“Todo texto presenta una resistencia a la representación”, Emmanuel Medina

0
0

Con dramaturgia de Emmanuel Medina y dirección de Fermín Varangot, Todo lo que existe: una comedia de estados se presenta los sábados en El Extranjero. Gastón, estrella de rock reconocida a nivel mundial, yace en una cama rodeado de máquinas que lo mantienen con vida. A simple vista, duerme plácidamente. María, su novia; Raúl, su representante; y la enfermera Inés esperan que se mejore.

 Emmanuel recorre desde la génesis de su escritura hasta lo que significa llevar una obra a escena.

¿En general, ¿cómo es tu proceso creativo?

Siempre escribo a partir de un estímulo. Puede ser una imagen, cierta situación que me cautiva de manera inexplicable o algo que escuché al pasar en la calle. Ese estímulo concreto conectó singularmente con alguna vivencia, una canción o una lectura, con algo dentro mío que aún no tiene forma clara. Siempre en algún lado aparece un personaje portante de una historia producto de una imagen de actualidad. Siempre aparece una imagen, una situación o varios cuerpos ocupando un espacio, un lenguaje, una forma. La escritura trata de esa extraña negociación con la palabra. Se parte de una imagen que todavía es imposible de nombrar de manera clara,  hacia una traducción en palabras, gestos, musicalidades, etc. Se parte de lo todavía informe hacia el lenguaje.  Explorando la trama de esa materialidad pormenorizadamente para entender qué es lo que ahí, en ese campo de batalla imaginario, sucede. Este nuevo mundo producto de materialidades diferentes crea realidades, un conjunto de estímulos que producen una escena. Pide un conjunto de otras escenas con las que comunicarse, con las que diferenciarse y progresar de manera vital. Nunca hay un principio sino varios.

¿Cómo surge esta historia alrededor de un cantante de rock?

El filósofo Walter Benjamín tiene una frase que a mí me clavó un aguijón. Es obvio que su obra contiene un montón de frases increíbles de un poder de concreción apabullantes. Su escritura es una  suerte de conjunto de mecanismos en continuo movimiento que no permite ningún maridaje perfecto entre lo conceptual  y lo poético. Y es precisamente ahí, en esa fisura comunicativa que exuda lo político. Me encontraba leyendo uno de sus libros, cuando estaba buscando materiales para escribir algo, y me topé con ella. Parafraseándola muy rápidamente, la frase decía y dice que, entre los estímulos que nos forman, hacen y constituyen cotidianamente en la experiencia moderna de la ciudad, las melodías de moda son el mejor ejemplo: se aprenden y tararean a pesar nuestro, de manera inconsciente.

Lo anterior hizo que enfocara algo de mi trabajo hacia ese lado. Quería indagar algo del proceso de producción de la música en la actualidad. Paralelamente, me impresionaron diferentes fenómenos que se dieron tras la internación de Gustavo Cerati. Sus fans, su madre, todo el consenso que se construía alrededor de la posibilidad de que despierte, pasado el año y medio, no cesaban Y cada vez me cautivaba más pensar el estado de coma. Lo veía como un espacio, como un tipo de estado, como un modo de vida. Me preguntaba jugando esto metafóricamente. ¿Qué grado de conciencia o inconsciencia tendría? ¿Seguiría siendo el mismo? ¿Qué pasaría  si mañana despierta? ¿Qué nos traería de aquel momento? ¿Su pensamiento –por llamarlo de algún modo– estaría detenido o por el contrarío saltaría por diferentes momentos como un disco rayado? ¿O es que el estado que nosotros experimentamos como el punto de corte de una vida, su discontinuidad en la continuidad de lo vital necesario, que burdamente podríamos llamar una “pausa”, en realidad es un punto de luz, de revelación, donde el artista  estaría creando su último tema con alguna experiencia traída desde el otro lado? Toda esta argamasa fue el inicio de la escritura.

¿Qué papel juega el humor en medio del dolor? ¿Fue algo que tenías pensado de antemano o se fue dando mientras escribías la obra?

El humor se construyó a medida que iba indagando de cerca ese mundo tan particular que resultaba de encontrarse un rockstar en coma, su novia o exnovia o viuda, pobrecita todo tan poco definido para los otros, no así para ella; a lo que se agrega una enfermera, que escapando de quién sabe qué pasado oscuro busca refugio en el feng- shui y otras técnicas curativas, una enfermera que abraza el Oriente como su última posibilidad de salir de la deriva; y finalmente, el representante, que apremiado por grandes deudas económicas y tras una larga relación de amistad con el cantante, confunde la carrera de este con la suya propia. El cóctel, a primera vista cachivache, tenía mucha fuerza para mí. Me interesaba ese contexto de creación para vivenciar diferentes estados de duelo y esperanza; pequeños momentos íntimos en los que se espera que algo pase pero que esto no sucede. Ese grado de intimidad extrañada que constituye hablarle a alguien que no sabemos si escucha, si piensa o si registra algo de ello. Dolor, frustración, esperanzas, pero también humor, en la espera infinita de una posible recuperación, sintiendo al hospital como una especie de nueva casa-oficina, donde todos esperan y viven gran parte de sus vidas. Todo ello en un extremo. Del otro, la pregunta por el coma, sobre qué es el coma, y qué puede llegar a ser el coma, como metáfora, como experiencia real. Mientras las lógicas hospitalarias y las relaciones con el rockstar mostraban su eslabón más frágil para cada uno de los presentes, el coma como un espacio, como un silencio y como pregunta, como pantalla, un punto focal muy duro que consume la mirada de la escena, se afirmaba en otro punto del tablero. El dolor existía pero me interesaba construir algo de la espera, de la soledad de esos cuerpos. Si quería indagar eso y lograr que otras personas me acompañen, debía ser a partir de ambas caras: el humor y el dolor.

¿Por qué lo de “comedia de estados”?

Porque los personajes atraviesan grandes extensiones de su alma muy rápidamente. Se zambullen en momentos de intensidades diferentes, conviven, pero también realizan pequeños rituales íntimos que parecen más una suerte de confesión con ellos mismos que un diálogo verdadero con el otro que está en la cama en coma. Esa presencia fantasmal me interesaba. El otro como una pantalla donde nosotros y ellos proyectan sus mayores, mejores y peores deseos. Me atraía el día a día de estos seres al compartir la habitación. Ahí me di cuenta: El fondo de este drama debía ser una comedia de puertas.

En cuanto a la música, ¿Lucas Fernández trabajo sobre el texto, sobre una idea o vos le pediste algo en especial?

En cuanto a lo musical, surgió posteriormente al texto escrito. De manera consciente el texto no brindaba una señal clara acerca de qué tipo de música debía acompañar la obra. Lucas trabajó por su parte la propuesta musical, y fue Fermín quién seleccionó y dispuso los temas, coordinó esa cuerda.

¿Con qué dificultades se encuentra un dramaturgo una vez que escribió su obra y quiere verla en escena?

Principalmente, se enfrenta a la necesidad de encontrar un grupo de personas que confíe durante un lapso considerado y prudente de tiempo para estrenar y continuar el camino del texto hacia su representación. El camino espectacular se inicia con el director, y luego son los actores quienes que continúan con la traducción de aquella imagen o grupo de imágenes primigenias expuestas en el texto. Es el escenario el que manda ahora, y el texto puede resultar también un problema para aquella traducción. Todo texto presenta una resistencia a la representación. Y está bien que así sea. Otro obstáculo, mucho más grande, es que el hacer teatral es una tarea muy mal remunerada y poco valorada, lo que cierra bastante el espectro. Los subsidios no alcanzan, y su metodología termina yendo contra la creación artística. En algunos casos, tal vez en los textos más íntimos o en aquellos intransferibles, el mismo escritor será su director, en otros, en los cuales se busca la ampliación de sentido, se funda la espectacularidad de otra mirada, donde otra persona estará a cargo, de manera disciplinada o no,  cumpliendo de alguna manera con la tarea del teatro, abriendo su nudo, generando el puente de hipótesis que se abrirán a nuevas miradas.

Funciones: sábados a las 23 h en El Extranjero, Valentín Gómez 3378.