Odiseo confinado: “un testimonio de la creación artística”, entrevista a Rubén Ríos

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Odiseo confinado de Leónidas Lamborghini se puede ver todos los viernes en La Ranchería. La obra es una adaptación del filósofo, docente y crítico cultural Rubén H. Ríos, quien además fue amigo de Lamborghini.

Desde la filosofía pero con una mirada netamente teatral, Rubén no solo nos habla de la obra, sino también de su estética y de su puesta en escena.

Fuiste amigo de Leónidas Lamborghini, ¿qué recuerdo tenés de esa amistad?

Sí, fui amigo de Leónidas durante muchos años, desde 1982, cuando visitó brevemente la Argentina. En esa oportunidad me quiso conocer porque yo había publicado una nota sobre poesía argentina en la revista Primera plana en la que elogiaba su obra y afirmaba que era una poética de referencia de los jóvenes poetas. Esta nota para Leónidas fue muy importante porque le llegó en un momento, cuando estaba en México, donde creía que había sido olvidado. Así que eso marcó un poco nuestra relación amistosa, ya que él me llevaba varios años. Además yo he escrito varias veces sobre la obra de Leónidas. En general, nos encontrábamos a conversar en su casa, o en algún bar, sobre todo de poesía y de literatura, y también de política. A veces me leía lo que estaba escribiendo y me explicaba qué quería conseguir. Amaba el oficio de poeta. Con la filosofía mantenía una relación ambivalente. Sospecho que el parágrafo 223, si mal no recuerdo, de Más allá del bien y del mal le confirmó lo que pensaba acerca de la parodia en nuestra época, pero de fondo no le interesaba la filosofía sino como material literario. Me acuerdo que, cuando publiqué mi libro Ensayo sobre la muerte de Dios, lo leyó y cuando nos encontramos en una café para comentarlo, agitando el ejemplar que le regalé me dijo: “No entendí nada, pero ¡qué música!”.

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¿Qué te atrajo de Odiseo confinado como para decidir trabajar con esta obra?

En primer lugar, fue un pedido personal que me hizo Daniel Di Cocco para que adaptara el Odiseo confinado para él como actor. Pero, aparte de eso, lo cual me facilitó mucho la adaptación teatral, me interesó mucho del Odiseo el juego de Leónidas con su propia muerte (el personaje es un fantasma) y con el significado de su obra, aparte de algunas parodias especiales que hay en el poema. Es decir que me atrajo mucho la reflexión que hay en el poema acerca del oficio de poeta como proyecto vital y, en ese sentido, como un testimonio acerca de la creación artística.

Odiseo Confinado 1B

¿Cómo fue tu propio pasaje de la filosofía al teatro?

Como dirían Deleuze y Guattari, se trata del pasaje del concepto al percepto. En el caso del teatro, del concepto a las imágenes teatrales: personaje, situación, acción, ámbito escénico. A ellas se debe subordinar el concepto, de ellas debe investirse. Como me ha enseñado Ricardo Monti, con quien hice un taller de dramaturgia ya hace muchos años, la imagen es lo esencial. Con el Odiseo, en todo caso, hice el camino inverso al ir del concepto a la imagen y no de esta a aquella. Un gran maestro de este pasaje es Sartre, cuyo teatro es una viva ilustración de su teoría dramática. Y, sin duda, Brecht que, aunque no era un filósofo, era un pensador marxista del teatro. Además, el Odiseo es una muy evidente exposición de la poética de la parodia de Leónidas, una poética a la que le dedicó muchos años de estudio y práctica.

 ¿Cuál es el público en el que pensaste al adaptar Odiseo, pensando sobre todo en la complejidad del texto?

Hegel en las Lecciones de estética dice que lo que menos importa en el género teatral es el público o, mejor dicho, el gusto del público. Afirma esto porque, para él, un texto teatral vale por sí mismo, sin necesidad de representarse, y también porque tiene un alto concepto del teatro. Hegel piensa, por decir así, que su función es la elevación de la sensibilidad del público. La verdad es, al  hacer la adaptación del Odiseo, no me preocupé del público al que se dirigía. En esto, si se quiere, hay un gesto vanguardista a la vieja usanza, pero la obra de Leónidas pertenece a la alta modernidad y, como tal, propone una estética de muy difícil asimilación por la cultura de masas. Sin embargo, la poesía de Leónidas es profundamente popular (que es necesario distinguir de la masividad), no sólo por el uso del lenguaje sino principalmente por el pastiche, por la mezcolanza, que realiza con los estratos de la cultura.