Nathalie Sarraute: “Sin forma no hay nada”

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Nathalie Sarraute (1900-1999) fue una escritora francesa de origen ruso. Estudió letras, historia, sociología y derecho en las universidades de la Sorbona, Oxford y Berlín. En 1939 publicó Tropismos, colección de textos de carácter experimental, continuada en 1995 con Ici, que pasó desapercibida, al que siguieron las novelas Retrato de un desconocido (1948) ?con un prefacio de Sartre? y Martereau (1953). Su participación, a partir de 1955, en el grupo de escritores disidentes formado por S. Beckett, M. Butor, R. Pinget, A. Robbe-Grillet y C. Simon y la publicación de su ensayo La era de la sospecha (1956) dieron a conocer y divulgaron su obra.

Tropismos es una colección de veinticuatro textos que expresan sutiles estados de conciencia. La autora tomó la palabra tropismos de la biología. Ella misma se encargó de definir qué quería decir con esa expresión que definiría la estética y el contenido de su obra venidera. “Son las cosas que no se dicen, las transiciones, los movimientos fugaces que se suceden rápidamente en nuestra conciencia. Esos instantes, esos estados son la base de la mayor parte de nuestra vida y de nuestra relación con los otros: todo aquello que pasa dentro de nosotros, que no alcanza a ser expresado en un monólogo interior y que es transmitido por sensaciones.”

Las preferencias pictóricas de Sarraute son significativas en cuanto a lo que muestran de su propia escritura. En cuanto a los pintores, Klee le agradaba especialmente. Ella siempre elegía una de sus imágenes para ilustrar la tapa de sus libros en edición de bolsillo. Sobre el artista suizo, dijo: “Me atrae porque su sensibilidad es parecida a la mía. Klee decía que el arte consiste en mostrar no lo visible, sino lo invisible. Lo esencial para hacer visible lo invisible es la forma. Sin forma, no hay nada”.

Traducida a más de veinte idiomas, su obra incluye también guiones radiofónicos, a veces llevados a escena, como Le silence (El silencio, 1967), Le mensonge (La mentira, 1967) o Por un sí o por un no (1982; edición española, 1994). Sus lectores aumentaron considerablemente a raíz del éxito de su biografía Infancia (1983). En una entrevista, Nathalie Sarraute afirmaba no haberse retratado en “ninguno de sus libros. Un retrato es falso. Se construye algo alrededor de una apariencia, se resume la vida que es inmensa, compleja (…) Todo lo que se dice sobre nosotros casi siempre nos sorprende y, por lo general, es falso, porque otra cosa que se diga completamente opuesta parece que es verdadera también”.

Más sobre Nathalie Sarraute

Fuente: diario El País

• En los años treinta, Nathalie Sarraute no concebía que un novelista pudiera seguir apostillando con un “dijo Jean” una réplica, y en 1939, presa del eterno deseo de expresar lo que hasta el momento nadie había hecho, escribió Tropismes. En apariencia, prescindía de la trama, prescindía de los personajes, que carecían de nombre. “No podía poner nombres”, dijo. “Y no podía porque el nombre se colocaba entre el lector y yo, y lo distanciaba”. Luego hubo una moda en que los novelistas se dedicaron a no bautizar a sus personajes. Todos eran él, ella, nosotros… como en un curso de español, primer nivel. “Una moda estúpida. Es la sensación la que impone la forma. Si el tema es insólito, también lo será la forma”.
• A propósito de la Nouveau Roman, ella afirmaba: “Todos abordamos nuestro trabajo de una forma diferente. Lo único que teníamos en común era la necesidad de liberar la literatura de ciertas formas. Mi literatura describe movimientos interiores, y la de Robbe-Grillet, realidades exteriores”.
• Acerca del prólogo de Jean Paul Sartre a Retrato de un desconocido, declaró: “Sartre pensaba que yo hacía anti novela, y eso le interesaba. Pensaba que era una tentativa de asesinato de la novela, como Miré, que había bautizado uno de sus cuadros El asesinato de la pintura“.
• Cuando se le sugirió un parentesco con lo que supuso el cubismo, una nueva forma de mirar, explicó lo siguiente: “Los escritores llevamos un siglo de retraso sobre los pintores y los músicos”. A su juicio, la literatura no ha asimilado aún los grandes cambios del siglo. Reconoce que, pese a todo, sigue siendo una escritora de minorías.
• Estaba resignada a que no la siguieran más que quienes “tienen cierta sensibilidad por la literatura”. “Toda buena literatura es marginal”, dijo una vez, y cuando se le recordaba esto, matizaba sus declaraciones: “Mucha buena literatura tiende a ser marginal. ¿Cómo excluir a escritores como Dostoiewski, Flaubert…?”.