Te amaré locamente, Jorge Fernández Díaz

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Dice Roland Barthes en Fragmentos de un discurso amoroso: ¿Qué pienso del amor? En resumen, no pienso nada. Querría saber lo que es, pero estando dentro lo veo en existencia, no en esencia […] no podré atrapar el concepto más que “por la cola”: por destellos, fórmulas, hallazgos de expresión…. Jorge Fernández Díaz plasma en este libro su intento de atrapar el amor mediante cuentos, relatos y artículos periodísticos. Difícil será encontrar una definición de este sentimiento, pero aquí encontraremos una narración del amor, una aproximación, una perspectiva de las tantas que nos pueden brindar el periodismo y la literatura.

Según leemos en Miguel de Cervantes, en La Galatea, el amor no es otra cosa que deseo; y así, es el deseo principio y origen de do todas nuestras pasiones proceden, como cualquier arroyo de su fuente; y de aquí viene que todas las veces que el deseo de alguna cosa se enciende en nuestros corazones luego nos mueve a seguirla y a buscarla. Es esta persecución la que nos conduce a mil desordenados fines. Sin embargo, no podemos dejar de seguir nuestro deseo. Este libro ofrece tanto relatos sobre el amor como sobre el deseo. Hay algunos que resultan más claramente románticos, pero otros que tratan del amor o el deseo en su sentido amplio, como el amor por el padre, el barrio, los amigos, el deseo de seguir una vocación, de escribir, las pasiones que nos mueven.

Leyendo  los primeros relatos de Te amaré locamente pienso que algunos amores trasuntan una especie de claustrofobia, un sentimiento del que no se puede escapar. Ese espacio donde quedamos encerrados y sentimos que nos falta el aire. Un arcángel Gabriel posesivo y celoso. Una mujer que busca un hombre básico pero enroscado, el padre frustrado que le busca candidato a su hija, las dificultades de enamorarse vía chat,  dos formas diferentes de experimentar la soledad y un hombre perseguido por el espectro de la mujer que ha dejado son algunos ejemplos que dejan ver cómo las situaciones del amor muchas veces parecen no tener salida.

El libro muestra ese ambiguo lugar donde se produce la intersección entre dos seres. Una intersección dolorosa, ardiente, incómoda, supurante, inquietante. Es esa droga que nos puede llenar de vida y entusiasmo, la que cura nuestras heridas o aquella que nos envenena y nos mata. Amores que uno no entiende porqué ni cómo siguen o aquellos que se interrumpen sin causa ni explicación aparente. Te amaré locamente es esa promesa que muchas veces no se cumple y otras veces la locura toma el lugar del amor.

Las Aguafuertes porteñas de Roberto Arlt construían un mosaico de los personajes de Buenos Aires. Las aguafuertes sentimentales de Fernández Díaz son más bien mapas que sugieren cómo se conectan las personas, cuál es el camino para acceder al corazón del ser amado y cómo funcionan las relaciones. Por momentos las vías terminan en la nada y nos dejan frente a un precipicio y por otros surgen puentes insospechados.

El término “aguafuerte” proviene de las artes plásticas y se refiere a una técnica de grabado donde intervienen ácidos. Podríamos pensar que Fernández Díaz también utiliza distintos ácidos para grabar sus pinturas textuales. Estos corroen a las personas retratadas, atravesando sus carnes para llegar a sus huesos. El tiempo de inmersión en los ácidos resulta fundamental para la imagen final; del mismo modo el tiempo de inmersión en la lectura de estos personajes, determinará la imagen que nos formemos de ellos.

Son tres secciones las que componen el libro. Y aquí hallaremos distintos tipos textuales. Entre el periodismo y la literatura; entre la ficción y la realidad, en esa franja indefinida que quizás se esconde en todo texto, del género que sea (porque contar siempre es recrear, poner algo de nuestra imaginación) allí podemos encontrar este libro. Su autor se propone contar la vida privada de las personas y los sentimientos con armas literarias, como dijo en una entrevista. Terapeutas, amigos de amigos, especialistas en coaching le han narrado historias de sufrimientos que podemos ver en estos días.  Hay amores idílicos, otros son tortuosos, otros sencillamente amores digitales que no se concretan.  El autor muchas veces focaliza en personajes femeninos, y muestra que tiene una sensibilidad especial para describirlos.

Muchas de las aguafuertes sentimentales formaron parte de una sección de la revista dominical, que tenía por objeto precisamente indagar historias íntimas de la gente común. El periodista vio el fuerte interés que mostraba el público lector en estos textos, más aún que en los aspectos políticos que él comentaba en sus columnas. Luego de la sección “Aguafuertes y relatos sentimentales”, nos encontramos con “La vida real”, compuesta por columnas al paso de la memoria, del homenaje y de la mirada, como señala Fernández Díaz en el epílogo. Los “retratos de pasión”, por su parte,  revelan vidas de gente célebre, talentosa, controversial y única. En esta jugosa sección podemos leer los retratos muy bien logrados de Galeano, Eliaschev, Serrat, Fontanarrosa, Saccomanno, Sebreli, Aguinis y Sábato.

Al describir las letras de Serrat, el periodista señala: El amor no avanza aquí en línea recta, está lleno de marchas y contramarchas, de estrategias y de miedos, y se malogra por malentendidos.  Lo mismo podría decirse de los textos que forman Te amaré locamente. Serrat asegura en una entrevista: Un cantautor escribe con lo que es, lo que fue y lo que no será jamás, con su autobiografía más personal y también con su imaginación y sus fantasías. Algo de eso sobrevuela esta obra.

Por estos días se dio a conocer una noticia que nos habla de una mujer que, desesperada porque un chico la bloqueó en las redes sociales, puso carteles por todas partes a ver si alguien le brindaba información del muchacho en cuestión a quien nunca había conocido en persona. Este es otro ejemplo más de un amor que nace en el mundo virtual pero no se concreta en el real. Muestra mundos paralelos y contradictorios. Mundos en conflicto. Es una historia de amor digital como aquellas que le interesan a este autor. Y debe haber muchas otras. No puedo dejar de pensar en cómo podría convertirse en un relato de esta antología. Y lo relaciono con una frase de Enrique Vila-Matas: Llevamos siglos separando ficción y realidad con un biombo imaginario. El biombo —gran invento japonés— divide en dos espacios una habitación y nos ofrece la posibilidad de diferenciar las dos áreas. Pero la separación es artificial, puesto que oculta que, de hecho, hay un solo espacio.  

Jorge Fernández Díaz es escritor y periodista. Durante treinta y cinco años fue alternativamente cronista policial, periodista de investigación, analista político, jefe de redacción de diarios y director de revistas. En la actualidad, es columnista político del diario La Nación. Entre sus libros publicados figuran Mamá, Corazones desatados, La logia de Cádiz, La hermandad del honor, Las mujeres más solas del mundo y El puñal. Recibió el premio Konex de Platino como mejor redactor; también la Medalla de la Hispanidad y la Medalla del Bicentenario. En 2012 fue condecorado por el rey de España con la Cruz de la Orden Isabel la Católica.