Francofonía

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Aquellos países que hablan la lengua francesa son conocidos como países francófonos. Algunos la hablan por ser nativos, otros por imposición. El título de la última pelicula de Sokurov, reconocido francófilo y con una licenciatura en Historia del Arte, invita a pensar aquí en un amor: el amor a una cultura y una lengua. Partimos de una lengua, entonces, y de un lugar: París.

Justamente, la magia del cine (y a los franceses “siempre les gustó el cine”) convierte a París en un páramo antes de la creación de la ciudad, y el castillo que los parigi plantaron en el mismo espacio en el que siglos después ocuparía otro palacio, convertido más tarde en Museo. El Louvre. El museo más grande y más visitado del mundo.

De aquellos tiempos de la fundación de la ciudad el salto al siglo XX parece natural. La mirada benévola sobre la ocupación nazi tal vez no sea muy simpática pues la protección de los monumentos franceses es vista en Francofonía como el verdadero motivo de la salvación de las obras de arte y la interacción entre dos figuras, la del aristócrata alemán Franz Wolff-Metternich, puesto en diálogo con el director del Museo, Jacques Jaujard.

Es así,  Francofonia pone en el centro el gran arca de la cultura francesa y europea el Louvre, pero no cuenta simplemente su historia. Louvre es a París, lo que el Hermitage a Leningrado, ciudad sitiada por los alemanes con una violencia inusitada. “¿Qué sería Europa sin el Louvre?” ¿Qué sería Francia sin el Louvre?. Se pregunta la voz narradora que habita la película de Sokurov tal como habitó aquellas otras películas dedicadas a los museos “Elegía de un viaje” o “El arca rusa“.

El propio Sokurov aparece en persona tratando de comunicarse con un fantasioso capitán Dirk que transporta en medio de una tormenta un cargamento con obras de arte. Tal como lo podría haber hecho las barcas romanas con los tesoros del cercano oriente, o los franceses con los egipcios, o los ingleses con las de Oriente o las de Africa. En las imágenes de archivo, Hitler se para frente a la Torre Eiffel como Napoleón podría haberlo hecho frente a las pirámides (un pequeño momento sublime de Francofonia es cuando golpea el vidrio de la momia egipcia como si ésta fuera a despertar). Napoleón y Marianne, símbolos del Imperio y la Nación francesa recorren las salas del Louvre repitiendo las mismas frases: “Esto soy yo” y “Libertad, Igualdad, fraternidad” a la vez que guían o son guiados por la voz de Sokurov, de la misma manera que aquel extraño personaje del siglo XIX lo hacía en el Hermitage.

En Francofonía no existe el amaneramiento cinematográfico, la forma del plano-secuencia extremado, que todavía sorprende en el film dedicado al Museo Hermitage y a la historia de Rusia. Aunque tal vez pueda leerse a una como continuidad de la otra,  Francofonia, va más allá todavía. Francofonia es Europa. Europa mirándose a sí misma en sus obras, sus autorretratos, sus esculturas, sus gentes a travesando la historia, pero también la de los objetos “expoliados” de las civilizaciones pasadas: ahí están los lamasus asirios, o los sarcófagos o esfinges egipcias.

Un verdadero ensayo de arte, política e historia en el que Alexander Sokurov despliega su contundente postura personal sobre la Europa actual, tan amenazada y tan castigada pero que nunca termina de hacer ese verdadero mea culpa, tan necesario a esta altura. Cinematograficamente, vuelve a reinventar el cine como en cada una de sus películas.

Próxima función

Jueves 21 – 14:30 h
Village Recoleta Sala: 8