Los ocho más odiados: núcleos para un debate.

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Este Viernes 10 de junio a las 19hs auspiciado por la Escuela de la Orientación Lacaniana, cuyas responsables son Ana Meyer y Diana Valla de Indart, nos pondremos a debatir Los 8 más odiados de Quentin Tarantino en el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires, Av. Las Heras 1833 2 piso (No se proyectará el film). Los siguientes, son los núcleos de mi exposición:

La Historia bajo el acoso de La Ficción.

Con los ocho más odiados (8+) Quentin Tarantino (QT)  ha construido su película más caótica y más compleja. Ya en  perros de la calle, su film inaugural, mostraba sus preocupaciones formales con la sincronización de flashback generando un flujo temporal  entre el presente y el pasado de la historia, movimiento que también está en 8+ pero está vez obró como si tuviera mucho entre manos y nos lo tirara todo a los ojos desde una desmesura narrativa que asombra.

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La Cosa (LC) vs 8+: Homenaje by Tarantino

Todos los críticos han remarcado lo que ya Tarantino había  explicitado: que 8+ es de alguna manera un homenaje al film  La Cosa (1982)  de John Carpenter, desde los inicios y los cierres, desde el mismo personaje (Kurt Russell) desde el tono  y el responsable de la música (Ennio Morricone) el clima tanto en  lo externo (la nieve y el aislamiento) como lo interno (paranoia) y algunas perlitas más que podemos agregar como dos personajes laterales y secundarios, con gran similitud en lo físico, como Thomas Waites en La Cosa y James Park en 8+, pero… ¿Qué tipo de homenaje es el que hace Tarantino?

Tarantino no realiza solo una cita o una imitación de escenas ( que puede ser literal o paródica como hacen los Coen en  Salve César) del film de Carpenter,  hay una consideración dinámica de un film a otro, como si estuviera dialogando activamente con la cinta de 1982 donde todo cuenta cómo el paso del tiempo de un Russel a otro Russel que en LC es un antihéroe, desconfiado, joven y escéptico pero en los 8+ es un antihéroe desgastado, algo escéptico y algo ingenuo.

Si hablamos de la música QT en principio encargó tres tracks  que Morricone había compuesto originalmente para La Cosa, rechazadas en su momento por Carpenter, como “Eternidad”, “Desesperación” y “Bestialidad”, que ocupan un lugar destacado en una de las escenas más impactantes y luego confeccionó los tracks complementarios.

Tarantino (como lo hiciera en el aspecto actoral con Travolta y Pam Grier)  sabe cómo recuperar aquello que la Industria deshecha,  como si fuera un elegante Cartonero de Hollywood Boulevard Tarantino busca puerta por puerta, estudio por estudio lo que otros no utilizan como si postulara un uso compartido de todos los recursos, como si la industria se pudiera mover en una economía solidaria y cooperativa que incluya  actores, climas, conceptos y soundtracks, así Tarantino se vuelve Warhol en su afán de retratar lo Pop, limando el espesor del mármol en el que estuvo esculpido del concepto de autor, quedando subsumido en lo colectivo, en un anonimato lleno de luces. La historia del cine para QT es un eco que no cesa…

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La mercería de Minnie

Dice QT en una entrevista a la revista dominical del Diario La Nación…  en la primera versión del guión -fueron tres en total-, la cruz estaba al inicio del segundo capítulo. Pero quería empezar la historia con una imagen contundente y fue ganando fuerza ese cambio. Obviamente es un Cristo, pero se parece más al Iván el terrible de Eisenstein, como si un vikingo de hace miles de años hubiera pasado por Wyoming , donde transcurre el western, y tallado el Cristo en un árbol antes de seguir su viaje hacia Noruega.

Esta brillante microficción fantástica es una clara referencia con el desesperado científico noruego de La Cosa que abre el film disparando al perro cuyo cuerpo es ocupado por un extraterrestre cuya advertencia no es entendida (no saben noruego) por los habitantes de la base científica norteamericana. En los 8+ ese Cristo de madera con un Jesús nórdico es también una advertencia, un aviso, un límite que indica el inicio de un espacio del que nadie saldrá vivo: la mercería de Minnie.

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La mercería es una posada especial, no tiene cuartos y es como un parador de camas y mesas amontonadas donde se puede comer además de golosinas en frascos como si fuera uno de nuestros viejos almacenes de ramos generales. En ese lugar se pueden tejer alianzas políticas e ideológicas increíbles para la época histórica en la que se encuadra el film (inmediatamente del fin de la guerra civil, alrededor de 1870/75), alianzas que solo son posibles porque la mercería de Minnie no es un lugar fáctico, es una metáfora de cómo funciona la ficción, es una síntesis de la poética de Tarantino donde la ficción es libre de cambiar la historia y de ofrecer a la ética de lo aceptable una ética de la creación sin restricciones, una bocanada de aire fresco a tanta ideología de lo políticamente correcto.

En la mercería de Minnie ya no e posible la ingenuidad (recordemos que Minnie es la novia de Micky Mouse)  ni la bondad (el “Dulce” Dave otro de los propietarios que muere) y donde se exponen los limites inciertos entre Justicia y Sadismo, ley escrita y ley fronteriza concentrada en el personaje de Samuel Jackson (“Marquis” que hace recordar a Sade), tensión irresuelta en toda la filmografía de Tarantino.

Al final, el blanco y el negro, el esclavista y el abolicionista, establecen un pacto donde la ficción coagula las diferencias ideológicas y acosa la versión oficial de los hechos históricos, donde la ficción ejerce con toda libertad su derecho a construir su historia, donde el continuo del presente se mofa de un pasado estancado.

 

La carta fraguada: Mentira la verdad

La película abre y cierra con la carta con la cual se presenta el mayor Warren, es una carta supuestamente escrita por Abraham Lincoln donde muestra sus vínculos con Warren como héroe de la guerra civil. John Rut ejerce la lectura de la misma en silencio y con fruición en el viaje hacia la posada y solo comenta la parte final  (“Mi Mary todd está llamando, así que debe ser hora de dormir, Respetuosamente Abraham Lincoln”) emocionado, John Rutt valida como verdadera esta mínima epístola que certifica la relación entre ambos. Cuando Cris  Mannix la cuestiona en la mercería, Marquis asume su engaño. Ese debate sobre la verosimilitud  está emparentado con la relación de la ficción con la historia, la ley y la verdad.

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No es casual la elección del estado de Wyoming donde están tanto la mercería como Red Rock, lugar que varios grupos de indios americanos habitaron (arapahos, lakotas y shoshones)  y que luego de dezmados pasó sucesiva y sangrientamente a manos de españoles, mexicanos y norteamericanos, siendo ese legado de razas, cultura e historia el que absorberán los conflictos de la guerra civil, momento histórico elegido para el desarrollo de la historia.

No es nuevo en la literatura y el cine norteamericano este palimpsesto de sangre, sino recordemos que el maldito Overlock Hotel de la novela (King)  y el film (kubrick) El resplandor está construido  sobre un cementerio indio (operación que Stephen King repetirá en su novela Cementerio de animales), y esa también es una operación que Tarantino realiza enfrentando, mezclando y  canibalizando ambos films

Palimspesto y antropofagia son las dos operaciones que  privilegia Tarantino para trabajar su cine en relación con la historia del cine, no de cualquier cine sino del que le gusta, del que mastica, del que pega y recorta, del que se mofa y homenajea en ese universo diverso del que se siente tanto espectador como actor.

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Como vimos la mercería de Minnie es como la “tiendita del horror” donde los personajes se verán retirados del flujo histórico, ideológico y moral, donde la ficción no es utilizada ni como recreación ni como pedagogía de la historia real  porque la ficción produce su propia historia.

La carta es leída completamente al final en un contrapunto con el cuerpo ya muerto, ya ahorcado de Domergue para mostrar que la ficción es la verdadera ley en la que cree el film, en eso centra toda su ética, no hay ley del más fuerte que impere, no hay legalidad ni ideales por los cuales morir y matar, no hay justicia poética solo el placer (en su más amplio y contradictorio sentido) de contar e inventar historias.

Parafraseando libremente a Marx la carta se lee dos veces una como real y sensible y otra como parodia y diversión macabra, acto final y síntesis donde la cosa, Los ocho más odiados y su libérrimo concepto de ficción emparenta a Tarantino con el mejor cine.

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