Jean Cocteau: ante todo un poeta

0
16

Jean Cocteau (1889-1963) fue un poeta, novelista, dramaturgo, diseñador, autor de libretos y director de cine francés. Estuvo asociado con el movimiento surrealista, y su obra ejerció gran influencia en la de otros muchos escritores.

Las películas de Cocteau, en su mayoría escritas y dirigidas por él, fueron especialmente importantes en la introducción del surrealismo en el cine francés. Varias de ellas, especialmente La bella y la bestia (1945), Orfeo (1950) y Los muchachos terribles (1950), llegaron a ser consideradas clásicas del cine moderno. A pesar de sus éxitos en casi todos los campos artísticos, Cocteau insistió en que era ante todo un poeta y que todas sus obras eran poesía.

Un excelente documental de la Radio Televisión Española (RTVE), en muy pocos minutos, nos cuenta y nos muestra por qué este artista total ejerció tanta influencia en el cine y en la poesía. Las imágenes son imperdibles.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/dias-cine-50-anos-sin-jean-cocteau/2058772/

Poemas

Mediodía

El sol cae aplomado

El pájaro
Alcanzando su sombra
Se posa dulcemente sobre ella
En Bizerte

Y un campesino corre…

El poeta es exacto. La poesía es exactitud…

El poeta es exacto. La poesía es exactitud. Desde Baudelaire, el público ha comprendido, poco a poco, que la poesía es uno de los medios más insolentes de decir la verdad.
No existe arma de mayor precisión; y para defenderse, con una defensa instintiva, de la angustia de la exactitud y de las claridades reveladoras, se obstinan las gentes en confundir la poesía con la mentira, la viveza de espíritu con la paradoja.
¿Para qué referir una historia que no lleve en sí el peso inimitable de la verdad? ¿Para qué memorias imaginarias, falsas anécdotas, frases que se equivocan de labios y recuerdos pintorescos? El peso muerto de la inexactitud abruma de fatiga.
Muy distinto es el haz de luz de un proyector, que se pasea por la superficie de esa noche acumulada detrás de cada uno de nosotros y que se detiene sobre un rostro, un acto o un lugar significativos, de forma que les dé el máximo de fuerza expresiva y de resurrección.[…]

1934-1935. Un telón cae, un telón se levanta. La vida ha muerto, viva la vida! Ha muerto una época, que he vivido desde su comienzo intensamente, pero contra toda mi voluntad; mis antenas me anuncian que empieza una era nueva en la que entreveo la nobleza cuyos signos me agradan. Aprovecho unos minutos de entreacto para levantarme, descansar, volverme y pasear mi anteojo. […]
Un señor, cuyo papel de cartas se embellece con profusión de lugares comunes grabados: Legión de Honor…, Palmas Académicas…, teléfono…, telégrafo…, me censura el empleo de lugares comunes que ruedan por todas partes. Yo enrojecería de vergüenza si el periodismo no me diera el ejemplo y el estilo frívolo que exige no comportase el uso de tales términos; unos, sin excusa; otros, magníficos, firmes en sus pedestales de mármol puro, verdaderas obras maestras de los siglos. ¿Nacieron alguna, vez? ¿Salieron, sin padre, del fondo de las excavaciones?
Un agricultor encuentra los brazos de la Venus de Milo. ¿A quién pertenecen? ¿A la Venus de Milo o al agricultor? Pertenecen al mito. Se abrazan al cuello de la poesía. Son serpientes blancas que tienen vida propia. ¡Qué delicia emplear los: «No obstante», «En resumen», «Por lo demás…», «Aparte de», «En una palabra» que se ensamblan ellos solos como fragmentos de un puzzle!
Perdóname, lector. Compréndeme. Ayúdame. Juega conmigo. No te quedes en pie delante de mi mesa. Conviene escribir y leer juntos esta prosa con plantilla y por retazos.

Un amigo duerme

Tus manos por las sábanas eran mis hojas muertas. Mi otoño era un amor por tu verano.
El viento del recuerdo resonaba en las puertas de lugares que nunca visitáramos.

Permití la mentira de tu sueño egoísta allá donde tus pasos borra el sueño. Crees estar donde estás.
Qué triste nos resulta estar donde no estamos, así siempre.

Tú vivías hundido dentro de otro tú mismo, abstraído a tal punto de tu cuerpo que eras como de piedra.
Duro para el que ama es tener un retrato solamente.

Inmóvil, desvelado, yo visitaba estancias a las que nunca ya retornaremos.
Corría como un loco sin remover los miembros: el mentón apoyado sobre el puño.

Y, cuando regresaba de esa carrera inerte, te encontraba aburrido, con los ojos cerrados,
con tu aliento y con tu enorme mano abiertos, y tu boca rebosante de noche…