Edipo y Yocasta

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Edipo y Yocasta, un grito…, en cartelera en el Teatro Apolo, resulta una obra poética si entendemos por poesía aquello que nombra la doctora en Letras, escritora e investigadora Graciela Maturo, “la puesta en marcha de energías vitales profundas, que movilizan una expresión musical”. Y, como no podría ser de otra manera, la poesía se relaciona con la música porque “musical llamaron los griegos a todo lo que pertenecía al dominio de las musas. Musical quiere decir divino, espiritual, mágico”, reafirma la autora. En este sentido, no es causal que el dramaturgo Mariano Taccagni encontrara una vía musical para la escenificación de este relato mítico.

Siguiendo a Maturo, es esta magia poética la que se relaciona con los misterios, con los ritos. Poetizar no es entretener ni divertir, sino movilizar, revelar, descubrir. Y pensando en esto, podemos decir que si bien la obra resulta entretenida, eso no es lo que se destaca de ella, sino su fuerza poética, dramática, reveladora, que despierta nuestro asombro por las cuestiones más fundamentales del ser.

El filósofo Friedrich Nietzsche revalorizó la tragedia griega y  escribió sobre la antítesis entre dos estados presentes en ella: “el arte del escultor, arte apolíneo y el arte no-escultórico de la música, que es el arte de Dioniso”. El primero, el de la mesura, la racionalidad y el orden, la bella apariencia;  el segundo, el de las pasiones y la desmesura. Los dos marchan uno junto al otro y en discordia pero excitándose mutuamente y su apareamiento engendra una obra a la vez apolínea y dionisíaca, la de la tragedia ática. La antítesis superada en unidad.

Recuperando estas nociones, más allá de la tragedia en sí, esta puesta conjuga ambos aspectos y su espectador no puede escapar a la embriaguez causada por el espíritu de Dioniso, vivo en la elocuente música. Pero no debemos olvidar el orden presente en el ritmo, las voces y los movimientos sincronizados, el vestuario diseñado para exaltar lo visual de la obra, las bellas imágenes fotográficas que consiguen crear los personajes.

La tragedia no deviene algo pesimista, como podría pensarse sino que es afirmadora de la vida, ya que del dolor se extrae sabiduría, conocimiento. En la psicología de la tragedia encontramos el decir sí a la vida incluso en sus problemas más extraños y duros; la voluntad de vida. Hay aquí una afirmación suprema , contraria a otras posiciones negadoras de la vida. Un decir sí sin reservas “aun al sufrimiento, aun a la culpa misma y a todo lo problemático y extraño de la existencia”, leemos en Nietzsche.

Taccagni, profesor en letras, actor, cantante y dramaturgo, se ha inspirado esta vez en un mito conocido por todos. Anteriormente ya lo había hecho con Narciso Ópera Rock y con Taurus, sobre la figura del minotauro (por estrenarse).

Volviendo a Maturo, “lo poético existe germinalmente en la realidad hasta que al ser tocado por la palabra, la música, el gesto, la danza o la figuración plástica, se muestra, se hace intuible, se hace encuentro, halla su ser profundo”. Y por ello tanto el libreto como las interpretaciones, como toda la puesta en escena conforman un todo poético y armónico que despierta aquella poesía latente en la realidad humana y en la fuerza de lo mítico.

Taccagni no ha inventado nada nuevo, pero al mismo tiempo lo ha creado todo, junto a Gaby Goldman, autor de la parte musical. Retornar a los mitos y a los arquetipos se convierte en algo necesario en un contexto sellado por las nuevas tecnologías que parecen instalar un deseo incontrolable por estar al tanto de los últimos trending topics. Volver a tocar los temas que arden en el alma humana y que seguirán movilizándonos es una apuesta por regresar a esos interrogantes que nunca serán del todo resueltos en la historia del hombre pero son aquellos que aun así no podremos dejar de transitar.

Lo poesía capta y produce instantes privilegiados de comprensión y despierta a la escucha de la verdad que se manifiesta en forma de belleza (Maturo). Es esta verdad que nos enseña el arte, aquella imposible de captar solo por vías racionales, la que nos sorprenderá si vamos a ver este espectáculo. Claro que para cada espectador será una verdad diferente. Y en ello reside su valor.

El grito en la inmensidad, al que refiere la obra, es aquel que nunca calla mientras tengamos conciencia, el de la desesperación humana, nos habla de la propia finitud y nuestro incierto destino, que nos lleva a enfrentar lo desconocido y nos presenta pruebas. Cuando gritamos en la inmensidad, podemos tener la sensación de que nuestro grito se pierde, pero también puede haber ecos. Podría pensarse a Edipo y Yocasta… como el eco de una historia original que vuelve con fuerza para ofrecernos la reinterpretación de un clásico: una voz reverbera y su sonido nos encanta y nos envuelve.

Esta es una obra (con casi tres meses en cartel) que se produjo en cooperativa como lo ha señalado su autor y director y es destacable el esfuerzo de todos por llevar adelante este proyecto. La puesta impecable (el vestuario se destaca), muy cuidada en todos sus detalles y el trabajo en conjunto, el énfasis en las interpretaciones, y la inclusión de músicos tocando en vivo hacen de esta pieza un evento imperdible en la cartelera actual de Buenos Aires.

La función del lunes 20/06 era la fecha prevista de cierre, pero han decidido extenderla por dos semanas más. Nuevas funciones: Lunes 27/6 y Lunes 4/7 a las 20.30 en el Teatro Apolo, Corrientes 1372.

Ficha técnica

Título: Edipo y Yocasta. Un grito en la inmensidad
Autor: Mariano Taccagni
Dirección: Mariano Taccagni

Elenco: Marisol Otero, Gonzalo Almada, Rodolfo Valss, Laura Silva, Alejandro Vázquez, Martín Repetto, Ricardo Bangueses, Jimena González, Judith Cabral, Menelik Cambiaso, Victoria Carambat, Nico Leguizamón, Carla Liguori, Laura Montini. Alternantes: Pilar Rodríguez Rey, Juan José Marco

Libro, Letras y Dir General: Mariano Taccagni
Música Original y Dir. Musical: Gaby Goldman
Coreografías: Juan José Marco
Arreglos Corales: Santiago Otero Ramos
Diseño de Iluminación: Gonzalo Córdova
Dis. y realización escenografía: Pía Drugueri
Diseño de Vestuario: Jorge Maselli
Gráfica: Fernando Eiras
Fotos: Nacho Lunadei
Sonido: Rodrigo Lavecchia
Producción: Daniel Fazio
Producción: Rosalía Celentano
Asistente de Dirección: Laura Saltamartini
Asistente de Producción: Ramiro Hernández