El primer día, instalaciones de Augusto Zanela en el CCR

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Seleccionada por el comité del Centro Cultural se inauguró el martes 17 la propuesta del artista Augusto Zanela. Un universo de juegos ópticos por medio de tres instalaciones de sitio específico basadas en el principio de la anamorfosis. La deformación reversible de imágenes producidas mediante procedimientos ópticos y la construcción de formas que se despliegan y construyen un espacio inmaterial; estimulan al visitante a tener una experiencia interpretativa que involucra su participación corporal.

Charlamos con Augusto sobre “El primer día”

AP: ¿Contanos con qué se va a encontrar el espectador del Centro Cultural Recoleta a partir de mañana?

AZ: El espectador se va a encontrar con tres instalaciones de grandes dimensiones que conjugan luz, palabra, reflexión y color, y que tienen como objetivo primario generar una apreciación significativa del espacio en el cual se despliegan. Hay un juego de momentos en cada obra, de modo tal que el visitante irá descubriendo los distintos componentes que cimientan su sentido, aquellos que finalmente conducen a la idea que da vida a mis trabajos. Me encantaría conocer las experiencias vivenciales del público en las tres obras a través de su registro, para ello habilitamos el hashtag #ElPrimerDia, nombre de la exposición y a la vez parábola del primer momento creativo de la humanidad, eje conceptual de la muestra. También estoy organizando activaciones tales como una entrevista pública con la curadora en la sala y una master class con parte del equipo técnico enfocada a compartir el proyecto en su totalidad, cómo se gestó, cómo se diseñó el montaje, discutir sobre las evaluaciones técnicas que tuvimos en cuenta.

AP: ¿Cómo resolviste en el montaje el tema del tamaño de la sala Cronopios?

AZ: Buena pregunta, porque al ser un espacio cargado de historia y significado, son varias las cosas a tomar en cuenta. Sería necio negar que se desconoce el peso legitimador de ese espacio. Los desafíos fueron de distinto orden: por un lado es la sala donde se llevaron a cabo las grandes muestras retrospectivas de muchos de los maestros del arte argentino, por otro lado sirvió también como plataforma de presentación de artistas internacionales, y en muy pocas oportunidades funcionó como un espacio de experimentación, como un laboratorio de arte contemporáneo. Obviamente, estos desafíos te conducen a asumir decisiones que incluyan una cierta cuota de riesgo. No me hubiera gustado dejar pasar por alto esta ocasión única mostrando obra ya testeada, de eficacia probada. Fue la oportunidad de experimentar con una puesta con el suficiente peso específico como para que invite a la reflexión profunda, pero que sea entendida por todo el público y por supuesto, que las piezas no pierdan entidad al convertirse en obras tan digeridas que se vuelven decorativas o banales. En lo estrictamente instalativo el desafío estuvo en objetivar los procedimientos para cumplir con los tiempos en función de la escala y complejidad de las obras. En relación con el tamaño de la sala, tomé una decisión proyectual que fue incorporarla como materia de base de la obra, como soporte y a la vez protagonista. En lugar de pensar en controlar o reducir el tamaño me incliné por ampliarlo, tratando de llevarlo a su morfología original, despejándolo de añadidos, restaurando y blanqueando las superficies, para finalmente instalar un espejo de magnitudes colosales en uno de los paramentos de la sala, una suerte de amplificador espacial que altera por completo nuestra relación física con un lugar de semejantes dimensiones.

AP: ¿Cual es la relación entre esta propuesta nueva y tu trabajo como curador?

AZ: En esta muestra, donde trabajé con la curadora Adriana Lauria, pude dedicarme casi en exclusiva a la propuesta artística, olvidándome por momentos de tener que encontrar un justificativo al por qué de las obras, y descansar en ella y en el conocimiento que tiene de mi trabajo para que, en el conjunto, no aparezcan como obras caprichosas o inconexas, y que a la vez guarden cierta distancia entre ellas para que no lean como variaciones de la misma idea, para que cobren fuerza en sí mismas. Fue muy estimulante el intercambio de saberes, su vasto conocimiento de la historia del arte aportó mucha información al conjunto de referencias y artistas que investigo para cada obra. Fue, en su totalidad, un grandísimo trabajo en equipo. Todos aprendimos mucho de esta experiencia.

AP: ¿Por qué el título?

AZ: Es el nombre de una lámina que ilustra el “De aetatibus mundi imagines” de Francisco de Holanda. De trata de un dibujo abstracto geométrico que representa el primer día de la creación, cuando Dios dice “hagase la luz” (Fiat Lux)

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