Pedro Meyer el iconoclasta amable.

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“La fotografía, en sí misma, no sirve para nada.” Pedro Meyer.

De Pedro Meyer, que nació fugando, se pueden decir muchas cosas: como que es el dueño de la fotografía mexicana de los últimos cuarenta años, que con todo el derecho del mundo a dormir en los laureles, con sus 86 años, no se ha dado por vencido e insiste en seguir innovando. Que no ha admitido jamás los tópicos sobre la fotografía, por eso insiste cada vez que se lo preguntan en aclarar: “La fotografía no puede ni debe reflejar la realidad. Desde su origen ha sido manipulación pura. Tampoco es sinónimo de los hechos. La realidad hay que dejarla por ahí, a un lado. Luego entonces nos dedicamos a hacer fotografía”.

Con la misma libertad que tiene para aclarar cuentas con las definiciones absolutas Pedro Meyer, entendió, quizás antes que nadie en su oficio, que a la fotografía se le abrían infinitos caminos con las nuevas tecnologías y se lanzó sin pudor a la experimentación digital y al uso de las  nuevas plataformas.

A los puristas los reta cuándo le hablan de la temida “manipulación”: “Es tautológico decir que es manipulada, ¿cuándo no lo fue? No hay un solo ejemplo de fotografía que no esté alterada, desde el encuadre, los colores, las distorsiones que producen las lentes. Ya debería quedar atrás la discusión en torno a la fidelidad de la imagen fotográfica respecto de la realidad.”

Claro, Meyer puede abrir esos debates, puede desafiar a los “puristas”, porque lleva a sus espaldas más de medio millón de fotografías analógicas.

Nacido en Madrid, en plena Guerra Civil, mientras sus padres escapaban de la barbarie nazi, que había estallado en Alemania. Desde España fue deportado rumbo a Alemania con destino final a un campo de concentración, pero la suerte interrumpió en el camino a la muerte.  Pedro junto a Liesel y Ernesto, sus padres, pudo llegar a Bélgica, instalado en una canasta. Dos años más tarde llegarían por fin a México.

Algunas cuestiones adversas parecieron definir su carácter y sin duda la manera de disparar sus cámara. Siendo judío, estudió en el colegio marista del D.F. donde la “comunidad” era demasiado pequeña solo 5 niños judíos frente a 700 católicos. Más tarde sus padres los enviaron a los Estados Unidos para estudiar en una academia militar donde se negó a desfilar con un fusil al hombro por considerarlo “una completa estupidez”. De allí egresó como soldado raso, obviamente.

Siendo apenas un niño comienza a incursionar en la fotografía con una réflex de doble lente, pero recién sería a los 39 cuándo, con una esposa, un niño pequeño y plata para un mes. Que abandonó su trabajo como ejecutivo, para dedicarse profesionalmente a la fotografía.

Pedro Meyer, como reportero gráfico, alcanzó a cubrir hechos fundamentales para la historia de México como las revueltas estudiantiles de 1968, que terminaron con la matanza de 400 estudiantes en la Plaza de Tres Culturas de Tlatelolco, el dos de octubre a manos de la policía o el terremoto del 19 de septiembre de 1985 que sacudió México dejando un número impreciso número de muertos que no baja de los 45 mil.

Viajará a Nicaragua; para cubrir la Revolución Sandinista en 1979. Más tarde viaria por Europa, India, Bangladesh, China y Japón de donde traería importantes reportajes.

 

La era digital

Su indagación permanente sobre los límites entre la verdad, la ficción y la realidad, lo llevó a ser el primer fotógrafo que incorporó a las nuevas tecnologías que estallaron a principio de los ochenta, lo que lo llevo a convertirse en el primer comprador de una Apple en México. Meyer evolucionó desde la fotografía documental, con imágenes directas, a la intervención digital que combina elementos de distintas tomas hasta llegar a realidades muy distintas.

Dos libros clásicos del ensayo mexicano, usaran fotografías de Meyer para ilustrar su tapa: La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska, y Los días y los años, de Luis González de Alba, ambos de 1971.

Trabando como reportero para el diario Unomásuno, siguió la campaña presidencial de del candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) Miguel de la Madrid en 1982, y realizó un importante reportaje fotográfico sobre los  trabajadores de la empresa estatal petrolera PEMEX, en los dos casos sus fotografías dejaron plasmadas realidades demasiados incomodas para el poder.

En el trabajo sobre la campaña presidencial Meyer, utiliza toda su ironía y agudeza para fotografías en realidad más al pueblo mexicano que al candidato oficial, destacando y señalando la pobreza, la marginalidad y a lo que son sometidos los “olvidados”.

En “Los cohetes duraron todo el día” (1987), el trabajo encargado por PEMEX para para conmemorar los cincuenta años de la expropiación petrolera, Meyer se negó a retratar demagógicamente una mundo bucólico y fácil, por lo que las autoridades de la empresa dispusieron no distribuir el libro.

La obra de Meyer ha quedado plasmada en libros como “Espejo de espinas” (Fondo de Cultura Económica, 1986), “Verdades y ficciones” (Casa de las Imágenes y Aperture, 1995), “The Real and the True: The Digital Photography of Pedro Meyer” (New Riders Press, 2005) y “Herejías” (Lunwerg, 2008), donde se resumen lo mejor de los cuarenta años de su producción.

La obra de Pedro Meyer representa una de las cúspides más altas de la fotografía latinoamericana, y su vigor expresivo y su endemoniada lente la hacen eterna.

para ver su obra se puede entrar a su excelente base de datos en la web: http://www.pedromeyer.com/