El escenario como un espacio litúrgico, entrevista a Osqui Guzmán

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El Bululú. Antología endiablada, escrita por Leticia González de Lellis y Osqui Guzmán, celebra su décima temporada con dos funciones semanales en TIMBRe4.

La obra se estrenó en el Teatro Nacional Cervantes en el 2010 y desde 2014 hasta la actualidad  viaja por las provincias auspiciada por la Fundación Osde. El espectáculo recibió premios ACE, dos Estrella de Mar, Konex, Vilches, dos Teatro del Mundo y de la Escuela de Espectadores. También estuvo nominado a los premios María Guerrero, Florencio Sánchez y Trinidad Guevara.

Osqui Guzmán –de larga trayectoria teatral– relata su emotiva relación con el El Bululú de Vilches y nos cuenta sobre su obra.

¿Qué ejes temáticos recorren El Bululú. Antología endiablada?

El tema principal que atraviesa este Bululú es la herencia del oro. Este tema se desparrama sobre las circunstancias en que me hice actor y conocí El Bululú de Vilches con esos textos del siglo de oro español, que resulta ser el oro y la plata que se llevaron de Bolivia. Bolivia, mi cultura heredada, donde todo lo que falta reluce como el oro, el oro es cultural. Pero la mayor herencia que puedo recibir de mis padres es la del trabajo. Mis padres, costureros, me enseñaron a coser memoria; mi madre me enseñó a darle terminación a la obra, y mi padre me rescató del rencor y la desesperanza. El Bululú es un espectáculo que heredo.

¿Qué te marcó de aquel Bululú de José María Vilches?

Lo escuché en un casete grabado del disco. Me alucinó escuchar esa voz, con esos textos, con el público en vivo que se reía o se callaba a cualquier inflexión de la voz de Vilches. Era mágico.

¿A qué atribuís la permanencia de la obra durante 10 años?

No podría decir por qué el público la sigue eligiendo. Me gusta pensar que se mantiene y afianza su relación con los espectadores porque es un trabajo honesto, pleno de autenticidad e intimidad. Me vale hacerlo porque me juego la vida en él, y el escenario se transforma en un espacio litúrgico. El que escribe esta obra es la memoria del espectador en un espacio atemporal que identifica con sus propios dramas, sus confusiones y sus esperanzas.

¿Cómo es la experiencia en las provincias? ¿Notás alguna diferencia en los públicos?

Siempre lo dije. En Buenos Aires el público se sienta en la butaca, cruza las piernas o los brazos o se recuesta en el respaldo o se queda quieto como en peligro. Los veo como animalejos castigados, esperando algo bueno de la noche que comienza con el apagón y se despierta con el primer tacho de luz que se enciende. En cambio en el resto del país, el público está de fiesta en el teatro, esperando la primer señal para comenzar a reír a aplaudir a festejar.

Más allá de los premios como reconocimiento, ¿qué valor les asignás vos en tu carrera considerando la cantidad que recibiste?

Cuando hacía kung-fu, yo había ganado mi primer torneo, saliendo en el primer puesto en competencia de formas, y no volví más a la práctica durante ocho meses. Al regresar a la clase, mi maestro me sentó en una silla y me dijo: “¿Usted que quiere ser, un buen competidor o un buen artista marcial? Tenía que definirme. Yo lo mire temeroso y le dije: “Un buen artista marcial”. “¡Menos mal! –me dijo mi maestro–.  Porque un buen competidor solo consigue esto –y en ese momento abrió un armario lleno de trofeos que él había ganado, y que estaban llenos de moho y retorcidos por el tiempo–: plástico y piedra, de eso están hechos. En cambio, ser un buen artista marcial es una tarea que lleva toda la vida”. Los trofeos o los premios no son el camino para mí, sino pequeñas luces al costado de este.

Teatro Timbre 4: México 3554 | Tel. 4932.4395 | CABA; Funciones: Viernes 21 y 23 h (Sala México); Facebook: El Bululú. Antología endiablada; hasta el 24 de junio.

Trailer: http://bit.ly/1oBVicH