbolista y una novela surrealista, El supermacho (1902).

Póstumamente apareció Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico (1911), el libro capital de la patafísica, disciplina de la que ya había anticipado características en diversas publicaciones, y que se convirtió en un culto de minorías tras su muerte. La patafísica, “ciencia de las soluciones imaginarias”, se ocupa de las excepciones en lugar de establecer reglas.

Ubu rey (fragmento)

ACTO PRIMERO
Escena I
PADRE UBU, MADRE UBU.

PADRE UBU – ¡Mierdra!
MADRE UBU – ¡Oh! Mira qué bonito, Padre Ubu, sois un grandísimo gamberro.
PADRE UBU – ¡No me hagáis acojjotaros, Madre Ubu!
MADRE UBU – No es a mí, Padre Ubu, sino a otro al que habría que asesinar.
PADRE UBU – De por mi velón verde, no lo entiendo.
MADRE UBU – ¿Cómo, Padre Ubu, estáis contento con vuestra suerte?
PADRE UBU – De por mi velón verde, mierdra, señora, ciertamente que sí, estoy contento. Y con menos se estaría: capitán de dragones, oficial de confianza del rey Venceslas, condecorado con la orden del Águila Roja de Polonia y antiguo rey de Aragón, ¿qué más queréis?
MADRE UBU – ¡Cómo! ¿Después de haber sido rey de Aragón os contentáis conduciendo a las revistas a una cincuentena de matachines armados con machetes, cuando podríais hacer suceder en vuestro frascuelo la corona de Polonia a la de Aragón?
PADRE UBU – ¡Ah! Madre Ubu, no entiendo nada de lo que dices.
MADRE UBU – ¡Eres tan burro!
PADRE UBU – De por mi velón verde, el rey Venceslas está aún bien vivo; y admitiendo incluso que muera, ¿no tiene acaso legiones de hijos?
MADRE UBU – ¿Quién te impide degollar a toda la familia y ponerte en su lugar?
PADRE UBU – ¡Ah! Madre Ubu, me estáis injuriando y pronto se os hará pasar por la cacerola.
MADRE UBU – ¡Eh! Pobre desgraciado, si yo pasara por la cacerola, ¿quién te remendaría la culera del pantalón?
PADRE UBU – ¡Realmente! ¿Y qué más? ¿Es que no tengo un culo como los demás?
MADRE UBU – Si estuviera en tu lugar querría instalar ese culo en un trono. Podrías aumentar indefinidamente tus riquezas, comer muy a menudo morcilla y rodar en carroza por las calles.
PADRE UBU – Si fuera rey me haría construir una gran capellina como la que tenía en Aragón y que esos bribones de españoles me robaron imprudentemente.
MADRE UBU – También podrías procurarte un paraguas y un amplio chubasquero que te llegaría hasta los talones.
PADRE UBU – ¡Ah! Cedo a la tentación. Pajarraco de mierdra, mierdra de pajarraco, si alguna vez me lo encuentro en alguna esquina pasará un mal rato.
MADRE UBU – ¡Ah! Bien Padre Ubu, hete aquí convertido en un verdadero hombre.
PADRE UBU – ¡Oh, no! Yo, capitán de dragones, degollar al rey de Polonia. iAntes morir!
MADRE UBU (aparte) – ¡Oh! ¡Mierdra! (Alto.) ¿Así pues, vas a continuar de pordiosero, igual que una rata, Padre Ubu?
PADRE UBU – Voto a, de por mi velón verde, prefiero ser pordiosero como una rata flaca y valiente que rico como un malvado y gordo gato.
MADRE UBU – ¿Y la capellina? ¿Y el paraguas? ¿Y el amplio chubasquero?
PADRE UBU – ¿Y después qué más da, Madre Ubu?
Se va golpeando la puerta.
MADRE UBU (sola) – Jodre, mierdra, se ha resistido a la descarga, pero Jodre, mierdra, sin embargo creo haberle resquebrajado. Gracias a Dios y a mí misma, quizás en ocho días sea reina de Polonia.

Escena II
La escena representa una estancia de la casa del Padre Ubu donde se encuentra preparada una espléndida mesa.
PADRE UBU, MADRE UBU.

MADRE UBU – ¡Eh! Nuestros invitados se retrasan mucho.
PADRE UBU – Sí, de por mi velón verde. Me muero de hambre. Madre Ubu, estás bien fea hoy. ¿Será porque recibimos gente?
MADRE UBU (encogiéndose de hombros.) – Mierdra.
PADRE UBU (agarrando un pollo asado) – ¡Mira! Tengo hambre. Voy a morder este pájaro. Es un pollo, creo. No está malo.
MADRE UBU – ¿Qué haces desgraciado? ¿Qué van a comer nuestros invitados?
PADRE UBU – Ya tendrán bastante, ya. No tocaré nada más. Madre Ubu, ve pues a la ventana a ver si nuestros invitados llegan.
MADRE UBU (yendo.) – No veo nada.
Mientras tanto, el Padre Ubu hurta una rodaja de ternera.
MADRE UBU – ¡Ah! He aquí al capitán Bordure y a sus partidarios que llegan. ¿Qué estás comiendo, Padre Ubu?
PADRE UBU – Nada, un poco de ternera.
MADRE UBU – ¡Ah! ¡La ternera, la ternera, la ternera! ¡Se ha comido la ternera! ¡Socorro!
PADRE UBU – ¡De por mi velón verde, te voy a arrancar los ojos!
Se abre la puerta.