La metamorfosis

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“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”. Así comienza La metamorfosis de Franz Kafka que el año pasado cumplió cien años de su publicación en alemán –en octubre de 1915, en la revista mensual Die Weissen Blätter, y en diciembre del mismo año como libro–.

Gregorio es un ser humano bajo un disfraz de insecto;
sus familiares son insectos disfrazados de personas.
Vladimir Nabokov

La obra fue traducida por primera vez al castellano en 1925, posiblemente por Margarita Nelken –diputada socialista durante la Segunda República, notable feminista y descendiente de judíos alemanes– para Revista de Occidente. Estudios posteriores sugieren que ella no tradujo el texto directamente del alemán, sino que se apoyó en la traducción francesa, lo cual explica que escogiera como título La metamorfosis y no La transformación. El traductor francés había hecho referencia a Ovidio, ignorando el propósito real de Kafka, que deseaba destacar el cambio interior y exterior del personaje.

Para la primera edición en alemán, Kafka pidió que no apareciera ningún dibujo del insecto en la tapa; prefería una visión de los padres ante la puerta cerrada del cuarto de Samsa. Kurt Wolff, el editor, le hizo caso, pero en las versiones posteriores –y hasta ahora– casi no hubo tapa en la que no apareciera una imagen del insecto. El fracaso de esta primera edición hizo que el editor le prometiera a Kafka el envío de libros para que, al menos, los regalara a sus amigos, aunque el autor murió sin haberlos recibido.

La metamorfosis

“Un cuento que me ha venido a la mente en la cama, en plena aflicción, y que me asedia desde lo más hondo de mí mismo”, le cuenta Kafka en una carta a Felice Bauer el 17 de noviembre de 1912 refiriéndose a su texto. Cinco días más tarde ya tiene el título del relato y prácticamente también lo tiene terminado, pero no quiere dárselo a leer a su amada, prefiere leérselo él. El 1° de marzo de 1913, lee La metamorfosis en casa de su amigo Max Brod.

Como todo texto fantástico, la historia de Gregorio Samsa puede interpretarse de varias maneras. En un principio, como un relato metafórico sobre la propia inadaptación de Kafka en el ámbito familiar, social, sentimental y laboral. En su Carta al padre, publicada póstumamente, manifiesta su sentimiento de inferioridad frente al autoritarismo y el desprecio de aquel. Sin embargo, el escritor no carecía de vida social: en la universidad participó en actividades literarias y culturales. Entre 1908 y 1922, además, trabajó en una compañía de seguros, y su amistad con Max Brod le permitió asistir a veladas literarias y adquirir cierto reconocimiento, si bien la fama no empezaría hasta después de su muerte.

También tuvo varias mujeres. Son conocidos sus idilios con Felice Bauer, Julie Wohryzek, Milena Jesenskà y Dora Diamant. No obstante, ninguno se desarrolló normalmente. En el caso de Milena, por ejemplo, aunque ella estaba casada, le propuso una y otra vez una cita en un hotel para consumar la relación, pero el escritor declinó la sugerencia, contestándole que prefería una carta de dos páginas a dos horas de pasión. La metamorfosis tal vez sea una metáfora sobre la incapacidad de Kafka de cumplir las expectativas ajenas, lo que lo llevaba a ser contemplado por los otros como algo extraño, ajeno y, en cierta medida, repulsivo.

Algunos críticos consideran que la explicación anterior de corte freudiano es insuficiente y que La metamorfosis es, en realidad, una metáfora mucho más ambiciosa sobre la alienación del ser humano, condenado a ser explotado y a sufrir por eso.

La interpretación política del relato, para otros, se relaciona con la persecución a los judíos. Gregorio Samsa sufre las mismas penalidades que los judíos europeos: segregado, confinado y, finalmente, aniquilado. Le llaman “bicho”, expresión utilizada por los nazis para referirse a los judíos. Cuando el protagonista deja de comer, después de escuchar a su familia, discutiendo sobre la forma de librarse de él, su cuerpo famélico y deshidratado anticiparía las espeluznantes imágenes de los supervivientes de los campos de exterminio.

Por último, citamos un fragmento de Vladimir Nabokov acerca del libro: «Un pobre tipo se ve convertido en un monstruoso escarabajo. ¿Y qué? No hay ninguna respuesta válida para ese “y qué”. Podemos separar la historia, averiguar cómo cada pedazo encaja con el otro, cómo una parte del patrón responde a la otra; pero uno tiene que poseer dentro de sí alguna célula, algún gen, algún germen que vibre en respuesta a sensaciones que uno no puede definir ni ignorar. Belleza más compasión, es lo más cercano que podemos llegar a una definición de arte. Donde hay belleza hay compasión, por la simple razón de que la belleza debe morir: la belleza siempre muere, lo general muere con lo específico, la colectividad muere con la individualidad. Si usted puede comprender La metamorfosis de Kafka como algo más que una fantasía entomológica, entonces lo felicito por haberse unido al grupo de los buenos y grandes lectores».