Siete maneras de respirar, trabajos inéditos de Dolores Casares en Galería Quadro

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La artista argentina Dolores Casares presenta sus trabajos de producción reciente (2015/2016) e inédita, en la galería Quadro de la Localidad de Martínez. Leedor.com acompaña esta propuesta apoyando su difusión.

Aquí compartimos el texto del catálogo, editado por Latingráfica. La exposición inaugura el 7 de mayo, 19 hs

Si el paradigma de la práctica artística contemporánea es hoy, más que nunca y particularmente, investigativo, Dolores Casares expone en Siete maneras de respirar un proceso de exploraciones creativas a partir de componentes con los que ya viene interrogándose en su intenso recorrido artístico: materiales metálicos, acrílico, agujas de acupuntura, iluminación dinámica con leds, hilos, papeles.

Así, construye un sistema de obra hallando un camino nuevo y al mismo tiempo reconociendo permanencias y herramientas, ya sea resignificadas, ya sea recolocadas, dentro de la interpelación que provoca una triple articulación entre elementos físicos, como la luz y la sombra, el movimiento, la demora y la quietud, cuestiones perceptuales cuyo ejemplo más tangible son la impresión frente al vacío, la secuencia, la vibración entre fondos y figuras o la suspensión área, y finalmente, conceptuales, en tanto esta conjunción refiere, en su universo plástico y poético, a ideas como lo ausente, lo presente, lo que aparece y sin embargo ya no está, el hallazgo que se disuelve ni bien llegamos a verlo, lo pesado y lo ligero, el acontecer y la repetición.

La matriz de producción de Dolores Casares, en Siete maneras de respirar, puede ser pensada como una profundización de un proceso desde y contra la geometría. Ya desde el comienzo la artista plantea tensiones constructivas que se vuelven provocaciones ópticas, en mayor o menor grado, porque van desde un mero (y por eso tan inquietante), juego visual que se decodifica más o menos fácilmente, hasta la paradoja de volver curvas las rectas y construir una tensión entre lo blando y lo rígido, lo uno y lo múltiple, lo superficial y lo profundo, el dibujo y la escultura, lo textil y lo teatral.

Las obras que componen esta propuesta, conforman una instalación sensorial que no deja respiro e impresiona todo el espacio, desde su misma fachada, en la galería Quadro, donde además, por primera vez la artista se atreve, con toda la potencia de lo lúdico, a caminar, en ese proceso investigativo que señalábamos, por un nuevo lugar experimental: lo sonoro. Así, a las dimensiones ópticas y hápticas características de su trayectoria creadora, Casares les suma un nuevo sentido: lo acústico, planteado en su Caja de sonidos (cilindros de acrílico con agujas de acupuntura, movimiento y sonido amplifi­cado).

Pero también hay otro lado que se suma a esta constelación de las Siete maneras… Porque adentrándose en una línea que está latente en todo su trabajo y a la que la artista vuelve una y otra vez, en un juego de atajos, caminos centrales y desvíos, la propuesta nos ofrece un contundente ejercicio plástico escenográfico, teatral, al incluir la composición Homenaje a Tanizaki, que consta de 12 piezas de acrílico con agujas de acupuntura y tanzas de nylon en medidas variables. Iluminación LED en movimiento y estructura de metal con papel de algodón. De manera más o menos directa, toda su obra tiene como faro (nunca mejor aplicada la palabra, en tanto juego de iluminación y oscuridad) al Elogio de la Sombra, del artífice japonés, y esto es una posibilidad más de guiñarle el ojo al espectador e incluirlo entre la puesta en escena y la arquitectura, un posible nodo nuevo que Casares se ha puesto a explorar para evidenciar sentidos, retomando también el teatro de atracciones pero para despojarlo absolutamente de cualquier figuración que interponga mediaciones y significados únicos. Porque es un teatro de atracciones desde la abstracción.

Ahora bien, con todos estos ingredientes sobre la mesa, la nueva producción de Dolores Casares puede ser pensada dentro de ese otro gran modo, que no es la relación tradicionalmente considerada artepolítica, así pensada como producción que busca explícitamente operar discursivamente sobre los conflictos de nuestras realidades, pero que, en tanto generado desde las condiciones de enunciación de Latinoamérica, es decir, pensando en el Desde Aquí, busca y tensiona las relaciones con el espectador. Este desafío pareciera ser el que nos lanza la artista, activada desde otras maneras de pensarnos espacialmente, que consiste en salir a encontrar un lector posible que una vez más, no solo entre en la fábula, sino que fundamentalmente, la co-escriba a partir de sus propias inquietudes perceptuales, implicándose en esta acción y posibilitando la comunidad a la que lo invita la artista, en tanto artífice de un espacio nuevo, poblado de arquitecturas propias,  propiedad pública simbólica a construir, que se vuelve territorialidad e identificaciones con el visitante.

Andrea Giunta, una de las más destacadas investigadoras en el terreno del arte latinoamericano contemporáneo, quien ha sido además curadora de la artista en su exposición anterior, refiere la práctica de Dolores Casares en sus filiaciones con el arte latinoamericano contemporáneo, al sostener y enmarcar, dentro de nuestras propias historiografías del arte que como sujetos de estos imaginarios nuestros y occidentalizados tanto nos seguimos debiendo que: “El arte abstracto más contemporáneo, sobre todo el de América Latina, investiga una zona menos evidente que la de la consigna política, para activar, de manera también política, las sensibilidades. Porque sentir más, sentir distinto, sentir lo que no esperábamos, es una forma de poner en crisis la domesticación de las percepciones y de los sentimientos…. Son formas de emancipar las sensibilidades”[i].

Esta cuestión es clave en Dolores, y en tantos artistas que producen desde aquí y que pueden ser pensados, una vez más, desde eso que llamamos, retomando el guante de la estética relacional, como estética vincular[ii], una manera propia de instituirse en el vibrante giro lúdico, político y afectivo que caracteriza el arte latinoamericano contemporáneo y suscita reflexiones para una mirada crítica, situada y oblicua sobre nuestras realidades, desde la generación de lazos interpersonales e intersubjetivos, desde la producción de formas específicas de replantearnos las relaciones arte/sociedad, donde sin dudas lo político se constela como un agenciamiento de lo estético, incesante y rizomático, imprescindible y movilizante de nuevos acuerdos subjetivos.

Siete maneras de respirar se sugiere como un corpus artístico coherente de los tanteos y búsquedas que desvelan a Casares. Como a ella misma le gusta decir, cuando explica su práctica, todo ese imaginario que palpita y nace en el hacer “entre índice y pulgar”. Y desde ese mínimo gesto, se expande como un universo con sus propias lógicas personales, pero que no cesan de desatar nuevas escalas íntimas y globales y desafiándonos a respirar en ellas.

Kekena Corvalán, mayo 2016.

[i] Giunta Andrea. Políticas de la percepción. Catálogo de la exposición homónima de Dolores Casares y Cecilia Paredes, Galería Pasaje17, Buenos Aires, octubre 2014. APOC/OSPOCE.

[ii] Corvalán, Kekena. Artistas latinoamericanos: hacia una estética vincular, en Revista Conceptos. Universidad del Museo Social Argentino. Buenos Aires. Año 86 / 2011.