Que todo se detenga, Gonzalo Unamuno

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Germán Barajas piensa. Piensa mucho. Y en ese pensar, en ese monologar se agiganta dentro  del marco que lo contiene. Ese marco es, justamente, Que todo se detenga, novela escrita por Gonzalo Unamuno y editada en 2015 por Ed. Galerna.

A Germán lo encierran (como las paredes de su mono ambiente) los marcos del libro que a su vez es una novela en donde él piensa. Es una primera persona narradora que no deja lugar a nadie más que a sí mismo.

Cuando un personaje es tan grande y ocupa todo el centro de la atención narrativa sucede algo inevitable: el personaje es más importante que la historia, por lo tanto, no hay mucha historia que contar.

Unamuno, en este sentido, utiliza los recursos de la tan mentada “literatura del yo” que proliferó en estos últimos años, para que Germán Barajas se cuente a sí mismo. Se construye dentro de un mono ambiente, y en él no hace más que girar, drogarse, no bañarse y caer cada vez más en la inacción:Camino hasta la cocina. Meto la cabeza debajo del agua y me reincorporo.  El agua me cae por la espalda y me llega hasta el culo. Vuelvo al sofá. Pienso. Podría agarrar un Rivotril, desplomarme en la cama y buscar el sueño. Pero es posible que encuentre otro tipo de sueño, peligrosamente más profundo que el conveniente.

Esta novela se estructura en tres días: domingo, sábado y viernes, en ese orden.

Si estuviera ordenada cronológicamente presenciaríamos la caída, decadencia y último final de un personaje. En cambio, en ese orden inverso, podemos ver a Germán Barajas crecer, aumentar su figura, llegar hasta ese momento apoteósico en dónde despliega todo su pensamiento. Al anular de este modo la cronología, desarma el marco actancial y nos deja a solas con el crecimiento del personaje y su palabra.

El final es el esplendor de Germán Barajas. Se va de la novela en el punto más alto de sí mismo. En una especie de letanía a lo Allen Ginsberg en Howl, o monólogo poético que retrata una época de forma irónica. Podemos verlo crecer, agrandarse… y pensar. Su ego, su palabra, su enorme ego violento, despreciable, hiperbólico e inútil.

Mucho se ha hablado de esta novela como un reflejo de época. Lo que vemos aquí es una mirada hacia atrás. Una descripción subjetiva (¿acaso no toda descripción es subjetiva?) sobre los personajes juveniles de esta primera década del dosmil. Los mira a todos y los desprecia a todos, porque también los amó. Amó a todos y a la vez los despreció, porque él ya no cree, ya no está, ya no participa. Él se va de este mundo: …amé (antes de odiarlos) a los vendedores ambulantes, a los predicadores de basura, a los cuidacoches de los estadios, de los parates obligados del turismo; (…) a los que vieron Into The Wild y flashearon lo mismo  que el estúpido  ese que se fue a morir de frío a la nada misma, y hasta lo hablaron por teléfono con sus amistades buscando hacer su propia película salvaje y compraron el CD de la banda sonora que compuso Eddie Vedder, sí, a esos también los amé cuando me tocó hacerlo.

El trabajo literario, como podrá verse, de Unamuno es minucioso y detallista. Tiene una cadencia en el monologar que lo acerca, como ya dije, a lo poético. No por nada Unamuno es poeta, entre otras cosas. Este oficio de la recitación, de lo cadencial y oral se manifiesta en toda la narración.

Si están esperando una aventura barrial, llena de drogas y personajes oscuros, les anticipo que eso no va a suceder. Por otro lado, no hay identificación demasiado posible con Germán Barajas, ya que reúne en sí mismo todo lo negativo de alguien que pudo ser y no fue, de alguien que desprecia a todo el mundo.

A Que todo se detenga se entra para conocer a un personaje, conocerlo en su pensar, en su no accionar y en su esplendor decadente y final.

En estas páginas, en las últimas veinte páginas, Germán Barajas explota como una supernova en un universo nihilista que ya no tiene lugar para él. ¿O acaso los tiempos se repiten y tendrá ahora otra oportunidad de escupir su veneno sobre la realidad? Este contexto neoliberal actual que nos impulsa a descreer: ¿no es, acaso, el contexto justo para que Germán Barajas venga y nos escupa en la cara: Yo te avisé, pendejo, yo te avisé.

Gonzalo Unamuno nació en Buenos Aires, en 1985.

Es autor de los libros:

-De otra luz (Poesía 2007)

-El vermú de la gente bien (Cuentos 2009)

-Distancia que nadie ocupará (Poesía 2011)

-Acordes menores para Marión Cotillard (Novela, 2011)

-Que todo se detenga (Novela, 2015)