Un charco inútil, David Desola

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Vivir en el engaño es nuestra condición natural, leemos en una novela de Javier Marías. Necesitamos de dosis de ficción, quizás estamos hechos en igual medida de lo que fue y de lo que pudo ser. Todos vivimos parcial pero permanentemente engañados o bien engañando, contando unas partes y ocultando otras, él mismo dijo en un discurso. Estas palabras son más que oportunas al encontrarnos con esta brillante obra del dramaturgo español David Desola, ganadora del premio Lope de Vega, que por estos días cuenta con una puesta en El Tinglado.

Porque nadie es lo que dice ser, y algunos creen que son lo que no son. “No sabemos cómo nos ven los demás, y todos nos sentimos investigados, escudriñados y juzgados a los ojos del resto” afirmó Desola en una entrevista. El ser humano es en esencia contradictorio.

Este charco inútil, un estanque artificial sin patos reflejará lo que cada uno quiera ver. Está congelado y su superficie parecería actuar como un espejo de la interioridad de cada personaje. Es un espacio que habla de los lugares que se construye a sí mismo el ser humano para sentirse más cómodo, protegido, pero que también, por su inutilidad termina incomodando. La figura de este profesor sin alumnos como un charco inútil es un hallazgo.

Oscar es un profesor frustrado que luego de sufrir un episodio donde fue víctima de violencia en las manos de un alumno y de verse humillado ante todos, decide retraerse, lo único que puede hacer es retroceder.  Cuando un viejo profesor suyo lo convoca para dar clases particulares a Diego, un chico misterioso cuya debilidad es lengua, parece que se abre una nueva oportunidad de dedicarse a la docencia. Y a partir de ahí se desata un fuerte vínculo con la madre del chico (Irene) y comienzan a suceder hechos extraños que en realidad dan cuenta de la extrañeza propia de las vidas de Oscar e Irene.

La obra se inspiró en hechos acontecidos a un profesor real. Las imágenes de violencia a un docente fueron comercializadas por las grandes cadenas televisivas españolas, agravando aún más el hecho con la mirada morbosa de una sociedad que consume este tipo de imágenes como si fueran las de un torneo deportivo. Uno puede pensar en este punto en la película Tesis, de Alejandro Amenábar. “¿Estamos todos locos? ¿Cómo puede saber uno si está loco cuando los que le rodean están tan locos como él? Somos una sociedad enferma y perversa”, destaca Desola.

Los actores Gustavo Bonfigli, Marisa Provenzano y Manuel Feito dan todo de sí para hacer de esta obra un hecho único, cautivante y conmovedor. Lo mismo puede decirse de un director como Matías Puricelli, que está en todos los detalles.

La figura del tren, un motivo recurrente en el texto, nos habla de movimiento, de dejar atrás las ataduras de un pasado y seguir adelante con la fuerza arrolladora de una locomotora. El charco, por su parte, simboliza eso que no podemos dejar atrás, los recuerdos parecen tener un olor que es el que desprende el agua al derretirse. Las ausencias cobran una presencia física y el final es por completo revelador; los engaños y autoengaños se vuelven transparentes para dar lugar a un momento epifánico.

La descripción del célebre Platero (un fragmento del clásico Platero y yo) como parte de una clase de lengua no resulta azarosa: “peludo y suave y tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro”. El contraste entre lo duro y lo blando se torna esencial  para entender a los personajes: ellos también parecen blandos y sin huesos, carecen de esa estructura necesaria para tolerar el dolor y se vuelven frágiles. Pero también, al ser blandos, pueden transformarse. Un charco inútil habita el terreno fértil de las analogías y las metáforas: su poder expresivo hace de esta experiencia teatral también una experiencia transformadora.

Ficha artístico-técnica

Escrita por David Desola. Protagonizada por Gustavo Bonfigli, Marisa Provenzano y Manuel Feito, con dirección de Matías Puricelli.

Todos los jueves a las 21.30 h se presenta en el Teatro El Tinglado, Mario Bravo 948. Entrada $230.- (Estudiantes y Jubilados $180.-) /Tels. – Informes: 4863-1188 //

Diseño de Escenografía: Darío Feal; Realización Escenográfica: Horacio del Marmol; Realización telón: TXD Internacional; Música: Fran Ruiz Barlet; Diseño de Luces: Caio Senicato;Vestuario: Andrea Saldivia; Diseño: Wilfredo Parra; Fotos de Gráfica: Gabriel Oscar Pérez; Asistente de Dirección: Gonzalo Cabalcabué;Asistente de Producción/Stage: Matías Mulet; Asistente de Escenografía: Florencia Gualdoni; Producción General: MarMan Producciones Independientes; Dirección: Matías Puricelli. Prensa: Silvina Pizarro