Irlanda 1916-2016, en busca de la nación perdida

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Irlanda, como toda nación, reposa sobre una pasión letrada que los siglos han configurado como un destino.

Desde las sagas épicas del Ciclo del Ulster con las figuras heroicas de Cúchulainn y Deirdre, hasta las cavilaciones de Lepold Bloom joyceano o el estupor existencial de Samuel Beckett, pasando por una retahíla de poetas como Yeats o Heaney o dramaturgos como Synge o Shaw, que merecieron el Premio Nobel, un vasto panorama literario ha ido tramando la identidad de un país, hasta hace un siglo, sojuzgado, que persistió en sostenerla hasta conseguir su plena emancipación. A un siglo de la insurrección de 1916, con sus vicisitudes trágicas y sus avatares liberadores, la Biblioteca Nacional se une a la Embajada de Irlanda para conmemorar aquel acontecimiento y celebrar la herencia de sus letras que, como bien lo entendió Borges, son, un poco, nuestras.

Irlanda 1916-2016, tal es el título de la exhibición que se realiza en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno y que puede visitarse hasta el mes de Junio en la Sala Juan L. Ortiz. La exposición contiene, como dice Justin Harman, embajador de Irlanda en nuestro país, “un resumen de la historia del levantamiento ocurrido en la Semana Santa de 1916 en Dublín, que determinó el proceso de autodeterminación nacional para desembocar en la creación del Estado irlandés independiente en 1921. Hay además secciones gráficas sobre literatura irlandesa clásica, moderna y contemporánea. Hay historias sobre los irlandeses en Argentina, sobre escritores argentinos de origen irlandés  y una sección especial sobre Borges e Irlanda”.

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Cabe destacar que a lo largo de la sala se exhiben una serie de grabados en blanco y negro de los mártires que tuvieron una presencia destacada en la batalla por la independencia de Inglaterra. Profesores, maestros, periodistas, poetas y exponentes de diferentes ramas del arte y la cultura, se unieron a lo que se llamó la Asociación Pro-Defensa del idioma gaélico para, desde allí, hacer frente al colonialismo de la lengua inglesa. Muchos fueron fusilados o confinados a prisión perpetua. Los más “afortunados” se autoexiliaron en busca de mejores horizontes. Nuestro país fue uno de ellos. Todos están presentes en un increíble muestrario, de exquisita estética expresionista, con sus rostros, sus datos, sus actividades y el destino al que fueron sometidos.

Más allá de esta historia trágica, la exhibición Irlanda 1916-2016, nos muestra la insuperable riqueza del acervo literario irlandés a través de una numerosa exposición de obras de los autores más emblemáticos. Allí se encuentran, a modo de ejemplo y debajo de cuidadas vitrinas, los libros de Oscar Wilde, W. B. Yeats, James Joyce, Bram Stoker, Bernard Shaw, Sheridan Le Fanú, Samuel Becket, Jonathan Swift y J. P. Donleavy.

Hay también una sección con los títulos de grandes escritores de nuestro país, ya que, como dice Alberto Manguel en el prólogo, “en la Argentina los nombres irlandeses jalonan nuestra historia y alimentan también nuestras letras. Borges fue uno de los primeros, sino el primer lector, que descubrió a Joyce en nuestra tierra y vertió algunas de sus páginas al castellano, además de la influencia notoria que tuvo Irlanda en las obra de Alberto Girri, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik (quien prefería la versión de Yeats a la original de Ronsard en el poema sobre la amada quien ya anciana recuerda que el poeta la amó “cuando era bella”). Personajes irlandeses aparecen también en la obra de Benito Lynch, Eduardo Mallea y Rodolfo Walsh”.

Varias de sus obras están presentes en la muestra, así como enciclopedias sobre la Historia de Irlanda, facsímiles de diarios de la época y un antiguo diccionario del gaélico.

Es un gran acierto de la Biblioteca Nacional, en combinación con la Embajada de Irlanda, el unir la conmemoración de la independencia de nuestro país con la del estado irlandés para armar esta muestra que sirve para acercarse tanto a su pasado histórico como a la gran influencia que tuvo la cultura irlandesa en las letras argentinas.

Para cerrar, nada mejor que las palabras de Sergio Kiernan, quien escribió la columna “Una nación de palabras” y que aparece en el lujoso catálogo que se ofrece en forma gratuita: “Irlanda es una nación elocuente. Siempre fue una tierra de escritores notables, un repositorio de libros y un tesoro de literatura oral en el que la palabra es un don y una herencia. Los irlandeses tejieron un muro íntimo de palabras para seguir siendo irlandeses, una memoria de sagas y leyendas de los reyes propios. De baladas dolidas sobre héroes, mártires y sufrimientos, de canciones y oraciones que definían a su Eire como un lugar único y especial. Es una capital espectacular que sostuvo al país y su gente a través de horrores, humillaciones, masacres y un exilio como pocos pueblos tuvieron que sufrir. Se puede decir, sin exageraciones, que los irlandeses ‘hablaron’ su identidad y sostuvieron su nación en palabras”.

En Pinamar vimos: 1916 la rebelión irlandesa