Sangre en la boca

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Un paso atrás en la carrera del eficaz realizador de interesantes documentales y la anterior “El campo

Hernán Belón dirigió varios cortos y documentales (“El tango de mi vida”, “Sofía cumple 100 años”, “Beirut-Buenos Aires-Beirut”) antes de pasar a los largometrajes de ficción. Se recuerda “El campo”, el primero que participara en la Competencia Latinoamericana del Festival de Mar del Plata, con finas actuaciones de Dolores Fonzi y Leonardo Sbaraglia.

Este último actor vuelve a ser convocado por Belón en “Sangre en la boca”, su más reciente opus donde compone a un boxeador algo veterano a quien se ve en las primeras escenas defendiendo su título de campeón sudamericano en sangriento combate como lo insinúa el nombre del film.

Pero la “sangre” del título no se limita a la que brota de su boca en dicho combate, como se verá más adelante cuando Ramón Alvia, tal el nombre del campeón apodado “Tigre”, conozca en el gimnasio a Déborah, una joven e infartante misionera de veinte años. Ella se entrena para lograr ingresar en el mundo del boxeo y Ramón caerá prendado en la belleza y el atractivo de la joven Eva de Dominici.

Pese a la cuidada fotografía de Guillermo Nieto tanto en las escenas de boxeo como en las de fuerte contenido erótico y a la buena interpretación de la actriz virtualmente debutante (en cine), hay cierta previsibilidad en la trama a la que no ayuda la otra historia del boxeador. Casado con una mujer italiana (la desconocida Erica Bianchi) lo que explica la coproducción con su país de origen, pero no la justifica, es además padre de dos hijos (el mayor, nieto de Luis Alberto Spinetta) a quienes descuida especialmente a partir del momento en que empieza a frecuentar a Déborah.

En verdad a Sbaraglia le ha tocado interpretar a un personaje antipático (no era mejor persona el de “Relatos salvajes”) y poco carismático, siendo un acierto el remate de la historia que concluye en el momento justo. Quizás pueda echarse en cara, no a al actor sino a la producción, que su físico no parece corresponder totalmente al de un boxeador profesional, pese a los tatuajes que se le han adosado a su cuerpo.

En roles secundarios no deslucen ni Claudio Rissi como su entrenador ni Osmar Nuñez como su “sponsor” y espurio candidato a intendente de una conocida localidad cercana a la Ciudad de Buenos Aires. Y también es acertada la inclusión de varios boxeadores profesionales que en parte compensa cierta irrealidad en el personaje, que normalmente interpreta con convicción un buen actor como Leonardo Sbaraglia.