María Pichot: violencia obstétrica e Historia del Arte

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María Pichot es una artista que vive y trabaja en Buenos Aires, que ha logrado unir dos de sus áreas de trabajo, esto es, la práctica artística con su trayectoria a favor del parto natural y en contra de la violencia de género, resultando un caso muy interesante de artivismo.

Por ello presenta en el Museo de la Mujer la exposición: Nada, que la señora quiere tener un parto natural. En ella presenta dibujos, videos, objetos e instalaciones, donde desarrolla la problemática cotidiana de estos casos especiales de violencia de género que se conocen como violencia obstétrica. donde, entre otras, la episiotomía o la cesárea es un fenómeno normal. Lejos de respetar los tiempos del cuerpo de la mujer, en muchos casos, y por cuestiones de tiempos hospitalarios o del propio profesional que atiende el parto, se procede a interrumpir la lógica de los tiempos corporales, de la propia fisiología de la mujer, para provocar el nacimiento, optimizando tiempos y también costos, en un claro manejo de poder.

Como ella misma dice de estas grandes divas que ha construido la iconografía central de la historia del arte y de la cultura, se trata de presentarlas esta vez como a tantas “lindas chicas, mutiladas por el patriarcado, ¡que encima nos hace creer que es por nuestro bien!

La Venus de Boticelli sale de las aguas con uan cesárea.
La Venus de Boticelli sale de las aguas con uan cesárea.

También la artista refiere que, ante sus trabajos interviniendo mujeres de la Historia del Arte, la gente suele decirle: pobrecita, ¡no le hagas eso!, evidenciando la contradicción inherente a soportarlo como práctica usual pero no poder verlo en los estereotipos culturales sino sólo como una agresión al cuerpo. Esas mujeres además, constituyen todo un tema en la emergencia del lugar de la mujer en la Historia del Arte, según nos enseñan las Guerrilla´s Girls (con quien esta artista, doy fe ampliamente como facilitadora de muchos cursos sobre Artistas Mujeres que la han tenido a María en primera fila), guarda potentes filiaciones.

El caso de su intevención en la pintura de Gustave Courbet, El Origen el mundo (1866) es una muy interesante apropiación de una obra paradigmática del arte francés, que ha recorrido además un largo camino (uno de sus propietarios más ilustres fue Jacques Lacan).  Hoy, en su destino final, el Museo del Orsay parisino, lejos de ser una obra de pared, decorativa, es, como lo demuestra la misma María Pichot, una línea de fuga continuamente revisitada por las artistas más críticas, como es el caso de la acción realizada por Debora de Robertis, que constituye una de las notas más leídas de Leedor.

La exposición de Pichot, tiene una vigencia increible, desde múltiples lugares: como espacio de visibilización de una problemática de violencia de género que no es la usualmente considerada por la urgencia que impone el feminicidio, por su ausencia total en los medios de comunicación basura que caracterizan a nuestras sociedades, por tratarse de una institución poderosa si las hay, que opera desde secuestros y disciplinamientos corporales muy difíciles de deconstruir… Pero además, y desde lo fundamental, porque opera en la lógica de las prácticas artísticas, la crítica institucional dentro del museo, la relación arte/vida que María Pichot parece encarnar, como excelente dibujante que es, fiel al eslogan de nuestros feminismos, sosteniendo, más que nunca, que lo personal es político.

La muestra puede verse en Pje Rivarola 147 (alt. Bme. Mitre 1300), CABA, los días martes a sabados de 15 a 20 hs.