El oficio de actuar, entrevista a Marina Cohen

0
0

Marina Cohen es actriz y tiene una personalidad de esas que se imponen. La conocí cuando fui a ver Bildungsroman, una muy buena obra escrita y dirigida por Cecilia Propato. Una de esas charlas que se arman en los comentarios de Facebook fue el germen de esta entrevista en la que Marina nos cuenta sobre un oficio tan noble y tan apasionante: el de actuar, siempre y más allá de las dificultades que se presentan a diario.

¿Cuál fue ese momento en el que sentiste que querías ser actriz?

Tenía unos diecisiete años, y una amiga muy amiga me dice: “¿Por qué no estudiás teatro? Con las caras que ponés, es justo para vos eso”. Yo era extremadamente tímida. Hasta el día de hoy siento una extraña timidez en diferentes situaciones de la vida, y se me aparece así, de la nada, casi como un registro corporal de la adolescencia. El teatro sin duda, la actuación, me ha ayudado enormemente a ir superando grandes bloqueos emocionales. Y además, te obliga a sociabilizar, que es hermoso.

A partir de esa revelación, por llamarla de alguna manera, ¿qué camino seguiste?

Bueno, no tenía demasiado a quién preguntarle y por dónde hacerlo. Vengo de una familia de comerciantes y de mucha soledad en la construcción de mi personalidad, de mi camino. Siempre pienso que casi casi soy una autodidacta. Sin embargo, reconozco grandes maestros. Pero lo cierto es que comencé en el Teatro Escuela en San Telmo porque era el único cartel que en mi mente recordaba haber visto de clases de teatro. Y hacia allí fui. Luego siguió un curso muy simpático con Fernando Ciro y Helena Cruz, hasta dar con mi primer gran maestro, Lorenzo Quinteros, quien me dijo en un bar comiéndose un sándwich de manera muy cómica: “Vos, Marina, tenés que elegir si querés repetir el año o pasar. Es como un pintor, que capaz pinta un cuadro en una noche o al cabo de varios años termina su cuadro”. Y yo le pedí de pasar de año a Lorenzo. No quería repetir. Yo quería pasar el año, y empecé con todo, sin pruritos, o por lo menos, lo menos posible. Y me calcé un jogging amarillo fuerte con dibujitos para mi personaje de sainete.

Ahora que tenés un camino hecho, ¿sentís que hay cosas que deberías haberlas realizado de manera diferente?

Estoy muy contenta con mi propio camino. Lo tracé yo, con intuición, casi como quien toca de oído, con muy poca información previa. Y eso en el fondo me hace enormemente feliz. Me tengo a mí. Siempre me tengo a mí.

¿Qué papel fue el que más satisfacciones te dio?

En general disfruto todos y cada uno de los papeles, pero el hecho de hacer repetidas veces un mismo personaje en un unipersonal como el que he hecho, donde hago el papel de una vigilante nazi –en Bildungsroman–, me permite recorrer, en la repetición del monólogo y a través de cada una de las funciones, una historia emocional muy particular, una construcción del delirio, del odio, el paso a paso del personaje. Y eso lo disfruto mucho, sumado al hecho de que al estar sola en el campo de juego, puedo administrar mis ritmos y mis energías.

En general, ¿qué método usas para componer un personaje?

Es un método muy caótico, entre imágenes, ropas, peinados, voces, zapatos, formas. A veces necesito el modelo en la realidad, y voy a eso que conozco, a esa persona que vi, que conocí y de la que por algún motivo recuerdo su forma de hablar, de asociar, de moverse, de ver el mundo; veo qué me sirve a mi personaje. Por ahí también recuerdo la mirada de alguien que me llamó la atención, su tristeza, por ejemplo, su tensión en los ojos. Y desde ahí construyo. Muchas veces busco verdad en mis experiencias. La observación es una herramienta poderosa para actuar. Y también siempre el sacudón antes de entrar a la cancha, despertar el cuerpo, cachetearlo, decirle “vamos, vamos que hay que salir para afuera”, sino uno se queda adentro, en un lugar melancólico. Y como me dijo un maestro, la melancolía no ayuda nada para actuar.

¿Consideras que estás encasillada en ciertos papeles?

No exactamente eso, pero sí cuesta que se vea todo el abanico de posibilidades expresivas y, por lo tanto, de personajes, que daría uno. Hay prejuicios, por supuesto, en este ambiente como en todos, solo que en este parecería que atentan directamente contra uno, pero yo trabajo mucho para ir superándome yo misma en mis propios límites, y aceptar con mucha felicidad y pasión y entrega cada laburo que me dan.

Lo digo pensando en tu presencia tan fuerte, en esa imagen tan potente que transmitís.

Sí, sé que doy algo fuerte, siempre me tocan mujeres fuertes, pero siempre cada persona tiene sus debilidades, sus tristezas, sus fisuras. Y me encanta jugar en esos límites, en esas dualidades, en esas polaridades. Me fascina meterme casi donde más duele o en las zonas oscuras si el personaje da para eso. Si no, capaz son personajes más inocentes, y el vuelco es otro. Depende cual sea el tránsito del personaje, el recorrido. Lo asombroso en esto es que con un gesto, con una mirada, puedas contar tantas cosas. Y ahí se abren mundos imaginarios en el que ve, mundos posibles, identificaciones. Es muy conmovedor lo que se puede dar de ida y vuelta con los espectadores. Y eso en todos los lenguajes. La risa es poderosa también y la empatía.

 En general, ¿tienen los actores cierta “rareza”, por llamarla de alguna manera?

Bueno, lo que tenemos es como ganas de que nos vean, de ser mirados, ese en nuestro aspecto más  narcisístico. No obstante, yo me río mucho cuando voy a los castings y en las presentaciones detecto que un compañero o una compañera habla de más, se pasa como del tiempo estimado para una simple presentación. Me genera simpatía, un poco de risa y también me digo “bueno, necesita que lo vean, que lo escuchen, decirle al mundo que es actriz, actor, que hace cuánto tiempo que lo es”. Esta es una profesión muy dura. Yo siempre digo que hay que estar preparado, entrenado para un “no”. El “sí” es más fácil, siempre es halagador. Pero el “no” hay que trabajarlo, hay que autoalentarse para la próxima vez, para el próximo casting, sin que eso no sea el bajón de nuestra vidas. Porque el “no” parece ser que para nosotros es un no a tu persona, un no a tu cuerpo, a tu cara, a tu tono de voz, y en realidad hay que entender que les cierra más otro physique du rôle, y es solo eso, sacarle importancia al hecho de no ser elegido. Y además jugamos con la realidad de que somos muchos actores, y a veces no hay tanto laburo.

¿Puede un actor en la Argentina vivir de la actuación o de alguna actividad que se conecte, o hablamos de una utopía?

El laburo del actor es buscar permanentemente laburo; entonces siempre es barajar y dar de nuevo. Paro esto hay que tener mucha fe, y si no sale fácil, hay que arreglarse con otros laburos a la par, ingeniárselas, hacer rompecabezas para poder tener tiempo para actuar y no estar diez horas adentro de una oficina. Y tener algo de guita. No es nada fácil. Siempre me acuerdo cuando yo laburaba diez horas en un shopping, y como lo hice durante muchos años y a la par hacía castings, a lo último cerraba y me escapaba a los castings. Un día me olvidé el local abierto lleno de camperas de cuero. Me quería morir porque yo era la encargada y la responsable del local. Por suerte, no entró nadie. Yo digo que esta es una carrera solo para valientes, para resistentes. Y el querer vivir de esto también es un enormísimo desafío. De todas maneras creo que hay que estar creativo y abierto para ir encontrando el propio camino en esto también de vivir de la profesión.

¿Con qué proyecto estás ahora?

Estoy intentando escribir un monólogo para un actor, para luego dirigirlo. Tarea nada fácil, si bien me encanta escribir y siempre tengo una mirada personal y crítica de los textos: siempre me digo esto debería ser así o asá. Y la dirección también me gusta.  Hay muchas formas de ser actor, actriz. Yo estoy atrás de la forma que me permita moverme cada vez con mayor libertad, independencia, aunque más no sea de manera utópica. Es bueno siempre tener una opinión propia, ya sea a la hora de crear, de ser dirigido. Siempre aceptando roles, pero con opinión. Y eso a veces cuesta, pero bien vale la pena. Y al jugar otros roles también entendés de cerca sus propias problemáticas. Y ahí aprendes un montón. Por eso digo que en esto hay muchas formas de hacer, y uno tiene que permitirse buscar cuál le va, y a veces hay proyectos que no llegan a la realización con uno. Y otros sí. Entonces, vas adquiriendo mucha independencia en el pensamiento.  Y esta profesión siempre es como uno ve el mundo desde lo que manda, desde lo que parcializa, desde lo que ve. Siempre hay opinión y  una mirada del mundo.

Marina Cohen es actriz y profesora  de actuación en el Centro Cultural Borges. Se formó con Lorenzo Quinteros, Ricardo Bartis, Julio Chaves, Pompeyo Audivert, entre otros. Sus últimos trabajos en teatro fueron  Bildungsroman, díptico unipersonal escrito y dirigido por Cecilia Propato. En cine pronto se estrena El muerto cuenta su historia de Fabián Forte, y en televisión trabajó en From the Shadows, de Productora Primo. Como disciplinas complementarias, estudia y entrena Flamenco y Dramaturgia.