Mi hijo sólo camina un poco más lento(II)

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 “Aquí la sangre/ aquí el beso roto, / aquí la torpe furia de dios/ medrando en mis huesos.” Susana Thénon

 

Hoy es domingo. Otro domingo. Pero quizá siga siendo un poco aquel domingo en el que vi (no sé si “ver” sea el verbo más apropiado) por segunda vez (la vería cien veces) Mi hijo sólo camina un poco más lento. La puesta es puro presente, puro aquí y ahora y, sin embargo, perdura en la memoria y en el cuerpo como marca indeleble de una experiencia única e inolvidable. La obra sigue (en cada quien) todo el resto del día ocioso, toda la semana o más. En ese sentido, se desdicen ciertas premisas arraigadas sobre el hecho escénico y no sólo la de la duración del espectáculo. Todo empieza antes, con los mates que ceban y ofrecen los actores, con las palabras y las muestras de afecto del director a su actriz octogenaria, con las miradas. Y nos sabemos cuándo termina, cuándo dejará de resonar en nosotros esa enigmática energía, tan perturbadora como verdadera y amorosa.

Hay otra marca de tiempo que se desarticula y tiene que ver con los horarios de las funciones. Ir al teatro a las once de la mañana con los rayos de sol colándose por el hermoso ventanal de Apacheta es un disloque que nos sorprende con la guardia baja, con el cuerpo (y la mente) no tan contaminada con los venenos cotidianos y más abierto a una percepción otra. Lo mismo, lo sentimos, pasa con el cuerpo, con los cuerpos de los actores.

Se trata de una pieza croata escrita por Ivor Martini? y la va de familias disfuncionales. Este último dato puede desalentar porque esa temática ha saturado los escenarios porteños durante muchos años. Pero no. Es otra cosa, en gran medida gracias a la mano cariñosa y singular de un director fuera de serie, que sigue sus impulsos y su propio camino. Guillermo Cacace escribe la obra (el bello e inquietante texto de Martini?) en el cuerpo, en nuestro cuerpo, en el cuerpo de los actores. Logra que la palabra nos traspase, nos haga vibrar, nos modifique. Los cuerpos circulan por el espacio (casi totalmente despojado si no fuera por unas cuantas sillas), corren, bailan, pelean, seducen, miran a los ojos y cada movimiento suspende un poco la estúpida máquina de pensar en el después para anclarse en el ahora de las sensaciones.

Cacace construye su puesta lejos del realismo, lejos de las soluciones fáciles y lejos de los lugares comunes. Recupera, a través de un narrador que enuncia las didascalias, un plus de belleza poética que de otro modo se perdería. Pero los actores no representan esas acotaciones sino que trabajan intensidades, expresiones faciales, miradas acuciantes. Ese desfasaje potencia el cruce y la tensión entre palabra y cuerpo.

Una vez le escuché decir a alguien la siguiente frase: “En el teatro lo importante es el otro”. Y algo de eso se nos hace presente cuando vemos en escena a estos actores, que son muchos, que son once. Cada uno tiene su momento, cada uno se luce y a la vez deja que el otro se luzca. Se entregan al otro y se necesitan. No gravitan alrededor  de nadie sino a favor del fuego sagrado, de la teatralidad en estado puro. Aunque visten equipos deportivos están desnudos, expuestos en toda su fragilidad. Como nosotros.

La versión porteña de Mi hijo sólo camina un poco más lento nació en el marco de la primera edición del Festival de Dramaturgia Europa +América que curó Matías Umpierrez y se realizó a fines del año pasado. Por otros compromisos asumidos, Cacace estuvo a punto de rechazar el proyecto pero, como si fuera un guiño del destino, leyó el texto y se enamoró. Todo lo demás es historia sabida o por saber, sueño cumplido y deseo hecho carne.

Recomendar es un arma de doble filo, un riesgo que a veces vale la pena correr. Vaya, no se va a arrepentir.

 

Ficha técnica

Dramaturgia: Ivor Martini?
Traducción:  Nikolina Zidek
Actúan: Aldo Alessandrini, Antonio Bax, Luis Blanco, Elsa Bloise, Paula Fernández Mbarak, Pilar Boyle, Clarisa Korovsky, Romina Padoan, Juan Andrés Romanazzi, Gonzalo San Millan, Juan Tupac Soler
Escenografía  y Vestuario: Alberto Albelda.
Diseño de luces: David Seldes
Asistencia de dirección: Julieta Abriola, Juan Andrés Romanazzi
Prensa: Carolina Alfonso
Arreglos musicales: Francisco Casares
Dirección: Guillermo Cacace

Funciones: Domingos a las 11.30 y 14 hs. Funciones especiales: Sábados y domingos a las 16 hs. Apacheta Sala Estudio, Pasco 623, CABA. Compra de entradas o reservas: http://www.alternativateatral.com/entradas33486-mi-hijo-solo-camina-un-poco-mas-lento?o=15