“El teatro es nuestra forma de resistencia”, Eduardo Gilio

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Este año se cumplen 120 años del nacimiento André Breton. En homenaje al escritor, Teatro Acción, fundado y dirigido por Eduardo Gilio, estrenó en Buenos Aires su nuevo espectáculo grupal: La Revolución surrealista, el sueño no está muerto.

Con un gran contenido poético, que recupera las posturas filosóficas, políticas, y artísticas del Surrealismo, sus integrantes nos traen extractos de los manifiestos y sus textos más emblemáticos en medio de una atmósfera onírica.

En una charla con Leedor, Eduardo Gilio nos transmite su pasión por el teatro y su compromiso con un hacer que siempre transforma.

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En el grupo Teatro Acción confluyen varias poéticas, sin embargo, tenés tus propios postulados con respecto del teatro, ¿cuáles son?

Teatro Acción, fue fundado en Buenos Aires en 1980, cuando reuní a jóvenes interesados en crear un grupo de investigación teatral que centrara su trabajo en el desarrollo de las potencialidades del ser humano como actor.  Desde el principio el trabajo se orientó hacia una profunda transformación en el modo de pensar y concebir el teatro, ya sea como hecho artístico y como experiencia humana. La búsqueda se realiza en una dimensión colectiva y la situación de trabajo es la de un laboratorio teatral que enfatiza su investigación en el arte del actor. Redefinimos el rol del actor y del director, buscamos desde el principio, un actor creador y un director autor. Defino mi metodología de trabajo como “Teatro Concreto”, un teatro que nace, crece y se desarrolla a partir de su propia materia.

Para La Revolución surrealista tuviste que leer mucho, investigar, seleccionar autores y fragmentos, ¿qué criterio te guio en un trabajo que parece casi inabarcable?

Nunca orienté mi trabajo artístico teniendo en cuenta el signo de los tiempos. La revolución surrealista es un tríptico formado por tres obras, que están inspiradas en la vida y la obra de André Breton y del movimiento surrealista fundado por él. Esta primera obra del tríptico se llama “El sueño no está muerto” y es un primer acercamiento al mundo poético e ideológico del movimiento.

Los surrealistas fueron los que me incitaron a buscar dentro de la vida y el arte otro nivel de intensidad. Fue durante mi adolescencia, con los libros y obras de los surrealistas como André Bretón y Antonin Artaud, que descubrí un mundo que me atrapó. Ese encuentro con aquel universo es lo que preservo en mi trabajo artístico. El desafío de un grupo de teatro es trabajar sobre límites, sobre los ejes más lejanos del sentido convencional del teatro para alcanzar algo esencial. Nuestro deber es buscar en los extremos, en los límites del territorio teatral, otros sentidos posibles. Esto es lo que hace al teatro necesario. André Bretón y los surrealistas lucharon para lograr una amplitud psíquica, transformar al ser humano desde adentro, enfrentar la lógica dominante, el discurso único y el pensamiento positivista. Si nuestra obra pudiese, al menos, apoyar la necesidad de libertad e imaginación sería para nosotros un impulso a ir más allá.

¿Qué visión te interesa que les quede a los espectadores de Breton y del surrealismo?

Generalmente el espectador teatral tiene un rol pasivo y contemplativo durante el espectáculo. Yo trabajo en la dirección opuesta, para transformar a ese espectador pasivo en un espectador activo, en un testigo, en un espectador creador, un espectador que sea capaz de completar el montaje que realizan los actores, con sus asociaciones personales, su imaginación y su vida. O si se prefiere, que pueda hacer su propio espectáculo a partir de nuestro montaje.  En mi teatro, un espectador activo y comprometido con el espectáculo es aquel que no opone resistencias intelectuales cuando viene a una función, que no está preocupado por entender y sacar conclusiones durante el transcurso de la función, sino que todo este proceso mental lo hace una vez terminada la ceremonia. Busco que el espectador se involucre física y emocionalmente con lo que ocurre y que esté orgánicamente presente como lo están el actor y el director. De esta manera el teatro deviene celebración.

 Contanos un poco de tus experiencias fuera del país.

Los primeros años de vida de nuestro grupo fueron de un intenso trabajo de laboratorio, investigación y experimentación. Decidí no empezar nuestra historia presentando obras precipitadamente, sino buscando antes un camino y un lenguaje propios. Años más tarde, ya con varios espectáculos, un entrenamiento físico y vocal personalizado creado en colaboración con y para cada integrante, y una mística grupal que nos otorgaron una fuerte identidad grupal y artística, sentí la necesidad de salir a recorrer otras latitudes, al encuentro de otros grupos, compartir, conocer, mostrar, abrirme. Viajé a Francia invitado por el Festival Francophonie de Limoges, y desde entonces, salvo los años en que construimos la Casateatro de Teatro Acción en Villa Gesell, nunca se detuvo una dinámica necesaria de crear puertas adentro durante una parte del año y luego salir al mundo llevando los espectáculos, demostraciones técnicas y seminarios a otros países. Nos sentimos unidos a una familia teatral de grupos con quienes compartimos sueños, similitudes y experiencias parecidas, que nos invitan y a quienes nosotros traemos también a nuestro país. También recibimos invitaciones de instituciones, teatros y festivales internacionales. Hemos presentado nuestro trabajo desde el Odin Teatret de Dinamarca, al Festival Grotowski en Wroclaw, Polonia, en las Universidades de Londrina, París o Bologna, en sitios arqueológicos en la Isla de Creta, el Festival Olímpico de Grecia y numerosas salas de Alemania, Bélgica, Brasil, Colombia, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Italia, Polonia, Holanda, Uruguay, y por supuesto, en muchas ciudades de Argentina. En cada lugar hemos cosechado un núcleo de espectadores que nos siguen, aún a veces confraternizando con nuestro trabajo más allá del idioma, a través de la poética y las energías que trascienden las palabras.

A propósito de lo anterior, ¿cómo ves nuestro teatro en relación con el de otros países?

No creo que se pueda dividir el teatro por países o continentes, sino por sus motivaciones y sus ideas. Como grupo de teatro, no podemos justificar nuestra existencia por el solo hecho de realizar espectáculos. Nuestra función social es la de crear un territorio donde estimular el encuentro entre personas y crear relaciones, convertirnos en un puente que una las orillas e intentar establecer lazos donde no los hay. Entendemos y vivimos el teatro desde un núcleo de valores propios que definen nuestra identidad profesional ante nuestro oficio, ya que nuestra estética y nuestra metodología de trabajo se fundamentan en esos principios.

¿Qué lugar ocupa la música y qué papel le otorgás a la presencia de objetos en el escenario?

Durante el proceso creativo de nuestros espectáculos, trabajamos en la creación de objetos buscando su misterio y no su utilidad práctica, buscando sus vidas escondidas, sus rostros desconocidos, sus posibilidades de transformación. Con la musicalidad intentamos también que el mundo sonoro sea la resultante de la escena misma. En la mayoría de nuestros espectáculos, la música la generan los propios actores, en otras ocasiones, es un diseño sonoro creado especialmente, el paisaje que emerge de las escena e interactúa con los actores.  Somos parte de una época que nos inculca la idea de que todo es desechable, descartable, reemplazable. Vivimos en un mundo infernalmente hipócrita y deshumanizado. Ninguna persona puede estar de acuerdo con todo lo que ocurre en el mundo cada día, con las atrocidades que se cometen a diario, con las guerras, los asesinatos, las enfermedades, las injusticias permanentes. Pero todos somos parte de este mundo y ninguno puede estar afuera de él. Lo importante, lo que nos define es qué actitud tenemos dentro del mundo, qué posición tomamos ante los hechos.

El teatro es nuestra forma de estar en el mundo. Es nuestra forma de pertenecer, de ser parte, sin por ello tener que renunciar a nuestros valores y a nuestras creencias, sin tener que adaptarnos a aquellas cosas que consideramos inaceptables. El teatro es el lugar donde podemos preservar nuestra identidad y desde el cual podemos encontrarnos con otras personas, sin dejar de ser nosotros mismos. El teatro es nuestra forma de resistencia.

Funciones: sábados a las 22.30; Teatro: Centro Cultural de la Cooperación, sala Tuñón (Corrientes 1543)

TEATRO ACCIÓN: www.teatroaccion.com.ar