El teatro como un naufragio simbólico del que queda verdad y belleza, César Brie

0
0

César Brie estrena en la Argentina La voluntad (fragmentos para Simone Weil) y también pondrá en escena ¿Te duele?, Fui y El Paraíso Perdido. 

Actor, director, dramaturgo y escritor argentino, Brie vive y trabaja actualmente en Italia. Su trayectoria incluye haber ocupado y creado en Milán el primer centro social destinado al trabajo artístico en Italia, haber trabajado en el Grupo Farfa con  Iben Nagel Rasmussen del Odin Teatret de Dinamarca, y la fundación y dirección por 20 años del Teatro de los Andes en Bolivia.

Con mucho placer pudimos entrevistarlo y disfrutar de su mirada apasionada acerca del teatro y de la escritura.

¿Cómo definirías tu propia poética teatral? ¿Hay algo que vos consideres como el sello Brie?

Trato de escapar a los sellos, aunque es cierto que tengo un estilo personal del que lucho por liberarme de a poco, en la medida en que voy absorbiendo otras cosas. Yo soy siempre el mismo, pero yo cambio, me cambia la vida, los encuentros, las personas, las lecturas. Cada obra es un desafío que interroga todos los aspectos escénicos. Vivo el teatro como una composición de elementos que enfrento a veces por separado y a veces en modo unificado.  Los elementos de mi trabajo son varios: el actor, un tema o mundo que investigar, el espacio escénico entendido como espacio, lugar físico y como lugar metafórico, como umbral hacia otra cosa; los objetos, que son fundamentales, tomados en forma metonímica (la parte por el todo), la composición rítmica, la luz, el tipo de relación que se establecerá con el público, etc. Me gustan los teatros diferentes del mío, con presupuestos estéticos diferentes y lejanos de los míos. Me inspiran, me abren la cabeza a otros vuelos. Por eso creo, que a pesar de tener un “sello” como lo llamás, mi teatro cambia constantemente.

En cuanto a tu proceso creativo, ¿cómo nacen tus textos? ¿Hay algo en especial que te inspire o que sea el punto de partida de la escritura?

Mis textos nacen de diferentes maneras. A veces preceden el trabajo escénico, a veces lo acompañan y se interrogan mutuamente, a veces llegan luego de las imágenes escénicas. Para mí no vale mucho eso de “escribir un texto” como hace un dramaturgo convencional. Lo que vale es el ensamblaje entre el texto y la imagen, entre las acciones, las imágenes, las palabras, la música. A un cierto punto, el texto llega. A veces una imagen pide un texto y escribo dicho texto. Lo pruebo; si siento que no es exacto, vuelvo a escribirlo. Escucho a los actores que trabajan conmigo, qué sienten ellos, cómo se sienten diciendo esas palabras. He cambiado textos porque al actor no le parecían justos, hasta encontrar que esas palabras vibraran también en la persona que las interpretaba, no como intérprete sino como persona. Escribo poesía que dejo abandonada en computadoras y cuadernos y que un día regresan como frases para un personaje. Escribir no me cuesta. Creo que si me costara más mis textos serían mejores. Nunca tuve el problema de escribir textos que no se representaran. Siempre escribí para poner en escena. Y ahora que muchos me piden representar mis textos me siento raro, porque yo nunca los leí sino que los puse en escena y debo hacer un esfuerzo para pensarlos como textos, porque para mí están atados a la obra que puse en escena. Yo sé que quedan los textos y por lo tanto sé que de mí no va a quedar gran cosa. No porque mis textos sean malos, sino porque vibran en las puestas y nunca me ocupé de darles espacio de “literatura”. Debería hacerlo ahora que ando algo viejo, pero nunca tengo tiempo para eso.

¿Cuándo escribís, te imaginás también actuando alguno de los personajes de la obra? 

No me imagino actuando, aunque digo esos textos en voz alta. Cuando actúo, actúo; cuando escribo, escribo. Pero no ignoro, cuando escribo, que soy un actor, aunque trato de ignorar, cuando actúo, que soy un autor. Cuando actúo trato que el juicio del autor sobre ciertos textos no disminuya el rigor del actor. Hay cosas que escribí que ahora no me gustan, pero si las actúo, no permito a ese nuevo gusto del autor de influir sobre la actuación. En todo caso, registro eso y a la madrugada reescribo un viejo texto para que quede como lo quiero decir ahora.

Con relación a lo anterior, ¿cuánto condiciona el actor o el director al dramaturgo?

Tengo la suerte de poder decir mis textos, y eso me ayuda a depurarlos, a cambiarlos, a hacerlos lo más breves y concisos posibles. Ahora que voy a hacer ¿Te Duele?, una obra que escribí para otros actores, el trabajo actoral me llevó a cambiar la obra. Sentí, como actor, que el orden de las escenas debía ser otro y las cambié, corté, incluso quité algunas. El actor le dio una lección al autor y lo obligó a sintetizar.

Teniendo en cartel más de una obra al mismo tiempo, ¿qué preparación previa hacés para meterte en cada personaje?

No hago otra preparación que pasar el texto durante el día, y tratar de llegar concentrado y sereno al momento escénico. Los personajes son camisas que nos colocamos. Somos siempre nosotros que actuamos. Yo con los años he tratado de afinar un modo de estar en escena que sea transparente, honesto, que no trate de arrancar efectos en un público. Busco eso como actor prescindiendo del personaje que debo hacer. Luego tengo oficio, y ese oficio me guía para hacer las pausas justas, esperar un instante, dejar que estalle la risa y seguir luego con lo siguiente. Trabajo como actor en obras que son grotescas, donde humor y conmoción van de la mano, donde se ríe un instante antes de algo emocionante o conmovedor. Una obra de teatro, para mí, como actor, es un viaje y trato de viajar estando en cada lugar, cada puerto, cada paisaje, cada cita. Eso significa gobernar las emociones, dejarlas surgir, negarlas, detenerlas, darles el espacio efímero que deben tener y cambiar de ruta. Es divertido, es terapéutico, es maravilloso hacerlo. Una parte de mi registra lo que ese actor hace. Hay días que son maravillosos, en los que cada instante tiene el tono justo. A veces eso ocurre en un ensayo o con pocas personas o con la sala llena. Esos días se me quedan dentro. Como actor trabajo para que esos días se multipliquen. Cuando no aparece toda esa frescura, el oficio me lleva y me sostiene, y es también bello hacerlo. Me gusta pasar toda mi obra en una sala antes de hacerla frente al público, para sentir si la voz llega, si regresa algo , encontrar el tono justo que no es solo tuyo, sino también del lugar en que representás la obra.

Una de las virtudes que la crítica señala en La voluntad es tu capacidad de síntesis, ¿es esto algo que te proponés conscientemente?

Cuando tenía 11 años, mi madre, profesora de literatura comentaba con mi padre que ningún alumno (chicos de 17 años) había logrado sintetizar un cuento de Horacio Quiroga (“La miel silvestre”) en cinco oraciones. Yo murmuré: “Es facilísimo”, y mi padre, siempre severo y atento, me respondió: “Hacelo”. Lo hice en un minuto, aunque temblando, porque me sentía en falta (había dado un juicio casi despectivo). Lo sinteticé oralmente en 4 frases. Me sobró una. Mi padre me hizo escribirlas y guardó la hoja en su billetera. Siempre tuve ese poder de síntesis en el trabajo dramatúrgico que no tengo desgraciadamente cuando debo resolver temas organizativos. En las reducciones que hice de Iliada, Odisea, Los Hermanos Karamazov,  siempre logré sintetizar lo esencial, lo que a mí me parecía esencial. No sé si es una virtud, pero me resulta fácil. Creo que podría sobrevivir escribiendo las síntesis de los argumentos en las solapas de los libros.

Siguiendo con esta obra, ¿qué es lo que te atrajo de Simone Weil? ¿Qué viste en ella como personaje teatral?

Como personaje teatral nunca me lo planteé. Yo no me planteo sobre la “teatralidad” de algo, lo que hago es interesarme, coparme como dicen aquí con algo. Simone me poseyó su vida, sus escritos. Fui investigando algunos de esos escritos, y algunos momentos de su vida creando imágenes y trabajando duramente con los textos, porque debía traducir con palabras breves un pensamiento de una filósofa que ya de por sí es sintética. De Simone me atrajo su “sacrificio”, su querer pagar con su vida misma, la tragedia de una época. Me atrajo su honestidad. Ella vio el alma de su época, no se dejó engañar por el fácil rol asignado a los intelectuales en un país como Francia y pagó como persona cada acción que realizó. Desde el punto de vista del teatro, lo interesante fue cómo crear imágenes que mezcladas a las palabras volvieran radiante, transparente un pensamiento. Descubrí que es posible, que conceptos difíciles son iluminados por las imágenes y se vuelven diáfanos. Eso fue algo maravilloso en el proceso de creación de la obra, como si las palabras fueran iluminadas por otra luz que las volviera aún más claras.

Más allá de temas en común que podemos rastrear en estas tres obras que estás presentando, ¿cuáles son los lazos más profundos que las conectan? 

No lo sé. Cuando hacía La Voluntad, paré y le dije a la actriz con que trabajaba en Italia que debía hacer otra cosa. Y salió Fui como un torbellino en poco tiempo. Estaba dentro de mí y pulsaba, tuve que sacarlo afuera para poder proseguir con La Voluntad. ¿Te Duele? es una obra anterior que renació ahora, aunque el tema sigue siendo actual y urgente. Renació como rescate, el rescate de un trabajo que dejé a otros con quienes ya no tengo relación y volvió a mí en una relación creativa con una actriz que también es bailarina: Vera Dalla Pasqua. En las tres obras busco también la misma cosa: inquietar, conmover, sacudir a quienes están conmigo como espectadores alrededor y en ese espacio privilegiado que es la escena. Las obras que escribo y represento son un viaje para mí, pero deben ser sobre todo un viaje para los espectadores. Eso de algún modo es lo que deseo, que los testigos de la obra viajen conmigo. Soy el capitán del barco, pero el barco es una balsa y no debemos ir a la deriva sino a un naufragio simbólico donde las certezas se pierden, se gana en estupor, asombro y nos queda algo de verdad y de belleza.

La voluntad

Sala El Galpón de Guevara; Funciones: viernes de agosto y viernes 9 de septiembre a las 23 h; Dirección: Guevara 326, Chacarita; Informes: 4554-9877.

En Timbre 4; Funciones: martes 23 de agosto, 20.30 h y los martes 20 y 27 de septiembre, 20.30 h.

En Centro Cultural Recoleta; Funciones: sábados 20 y 27 de agosto,  19 h.

La voluntad-6 (1)

El paraíso perdido

Sala Santos 4040; Funciones: domingos de agosto, septiembre y octubre 17 h; Dirección: Santos Dumont 4040, Chacarita.

El paraíso pérdido 2

Fui

Sala Santos 4040; Funciones: domingos de agosto, septiembre y octubre 20.30 h (importante: el domingo 4 de septiembre no hay función); Última función: 23 de octubre.

ero fui flauta y niño b-Foto César Porto

¿Te duele?

Sala Santos 4040; Estreno para público y prensa: sábado 10 de septiembre a las 20.30 h; Funciones: sábados de septiembre y octubre a las  20.30 h; Última función: sábado 22 de octubre.

Te Duele 9bb