El desconsuelo de la inteligencia artificial

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El domingo 10 de julio me enteré que la Inteligencia Artificial quedó huérfana de uno de sus más queridos padres. Marvin Minsky falleció a los 88 años, luego de una vida dedicada a la ciencia, no sin polémicas ni controversias, no sin grandes aportes al mundo del conocimiento (en todos sus sentidos). Este científico, nacido en la parte más exclusiva del Bronx, fue uno de los investigadores más importantes en el campo de la denominada Inteligencia Artificial Dura. En esta historia no faltan los contendientes: la Inteligencia Artificial Dura versus la Blanda, también llamada Conexionismo. Ni tampoco faltan las tragedias ni los avances científicos vertiginosos. Pero comencemos por el principio.

Como muchas otras disciplinas científicas, la Inteligencia Artificial es también hija de la Filosofía. Durante el siglo XX, la Fenomenología cobró una clara preeminencia y la investigación sobre las características de lo que define a un ser humano, pasó a ser uno de los puntos principales de ese programa filosófico. Si estas cualidades pudieron ser descritas en la dimensión abstracta en la que opera la filosofía, entonces podrían ser aplicadas en un entorno computacional. Sería posible crear un “homúnculo” (según la terminología de Alfred Schütz, por cierto discípulo dilecto de Hüsserl), como quien crea un artificio, como imaginara la querida Mary Shelley.

La idea de la computadora moderna se materializó hacia la década del ‘40, motivada claramente por la II Guerra Mundial. Y una de las primeras cosas que se percataron los filósofos de la computación, era que las computadoras, antes que máquinas de calcular, eran básicamente manipuladoras de símbolos. Nada muy lejano de lo que nuestros cerebros de mamíferos Homo sapiens, hacen cotidianamente.

Con esos dos referentes teóricos, más un impresionante andamiaje matemático y aportes de científicos de distintas disciplinas, comenzó la búsqueda de la Inteligencia Artificial. Al menos una mínima mención debemos hacer a Alan Turing y su famoso test. Básicamente lo que Turing planteó fue, si era posible, mediante un juego de preguntas y respuestas ciego, averiguar si del otro lado de la pantalla, quien respondía era un humano o una máquina. Una pregunta simple, pero audaz, que definió el programa de investigación de la Inteligencia Artificial.

Apenas nacida la más joven de las disciplinas científicas, rápidamente se mostraron dos paradigmas opuestos. Por un lado la Inteligencia Artificial Dura, cuyo principal objetivo es emular la forma en que un ser humano razona. Por el otro el Conexionismo, cuyo principal objetivo no es la capacidad para razonar, sino la posibilidad de aprender, es decir de hacer que una computadora pueda atravesar ese maravilloso proceso del aprendizaje. Aunque, en honor a la verdad, hay que preguntarse si los paradigmas eran tan opuestos desde un punto de vista epistemológico o se trataba, más que nada, de una disputa política académica.

Aquí la historia se pone un poco complicada. Marvin Minsky era partidario de la Inteligencia Artificial Dura; por el otro lado estaba Frank Rosenblatt, partidario del Conexionismo. Éste último desarrolló, en los años ‘60 una máquina llamada Perceptrón y si bien sus aspiraciones eran grandilocuentes, sus resultados no fueron los esperados. Marvin Minsky y Seymour Papert escribieron un libro donde destrozaron los hallazgos de Rosenblatt; lo que siguió fue un calvario para el conexionista. Le quitaron los fondos y al poco tiempo falleció en un accidente, que algunos tildan de suicidio. Minsky, a quien tuve la fortuna de escuchar en la década del ‘90, en una Feria del Libro de Buenos Aires (éramos 10 personas en la conferencia de uno de los científicos más importantes del siglo XX), admitió que “se les fue la mano con el pobre Rosenblatt”.

La historia nunca es un lecho de rosas y la ciencia no es la excepción a esta regla. Hoy en día tanto los desarrollos impulsados por Minsky, como los hechos por Rosenblatt, se encuentran inmersos en nuestra vida cotidiana. Y todo parece indicar que en el futuro las máquinas se volverán aún más inteligentes, en principio ayudando a los seres humanos, luego, luego veremos cómo se comportan…