“Siempre elijo escribir lo que quiero”, entrevista a Selva Almada

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La escritora entrerriana Selva Almada se encuentra transitando el camino de las letras desde hace años; si bien nació en un pequeño pueblo, se trasladó a Paraná para estudiar, y actualmente vive en Buenos Aires. En su haber encontramos libros como Intemec (en formato electrónico), Una chica de provincia (2007), Niños (2005) y Mal de muñecas (2003), además de la participación con sus relatos en varias antologías. Pero fue a partir de la novela El viento que arrasa (2012) que comenzó a despertar la atención de la crítica. Desde entonces sus publicaciones no dejan de cosechar lectores y su nombre ha logrado una firme posición en la literatura argentina, aunque hace tiempo también trasciende fronteras.

Hay quienes han comparado distintos aspectos de la prosa de tus relatos con la de Horacio Quiroga o Juan José Saer, ¿vos con quiénes te sentís identificada?

Leí a Horacio Quiroga desde chica, los Cuentos de la selva me encantaban… y lo redescubrí de más grande, ya en la facultad, con libros como Cuentos de amor, de locura y de muerte, así que es un escritor de quien me siento muy cercana, su universo me resulta familiar, me gusta sentirme parienta suya.

¿A quiénes lees actualmente?

Trato de leer todo lo que me da curiosidad, como siempre. Pero también leo cosas que me recomiendan mis amigos o que se recomiendan en Facebook. En este momento estoy leyendo al escritor boliviano Maximiliano Barrientos.

Al ser más conocidos muchos autores terminan tomando una veta más comercial a la hora de optar por un tema, ¿vos cómo decidís sobre qué escribir?

Trato de mantenerme enfocada. Que a un escritor o a un libro les vaya bien o mal es algo muy azaroso, que no tiene una receta, que escapa a toda previsión, me parece. Hoy mis libros pueden tener un lugar en la literatura argentina y mañana no, mañana puedo no tener lectores o tener muy pocos como tuve gran parte de mi vida como escritora. Entonces todo es tan relativo, tan frágil, que siempre elijo escribir lo que quiero y cómo quiero.

Entonces, el que tu nombre haya tomado más peso en nuestra literatura no te influye en cómo encarar un tema.

No, trato de que no. Por supuesto las condiciones en las que escribo ahora no son las mismas de hace cinco o seis años atrás, pero trato de que la cosa siga siendo entre el texto, entre el mundo de esos personajes, y yo. Sin pensar en los lectores, ni en los editores, ni en la circulación o no de ese texto, en si llega o no a publicarse.

Después de la publicación de Ladrilleros en 2013, Selva nos sorprendió con una propuesta distinta a lo que nos venía ofreciendo; a partir de tres casos de femicidio, que tuvieron lugar en el interior, presentó Chicas muertas (2014), una novela de no ficción para la que realizó un arduo trabajo de campo previo a la escritura. Este libro fue declarado de interés por la Cámara de Diputados de la Nación; sin embargo, una senadora chaqueña presentó en su momento un proyecto en repudio de esta obra, el cual no prosperó y cuyos motivos nunca quedaron del todo claros. Al preguntarle a la escritora sobre su primera sensación al conocer esta situación, nos dice: “La sensación fue de asombro, de verdad me pareció tan absurdo”.

En El desapego es una manera de querernos (2015) que incluye relatos que se habían editado con anterioridad, al margen de las correcciones que pudiste hacerles al crecer como escritora, ¿te seguís encontrando en tus viejos relatos?

Sí, me sigo encontrando en esos relatos y es por eso que decidí volver a publicarlos. No me pasó con ninguno de ellos decir: ¡¿cómo pude escribir esto?! De haberme sucedido, no lo hubiese publicado seguramente. Pero no me pasa en general con mis textos, creo que cada uno tiene las limitaciones, las dificultades y los aciertos del momento en que fueron escritos y me gusta respetar eso. Una vez que un relato se publica y empieza a circular ya no hay nada que se pueda hacer.

¿En qué ramas de la literatura, a las que aún no hayas llegado, te gustaría incursionar?

Supongo que hay muchas a las que no llegué, pero no hay nada en este momento que me convoque más que la narrativa. Ahora estoy incursionando en el guion y está resultando una experiencia rica y llena de problemas por resolver, y eso a veces me atrae y a veces me mortifica. Pero lo que siempre quiero es escribir narrativa.

¿Cómo aprovechás las redes sociales en tu profesión?

Solamente tengo Facebook y me sirve sobre todo para difundir los libros o las presentaciones (ciclos, charlas, lecturas) y los talleres. Y también lo uso mucho para plantar mi bandera feminista, la lucha a favor de la legalización del aborto, la denuncia de la violencia contra las mujeres.

Si todo sale como te gustaría, ¿cómo te ves de acá a algunos años?

Ni idea. Pero me gustaría llegar a vieja.

¿Sos quien querés ser?

Yo quería ser escritora y soy escritora, así que podría decirse que sí.

Indudablemente, Selva Almada es una escritora en constante ascenso, y aunque muchos no podemos imaginarla lejos de ese oficio, atrapándonos continuamente con sus nuevos relatos, revela que trabajó muchos años como data entry en el Hospital Ramos Mejía y que “lo pasaba bastante bien”. Ante un hipotético “¿quién serías si no fueses escritora?”, responde: “Tal vez sería data entry. No lo sé. Pero seguramente sería lectora que es lo que me sigue gustando más que nada en el mundo”.