El aura

0
15

 

Por Nicolás Kusmin.

“Nueve Reinas me abrió un camino de enormes oportunidades. Hoy mi manera de agradecerle es tomar un camino radicalmente diferente, con las satisfacciones y los riesgos que eso implica?.”
(Fabián Bielinsky)

 

Después de cinco años del mega-éxito Nueve Reinas su mentor, Fabián Bielinsky regresa a la gran pantalla. Pese a que esta idea es anterior a su primer film, parece ideal que lo haya dejado de lado a la hora de presentarse en el concurso de guiones para nuevos talentos por la que la productora, que hoy lo sigue apoyando, lo seleccionara. Ya que El aura, es un film mucho más complejo y maduro, sin los guiños y humor que permitía la mirada cómplice que la masividad supo ver y apoyar en Nueve Reinas.

En esta oportunidad, el personaje a seguir es uno sólo: Ricardo Darín personifica a Espinosa (pese a que en ningún momento se lo llama por su nombre) un taxidermista mediocre y perdedor, que sufre de epilepsia, una enfermedad que le hace tener continuos ataques cuyo pre-anuncio lo lleva a un estado que los médicos y pacientes llaman el aura: cuando ya no hay vuelta atrás, todo se percibe más fuerte, y se es libre por unos pocos segundos.

Él no puede parar de mirar, memorizar y crear ideas de planes maestros para la estafa y/o el crimen. Así como verifica lo fácil que sería dar un golpe en el banco del museo donde lleva sus animales embalsamados, siente que sólo lo puede planear pero no realizar, porque según dice: “No soy ladrón” (esta frase, que apareció en el trailer o cola del film no está en el corte final. Esto se puede deber a que las dos horas veinte minutos habían llegado a casi tres en un primer momento).

Impresionando con las elucubraciones a su colega interlocutor, Sontag, un sobrio Alejandro Awada, a manera de desafío, lo invita a ir de caza al sur en busca de ciervos. Espinosa, no desea saber nada, pero al regresar a su casa se encuentra con que su mujer se cansó de su indiferencia y lo dejó. Ahí, sin nada más que perder, decide viajar.

Al llegar al sur patagónico, la maquinaria de suspenso y meticuloso armado de la historia comienza su recorrido de casi dos horas. Nada en el relato parece puesto de manera gratuita, desde el perro-lobo a la mujer golpeada por la vida y por su marido.

Un inesperado accidente pone al personaje principal, en la situación que deseaba pero no podía concretar. Los ataques epilépticos vuelven (siguen) a aparecer y casi nada es lo que era. La ensoñación, percepción y vivencia se vuelcan a favor de un personaje que no tiene nada más por qué vivir, si no vuelca las azarosas situaciones que el (su) mundo hostil le deparan. Para más datos, existe la posibilidad de un robo, que es ahora o nunca, ya que el Casino de donde proviene ese dinero será trasladado.

El Otro Darín.

Protagonista excluyente del relato, casi no hay toma en la que él no aparezca. Darín demuestra su gran versatilidad para los personajes sensibles y hasta casi de comedia blanca, con este, que lo encuentra: parco, silencioso, y con la mirada perdida, casi ausente de todo lo que no sea la concreción de su plan.

El resto del elenco está acorde al armado de esta complicada pero fluida trama. Especial mención merece Pablo Cedrón, en un pequeño personaje lleno de rudeza en la antípoda de su reciente intervención en El Viento de Eduardo Mignogna. Después de su protagónico en Felicidades del fallecido Lucho Bender, es de celebrar que un actor de su categoría vuelva a verse en el cine.

Con un armado en capas, el film posee una gran cantidad de lecturas posibles, desde la simple historia del viaje de un hombre perdido, pasando por el thriller, hasta la meticulosa ensoñación en que su propia enfermedad lo envuelve a él y también al espectador.

Es, sin duda, una gran película argentina. La espera valió la pena, su guionista y realizador Fabián Bielinsky, sale de la puerta grande de su opera prima, para ingresar en una aún mayor.

Publicado en Leedor el 17-9-2005