Stagnaro por Stagnaro: 20 años de Pizza, birra, faso y el Nuevo Cine Argentino

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En esta entrevista, Bruno Stagnaro resume algunos aspectos de la creación de Pizza, birra, faso, film que a veinte años de su realización permanece como esencial para entender lo que se dio a llamar Nuevo Cine Argentino.

Contesta Stagnaro:

“Con Adrián (Caetano), prácticamente no nos conocíamos. Nos habíamos conocido un par de meses antes, en Historias Breves, nos empezamos a frecuentar y nos enteramos de un concurso que había de telefilms. Con el tema de que el concurso cerraba bastante próximo, tres semanas, entonces empezamos a juntarnos para ver si podíamos llegar a ese concurso. Y arrancamos por una anécdota que nos cuenta un tipo del Chaco, que le había pasado acá en Capital camino a Aeroparque, que lo abordaron en el taxi y le robaron, tal como está en la película. Eso me lo cuenta el tipo—yo estaba haciendo un documental de Chagas en el Chaco, en un paraje totalmente desolado que nada que ver—me cuenta todo el comienzo de la película, y lo grabo. Y me lo contó tal cual, con los diálogos; él tenía muy buena memoria auditiva para los diálogos y me parecía buenísimo. Desgrabamos eso y la decisión más importante fue, bueno, la escena desde que el tipo se subía al taxi y le tiraban la valija por la ventana en la General Paz, y la decisión a partir de ahí fue seguir con el punto de vista de los chicos, de los ladrones.”

“El disparador fue esta anécdota, que nos parecía que tenía mucho de verdad, y después le agregamos esa escena del Cordobés reventando la llanta del otro taxista como una característica del personaje. Le fuimos agregando cositas al relato inicial.”

“La verdad que hoy por hoy no me detengo a pensar en la función del arte—si es denuncia política, si arte por el arte—y entonces era mucho más ingenuo. Tenía que ver con contar una historia y con los personajes. Y, en ese sentido, cero pretensión de tener una segunda lectura sobre lo que estábamos haciendo. Me sorprendió la recepción de la crítica al respecto, había una lectura sobre las cosas y se le encuentra una ideología…pero en el fondo lo más parecido a una ideología tenía que ver con querer contar algo que a uno le parecía verdadero, digamos. Y que no está queriendo generar golpes de efecto externos a lo que uno narra. En ese sentido como que hay una cierta fidelidad, o compromiso, digamos, que después se traduce en algo que puede ser leído como una ideología. Igual es como todo, como muy sofisticado.”

“No me sentía parte de un movimiento entonces. Sí lo que había, en los noventas, era como una explosión de escuelas de cine, y eso generó una cantidad enorme de gente que empezó a dedicarse a esto, y había como una empatía generacional, y una ebullición. Como ser parte de lo mismo. Ahora, no creo que hubiera una línea estética común como para definir un tipo de escuela…no sé, el neorrealismo italiano era como mucho más claro.”

(Respecto de Rapado) Me llamó mucho la atención esa búsqueda en el tono, más allá que tenía una cierta poética lacónica que me causaba muchas gracia en ese momento, había como una búsqueda de algo que para mí era más literario que cinematográfico. Como que el cine en general las cosas tendían a ser más obvias y declamativas, en cambio en eso de Rejtman había algo como de la buena literatura, como una cosa más misteriosa, algo más de Salinger digamos, o una cosa medio bukowskiana—no en el sentido de las malas palabras, si no en la búsqueda que no está procesada o edulcorada para que entiendas en qué dirección iba. Y me acuerdo que eso me gustó mucho. Después no es algo que haya tenido como presente en el momento de escribir, pero por ahí de algún modo me pudo haber influenciado. Y después de las cosas que se hicieron, no sé qué entra dentro del Nuevo Cine Argentino. A mí hay cosas que… A mí me gustó mucho la primer película de Trapero, Mundo grúa, me pareció que tenía algo como muy verdadero, muy sensible. Y una película que me encanta pero me parece que no tiene nada que ver con esta corriente es Historias extraordinarias. A mí es la que más me gusta, por lejos, de toda esta camada. Tiene como mucho mundo propio, que es como lo más difícil ¿no?

(Respecto de las influencias que recibió, en general) “Soy hijo de un director de cine, así que tenía como bastante cerca… Había tenido una experiencia como actor en una película de mi viejo (Juan Bautista Stagnaro, guionista de Camila, y director de Casas de fuego, entre otras) en una película bastante atípica porque estuvimos tres meses filmando en Checoslovaquia, y eso creo que me influenció mucho como para querer formar parte de ese universo.”

“Yo siento que el tipo de narrativa que a mí me interesa tiene que ver más con la literatura que con el cine. A mí, por ejemplo, un autor que siento que me formó muchísimo es Dostoyevski. Yo leía mucho cuando era pendejo, me siento muy próximo a sus problemáticas y sus personajes. Tiene algo que una vez que atravesás la aridez de la extensión (de las novelas), pasa algo que es como mágico, que empezás a querer que no termine. Desarrollás un afecto…hay una cosa muy afectiva, que es insólito.”

(Respecto de la selección de actores en Pizza, birra, faso) El tema es así: Héctor (Anglada, que encarna al Cordobés) había trabajado con Adrián (Caetano) en Córdoba, porque Héctor era cordobés, así que ya lo tenía como visto. Así que cuando comenzamos a escribir el guión me decía que le gustaría incluirlo a Héctor porque tenía una cosa medio fetiche, entonces me mostró un par de cortos y me pareció que estaba bueno. Fue una decisión un poco a la inversa, escribimos el personaje pensando en él. Después el resto salió de casting, y fue la premisa tratar con chicos que no sean actores conocidos. En ese sentido había una película española en ese entonces que me mostró el asistente, pero no me acuerdo cómo se llamaba. Una película que tiene el tema este… “Si me das a elegir…” (tararea “Me quedo contigo”, por Los Chunguitos). Es una película que fue bastante famosa en su momento, también con chicos medio lúmpenes… (se refiere a Deprisa, deprisa, de Carlos Saura, del año 1981).

(Respecto del momento histórico) “Esto lo filmamos en junio-julio del ’96, con excepción de la escena del obelisco, y uno no es que está parado mirando el momento histórico, estás como parado viendo lo que tenés alrededor. Y en ese entonces, un poco por nuestra edad y también por cierto espíritu callejero que teníamos en ese momento en particular, y también por tener mucho tiempo disponible, estábamos mucho en la calle. Creo que de alguna manera eso se impregnaba en lo que hicimos. Toda esa zona de Corrientes y Callao, que tenía esa cosa de ser muy bulliciosa pero al mismo tiempo como de grandes contrastes entre el movimiento diurno y lo que aparecía cuando se iban los oficinistas, bandas de pibes, marginales…andábamos mucho por ahí y de algún modo quedó impregnado en la película. Básicamente, eso es lo que quedó. De nuevo, no había intención de plasmar la debacle del menemismo. Pienso, en ese momento hacer una escena sobre una cola de desocupados era una posibilidad; no es que estábamos queriendo denunciar eso, era uno de los escenarios posibles. Son cosas que las ves en perspectiva y te dan como signos históricos, y son hechos cotidianos.”

Foto de Portada: gentileza de Karina Valenzuela