“Lo que importa es la respiración propia al empujar a los personajes al riesgo”, Ricardo Halac

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Por la gloria –todos los domingos y con dirección de Adrián Blancoes una de las tres obras en cartel de Ricardo Halac: un maestro, un grande de la dramaturgia argentina que sigue escribiendo con una “necesidad imperiosa de volcar una obra en papel y buscar un escenario”.

Halac ideó, junto con otros autores, Teatro Abierto, movimiento artístico y político contra la última dictadura militar. También se desempeñó como Director Nacional de Teatro, como director del Teatro Nacional Cervantes y como vicepresidente de Argentores. Publicó ensayos, dictó conferencias, escribió guiones para la televisión y el cine, e impartió cursos para formación de autores de teatro. Desde el 2000 dirige el Seminario de Dramaturgia de Argentores. Recibió numerosos premios y tiene seis volúmenes publicados con sus obras.

En esta oportunidad, tenemos el placer y el orgullo de charlar con un creador tan significativo, alguien que tanto hizo y hace por el teatro argentino.

ricardo halac

 ¿Qué lugar ocupa el fútbol dentro de su dramaturgia?

Un lugar tangencial. En Por la gloria, quise escribir “a partir de una imagen”, como se dice en la jerga teatral: qué le pasa a alguien en un segundo crucial de su vidas, como puede ser cuando está ante un pelotón y lo van a fusilar, o una mujer cuando ya está acostada y va a dar a luz. Elegí un delantero antes de patear un penal. Empecé a escribir y efectivamente, como lo sospechaba, cayeron las leyes de la realidad. La pelota de pronto se transformó en una mujer; la madre entró al campo de juego, el jugador subió a la platea a hablar con la novia, etcétera. Fue una experiencia sensacional.

Me comprendió muy bien el director, Adrián Blanco, que lo materializó con un elenco de lujo. Vale la pena ver el espectáculo.

¿Cómo surgió esta obra en especial? ¿Su mirada es la de un jugador o es más la mirada de un hincha?

La mía es la mirada de un ser humano que sufre y se alegra con sus personajes. Además, algunos de ellos viven en escena transformaciones. El jugador ve al árbitro como a su maestro, después como a su sargento del servicio militar, después como a un policía, después como a un juez que lo sanciona… ¿Nos acercamos a Kafka así, no?

¿Lee literatura sobre fútbol como la de Fontanarrosa o la de Sacheri?

Leí algunos cuentos de Fontanarrosa y de Soriano, que fue amigo mío. Maravillosos. Pero mi vínculo con el fútbol, que se remonta a mis 5 años, es el de un hincha fanático de River Plate. Lo veo hasta cuando juega con Deportivo Tachito. Además, fui un deportista toda mi vida. Me encantan los campos de juego, de cualquier juego.

Esta semana murió otro grande del teatro como fue Carlos Gorostiza y usted, además, compartió con él la experiencia de Teatro Abierto, ¿qué recuerdos tiene de esa época y de su relación con Gorostiza?

Era un hombre íntegro, y desarrolló en sus obras y sus hechos su ideario. Fue una figura clave de Teatro Abierto e hizo una muy buena gestión cultural durante el gobierno de Alfonsín. Sus obras se destacan por su estructura firme –tal vez el primer acto de El pan de la locura sea el mejor escrito del Río de la Plata–, y la cuestión ética sobresale en todos sus conflictos. El espectador es interpelado todo el tiempo por alguien que le pide compromiso con los demás.

¿Cuál es su balance del teatro actual en cuanto a público, a temas abordados o a importancia dentro de la cultura?

Primero de todo, en la ciudad de Buenos Aires hay que diferenciar el teatro comercial del llamado “alternativo”, heredero del independiente, en el que me formé como toda mi generación. El comercial no aporta nada creativo y sí dinero a la bolsa de los cuatro o cinco que manejan la así llamada calle Corrientes. No habría que olvidarse del teatro oficial, anodino, intrascendente, cuando no está cerrado por refacciones. Por lo tanto nos queda el off –así se lo llama también– donde las generaciones jóvenes de actores se prueban para ser después deglutidos por el comercial. Es fantástico el esfuerzo que ponen, la preparación permanente a la que se someten, y eso que con las dificultades del actual gobierno de encontrar un rumbo ha motivado la caída del poder adquisitivo, y el público merma de manera considerable y permanente. Igual, ¿son 100, 200 o 300 los espectáculos que se montan en el off cada fin de semana? Es único en el mundo. Y de esta vertiente nos nutrimos también los autores, que antes de la dictadura última teníamos un lugar en las grandes salas y ahora lo perdimos.

¿Considera que dentro de ese panorama actual los autores clásicos tienen suficiente cabida?

Los autores clásicos tienen menos cabida en nuestra sociedad. Vivimos en el planeta una época “líquida”, a decir del sociólogo Zygmund Bauman, donde el consumo ostentoso y el arte como entretenimiento moldean cada vez más las mentes de los jóvenes. ¿Qué son los clásicos? En una de sus facetas, sugieren que hay una continuidad histórica. Veámonos en el espejo que nos proponen para entender nuestra conducta. Eso nos dicen. Esto ha cambiado. Hoy se impone la visión  sobrecogedora de Benjamin, del ángel que se da vuelta, y en el pasado ve solo escombros.

¿Dentro de su propia obra, qué temas son recurrentes?

La inquietud, el malestar, la soledad  y la injusticia que impera en esta gran ciudad que hoy es Buenos Aires, modelo para lo malo y lo bueno que circula por el mundo. En Segundo tiempo, que Luis Brandoni, Martha Bianchi y Chela Ruiz estrenaron hace 40 años, y que hoy vuelve a estar en cartel en una magnífica puesta de Emiliano Delucchi, anticipo la tensión entre los sexos, uno de mis temas recurrentes. De ello ya hablo en Soledad para cuatro, mi primera obra, cuando tocar este asunto era tabú. La imagen católica de dos almas que se buscan, y cuando se encuentran siguen juntas por toda la eternidad, está severamente cuestionada. Hoy la pareja, y sobre todo la mujer han cambiado mucho, y mi obra registra ese proceso, que no se da con facilidad. El hombre reacciona muchas veces con violencia a este reclamo de igualdad de oportunidades.

Además, me encanta bucear en la historia. Mil años, un día, ¡Viva la anarquía!, El dúo Sosa Echagüe exploran distintos momentos y su incidencia en el hoy. El dúo… cuenta la historia de un letrista y un compositor de tangos que no pueden terminar uno en la década del 30, y siguen hasta hoy, pasando las épocas, sin conseguirlo. La lista es mi última obra; se acaba de estrenar en una puesta de Lizardo Laphitz, uno de los directores más prometedores del momento. Habla de una de las primeras listas de personas a expulsar del país, que se hicieron en el Río de la Plata. La acción sucede en Buenos Aires, en 1605.

¿Tiene algún método para escribir? ¿De dónde surgen sus obras?

Ir al teatro me incentiva a escribir. Como ahora tengo tres obras en cartel –y pronto van a ser cuatro, con Tentempié 1–, siento el impulso de manera permanente.  Tengo varios materiales en elaboración –tardo entre ocho y cinco años en terminar una obra– y a veces, cuando reponen una de ellas, me pongo de acuerdo con el director y los actores, y la versiono, la actualizo, la enriquezco, ya que el autor que la escribió ya no existe; porque yo cambio tanto como ellas cambian y todo cambia. Mis obras surgen de mi indignación y de mi amor por la vida, por la gente.

Y siempre los temas se me imponen. A veces me digo ¿le va interesar a alguien esta obra? Pero la pregunta se desvanece mientras escribo. Si será un éxito o la gente pasará por al lado sin percibirla, es algo que no modifica mi necesidad imperiosa de volcarla en el papel y buscar un escenario.

¿Hay algún autor actual que tenga un teatro que sea en algo parecido al suyo por temas, personajes, por estilo?

Bebí en las fuentes de muchos autores que fueron mis maestros.  El primero Ibsen; su obra El enemigo del pueblo es mi obra preferida de la historia del teatro, junto con Hamlet y Edipo rey. Strindberg, Brecht también, y sobre todo Arthur Miller y Tennessee Williams me enseñaron mucho. Pero lo que importa es el sello que uno pone a su obra. La respiración propia al empujar a los personajes al riesgo, aunque se caigan al abismo.

Ficha Técnica

Autor: Ricardo Halac

Elenco (por orden alfabético): Cecilia Tognola, Federico Buscarons, Fernando Migueles, Javier Schonholz, Juano Tabarés, Julio Pallares, Lola Montiel, Lucía Castro, Néstor Zacco, Nicolás Strok, Pablo Flores Maini

Voz en Off: Víctor Hugo Morales; Vestuario: Mariana Pérez Cigoj ; Escenografía: Micaela Sleigh; Música: Carlos Ledrag; Fotografía: Marcelo Solís; Diseño de gráfica: Andrea Baretto / ST productora; Prensa: Laura Brangeri; Asistencia de Dirección: Gabriela Perera; Dirección: Adrián Blanco

Domingos 19,30; Teatro Del Artefacto, Sarandí 760

Reservas x alternativa teatral: http://www.alternativateatral.com/entradas38020-por-la-gloria?o=14