Más allá de la historia oficial: Adrián Cabral y su San Martín en Ojos de tigre

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Una mirada diferente sobre San Martín y sobre su relación con Juan Bautista Cabral es el eje sobre el que se construye Ojos de tigre, la obra de Leonardo Castrosori que podemos ver todos los lunes en el teatro La Lunares.

Adrián Cabral y Adrián Cardoso componen dos personajes con mucha historia y enfrentan el desafío de relatar una historia conocida, aunque no siempre en todos sus detalles. En una charla con Adrián Cabral, este nos cuenta acerca de la obra y de la mirada que propone.

¿Qué tuviste en cuenta para componer el personaje de San Martín?

En primer lugar, mi composición está basada en una profunda admiración personal hacia el general. Siempre me inspiraron sus valores, su historia de vida y sus impresionantes proezas. Pero en este caso, para componer al San Martín que se ve en Ojos de Tigre, tuve mucho en cuenta sus dolores, físicos y emocionales. Este es un aspecto muy poco conocido sobre San Martín, y a mi entender, saber que hizo todo lo que hizo en la vida llevando a cuestas semejante sufrimiento, lo hace aún más grande. Mi intención es mostrar eso: al humano que sufre detrás del gran general que liberó América.

¿Cuál es la dificultad que implica abordar un personaje que es tan conocido por todos?

La primera dificultad es que San Martín es “el” personaje histórico, no solo por ser conocido por todos, sino por ser muy querido de forma unánime. Eso hace que la gente crea tener mayor conocimiento sobre la figura del prócer, y sinceramente, no creo que sea tan así.  La enorme mayoría de los aduladores del gran general, exceptuando a unos pocos fanáticos estudiosos, lo conocen básicamente por la historia que nos cuentan en la escuela pero esa historia oficial no hace mucho hincapié en los detalles, y es ahí donde reside justamente mi gran dificultad, porque como actor y director de teatro, quiero contar la historia con lujo de detalles y es a partir de ahí, desde donde hay que lograr que el público vea al prócer, al gran general y al libertador de América que dicen conocer muy bien, pero sin contarles la historia “que ya conocen”; por el contrario, lo que van a ver es a un hombre sensible que sufre, que sueña, que ama y que además, sospecha que es adoptado y vino a buscar su identidad. Esa es la gran dificultad: que el espectador se abra y vea a este “otro” San Martín. Estoy orgulloso y feliz de tener la posibilidad de mostrar una interpretación diferente del hombre más importante de la historia de América. Algunos dicen que es valiente de nuestra parte intentarlo, otros dicen que somos irrespetuosos por hacerlo. Y salvando las distancias, San Martín en su época también tenía las aguas divididas: unos decían que era valiente por pelear contra el imperio de corsarios que había saqueado estas tierras durante más de 300 años, y otros vociferaban que era un traidor que le faltaba el respeto a los “generosos reyes” españoles que le habían dado todo en la vida. ¿Quién tenía razón?

Entonces, es ahí donde estaría la originalidad del tratamiento del tema histórico en la obra.

La originalidad es algo tan subjetivo que podríamos pasar horas discutiendo sin ponernos de acuerdo nunca, pero entiendo que tu afirmación no es una invitación para la apertura de una discusión, así que me voy a remitir a contestar desde mi subjetividad y desde el contexto limitado de mi visión sobre esta obra en particular.

Al montar Ojos de Tigre, hemos decidido contar una historia diferente sobre la vida del prócer más querido de América, que no es la historia oficial y que dista bastante de esta, porque se basa en un mito sobre su identidad que dice, sin muchas pruebas concretas, que él era adoptado y que sus verdaderos padres eran el marino español Diego de Alvear –muy amigo de la familia San Martín– y Rosa Guarú, una criada de sangre guaraní que trabajaba en la casa que los San Martín tenían en Yapeyú. A partir de este mito, se crea una historia ficcional que muestra a un hombre confundido que decide volver a su tierra natal a comprobar si es cierto que su sangre es guaraní. En el medio de esta historia, se topa con el soldado Juan Cabral, que en efecto es de sangre guaraní, pero cuyo verdadero apellido no es Cabral; él fue adoptado por su patrón y se alistó en el ejército para escapar de la esclavitud que le impide casarse con su amada. Ojos de Tigre plantea que Juan y José son idénticos: Tienen la misma sangre, fueron adoptados por la fuerza y están aquí para encontrar su identidad. Cualquiera de los dos podría haber estado en la piel del otro, no fue así por esas cosas del destino. Se hacen amigos, y la vida los pone en la extrema situación de la guerra. En el campo de batalla, San Martín cae y está punto de ser aniquilado por los enemigos. En ese preciso momento, Cabral se pone adelante y da la vida para salvarlo. Ahora bien, para responder concretamente a tu pregunta, quisiera que tomemos el hecho de que Cabral muere de forma heroica en el campo de batalla de San Lorenzo. La historia oficial nos cuenta que el soldado Cabral dio la vida por su jefe San Martín “porque era su deber”. Nosotros decimos que Juan, sin pensarlo ni un segundo, le salvó la vida a su buen amigo José. Contamos que fue un acto de amor, que Cabral murió por amor y no “en el cumplimiento de su deber”. He aquí la originalidad del tratamiento del tema histórico, desde mi punto de vista.

¿Cómo ser da el cruce con Don Quijote y Sancho Panza?

Dentro de ésta historia hay una situación que es análoga con la de los personajes de Cervantes, pero San Martín y Cabral no interactúan con Don Quijote ni con Sancho Panza. Tampoco hacemos una referencia directa desde el texto, es algo más bien poético y de una irreverencia total con la figura de los militares “hechos y derechos” y con lo que desde siempre nos quisieron vender, hasta llegar al punto tal, de que seres despreciables como Videla o Massera digan orgullosos “Este es el ejército de San Martín”. Entonces queríamos romper con la imagen de que los militares son de una determinada forma y llevarlos al extremo del ridículo total, y ahí sí podemos decir que existe un “acercamiento ideológico” con Don Quijote, porque de alguna manera, Cervantes se burla de la figura de los caballeros con armadura de su época. De cualquier forma, nuestra intención no es poner en ridículo la figura de San Martín ni la de Cabral. Nuestra intención es contar la historia sin condicionamientos del tipo “los militares son de tal o cual forma”, “nunca harían esto o aquello”, “su ética les impide”, ¡bla!. No voy a revelar la situación porque los derechos de autor están reservados, pero los invito a que vean la obra y saquen sus propias conclusiones.

¿En lo personal, hay algún tipo de personaje o de obra que prefieras?

Mirá, a mí me gusta hacer teatro de texto, con dramaturgia, conflicto y una historia para contar. Con esto quiero decir que no soy amante de actuar ideas, ni del teatro-danza ni del teatro de vanguardia ni del teatro de objetos; en este sentido soy más “convencional”, si se quiere, pero sobre gustos…

Aclarado esto, te cuento que dentro del teatro que me gusta hacer, no tengo preferencia por ningún tipo de personaje ni de obra, estoy abierto a todos los materiales, pero a la hora de elegir me inclino por los que creo que pueden llegar a ser de una espectacularidad tal que logre conmover, no importa si es drama o comedia. El punto es hacer algo inusual, explosivo, emocionante y que el público salga modificado después de ver la obra. Eso me excita muchísimo, y por otro lado, me emociona hasta las lágrimas el hecho de poder hacer teatro, el saber que soy parte de un arte milenario, que generación tras generación, desde hace miles de años cuenta historias, por el solo hecho de contar historias.

¿Qué es lo que considerás que más atrapa a los espectadores de Ojos de Tigre?

Yo creo que Ojos de Tigre atrae porque cuenta otra cosa, muestra otras facetas casi completamente desconocidas sobre este hombre que es un ídolo máximo para muchas personas (yo incluido). Por otro lado, creo que el factor sorpresa ayuda muchísimo para que los espectadores se conecten y se identifiquen con el material. Me refiero a que el público no se espera un acercamiento tan grande con el prócer, y mucho menos se espera verlo proyectando su vulnerabilidad y sus sueños y sus dolores. Creo que popularmente se lo concibe como un ser todopoderoso y al verlo así tan cercano en la obra, se genera empatía también con el San Martín “humano”, porque una cosa no quita la otra. Quiero decir, que haya sufrido tanto y que sea cierto o no el mito sobre su identidad no le quita los laureles por los logros militares y políticos que nos regaló a todos los latinoamericanos; al contrario, lo hace aún más grandioso. Creo que Ojos de Tigre genera eso, la sensación de que San Martín es mucho más grande de lo que imaginábamos y esa sensación es maravillosa, sobre todo porque el espectador la vive, porque el teatro es eso, vivir un momento espectacular aquí y ahora, y luego ¡bum! Se terminó. Es así de efímero y hermoso.

Todos los  lunes a las 21; La Lunares – Humahuaca 4027; Teléfonos: 4867 3105

Web: http://www.lalunares.com.ar