Stranger things: el asombro en primer lugar

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Transcurre 1983, un pueblo afectado raramente por cosas raras, se ve sorprendido un día por la desaparición de un niño, momento inicial y álgido de la serie. No hay secretos en esa introducción de Stranger Things: el espectador sabrá a lo largo de los capítulos, cómo es que fue esa desaparición (replicada luego por otras), no sabrá la causa ni quién o qué es el culpable, pero si sabrá cómo. Los personajes son ciegos en ese sentido,  la consecuente desesperación de la madre y la sospecha de un frustrado jefe de policia de que algo anda muy mal van a tomar la posta del punto de vista que se va a desplegar rapidamente en el resto de los personajes. Adultos disfuncionales o contaminados por un sistema que los “normaliza” (la familia de Nancy y Mike reunida alrededor de la mesa de las cenas impartiendo los valores de la clase media norteamericana: algo asi como un “That ’70s Show” de los 80, pero gris).

Las madres enloquecen (el pico más alto es un hit de los memes: la conversación entre Wynona Ryder y las luces del arbolito de Navidad debajo de una mesa) y su locura no le teme a nada. Los niños-adolescentes van tras sus mundos imaginarios, impulsados por los juegos de rol y de estrategia, o la literatura ficcional, y enfrentan a los “malos” sin tapujos, o monstruos que salen de las paredes de esas casas, algunas más precarias que otras. Adultos disfuncionales y niños responsables y autoconscientes. ¿Qué espectador no tendrá presente a Elliot escondiendo a “ET” en el placard en la escena en que Mike oculta a la andrógina Eleven también en su closet. Hablando de eso… las referencias cinematográficas, ampliamente citadas en muchas webs, apuntan también a estados sociales de aquella década: hablaba de androginia, hay que hablar también de rechazo por la diversidad sexual, Will, el propio Mike son “acusados” de homosexuales, en plena década de surgimiento del SIDA.

¿Eran eso los 80 en EEUU?: un mundo paranoico reconociendo que el enemigo está en el interior: un alien político que será el responsable de abrir la puerta al otro lado, al lado oscuro, un contra espejo que abrirá también el mundo. Un complot basado en experimentaciones con humanos desarrollando sus poderes parapsicológicos. El complot nos consuela, dice por algun lado Umberto Eco, nos dice que no somos culpables de nada.

En esa alternancia entre problemas sociales (la familia, la comunidad, la escuela), culturales (la primera vez en el sexo, la lectura de la ciencia ficción), políticos (el Estado como agente de complot), psicológicos (frustraciones, desamores, idealizaciones, etc) radica de algun modo el exito explosivo de la serie de los mellizos Matt y Ross Duffer, con un solo thriller en su filmografia: Escondido (2015).

Después de ver los 8 capitulos de la adictiva Stranger Things, nos llega a través de un twitter el siguiente gif

Asi termina esta nota. Hoy, en la post post historia, lo extraño no es más que otro artificio del que rapidamente nos aburriremos. Mientras tanto hay una serie en Netflix nos recuerda que todavía somos espectadores asombrables, aunque sea por un puñado de minutos.