La vigencia de Molière , entrevista a Hugo Álvarez

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Con la dirección de Hugo Álvarez y a partir de una adaptación libre de Julio del Corazón Millares, se estrenó Tartufo de Molière. La obra aborda la crítica al poder, la hipocresía, la doble moral y la presencia de personajes inescrupulosos.

Conversamos con Hugo Álvarez sobre esta nueva adaptación de un clásico siempre vigente.

Molière es, sin duda, uno de los clásicos de la literatura francesa y como tal, ¿qué le dice al hombre del siglo XXI?

¡Despertá! Han pasado cinco siglos y pareciera que el tiempo transcurrió en vano. Ustedes tuvieron una gran revolución tecnológica que mejoró, cambió y facilitó muchísimas las condiciones de la vida del hombre actual, pero no han realizado la revolución que transforme las condiciones sociales, económicas, políticas que reclama el hombre del siglo XXI.

¿Cómo encaraste este proyecto en tanto adaptación?

Es una respuesta que debe  responder el adaptador Julio Millares. Yo puedo hablar de mi interpretación de su versión. Esta se expresa en la recreación de un ámbito atemporal de la acción de la obra para proyectarla hacia  la realidad nuestra. He recurrido al cine para ejemplificar mi interpretación del final de estos indeseables que mucho conocemos y habitan de siempre en todos los gobiernos y en otros estamentos de las instituciones del país.

Contamos acerca de la experiencia de fundar el TPL ? Teatro Popular latinoamericano en Suecia.

Fue la respuesta que pude dar  ante una nueva realidad que cambió mi horizonte, y a partir de lo que sabía hacer, que es teatro, funde el TPL ? Teatro Popular Latinoamericano a fines del 1977 en Estocolmo. Nos iniciamos  con una escuela de teatro, cuyos profesores fueron uruguayos, chilenos y dos argentinos. La comunidad de exiliados debía reagruparse y entre todos tratamos de armar un tejido social que nos protegiera culturalmente. En el inicio tuvimos cerca de cuarenta jóvenes de distintos países de nuestro continente que no podían acceder a las escuelas de teatro sueca, por diferentes razones: un idioma diferente que en ese entonces no hablábamos; una cultura totalmente diferente; un contexto social generoso, pero muchos veníamos de traumas muy profundos que reclamaban cuidados, afectos y tratamientos especiales en muchos casos. En ese mundo estábamos nosotros. El teatro a muchos nos salvó. Al cabo de un año, empezamos a poner obras de teatro y se creó un público numeroso. Había miles de refugiados de Chile, Uruguay, Bolivia, argentinos de nuestra aterrorizada Latinoamérica. Con mi conducción el TPL extendió su acción durante 12 años. Hicimos giras hasta nuestro continente. Cuando retornó la democracia a Argentina, dejamos de ser refugiados y pasamos a realizar teatro en idioma sueco, con actores suecos.

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En cuanto a la puesta, ¿qué tuviste en cuenta pensando que es una obra con tantos personajes y con mucho acento en la intriga?

En primer lugar pienso en el espectador a quien me dirijo y trato de lograr el mejor espectáculo de calidad artística que podamos lograr. Un elenco con tantos actores es un desafío siempre y a la vez un placer. Quiero agregar que las condiciones económicas que vive la gente del teatro independiente no son ideales: los actores trabajan muchas horas y a veces las exigencias, al menos que yo reclamo, no siempre son satisfechas porque se debe ensayar tres o cuatro veces por semana en jornadas de tres horas, y es demasiado para ellos. Esto es algo que se agrava porque hay también otros actores que  ensayan o actúan en  dos y hasta en  tres espectáculos a la vez, un despropósito para mí con el teatro mismo. Quiero responder que lo que pensaba era cómo conciliar estos problemas importantes, sumados a los altos costos de producción,  por lo que a menudo lo artístico se ve afectado. Entonces pienso cómo llegar al final con la menor cantidad de averías posibles.

¿Qué te aporta a vos como director el trabajo con los clásicos?

Siempre es un placer abordar los clásicos por lo que te enriquecen, además por ser tan actuales, vigentes. Tal el caso de nuestro Tartufo. Pese a que  han transcurrido cinco siglos de su estreno, es enormemente actual. Miremos nuestra realidad entorno y diremos. ¿Cuántos Tartufo tenemos?  Creo que los clásicos tienen siempre  un espacio en los repertorios de los teatros, pero no con la frecuencia que se requeriría. Y tampoco no todos, faltan obras de  Rabelais, Ibsen, Goldoni, Plauto, Wilde, Goethe, Eichelbaum, Florencio Sánchez, Bernardo canal Feijoo, y muchos más que son desconocidos en particular para los jóvenes.

¿Creés que el teatro de Buenos  Aires le da suficiente espacio a estas obras de autores reconocidos?

Me he enterado que en estos momentos hay dos versiones más de Tartufo en la cartelera de hoy, pero no creo que sea lo habitual. Estos clásicos los aborda generalmente el teatro oficial en versiones convencionales porque esto autores jerarquizan cualquier repertorio. Además es lucimiento para grandes actores, y estos costos no los puede cubrir el teatro independiente; sí la escena oficial, como así también los altos costos de sus producciones.

Lo que sí creo existe una amplia variedad de autores nacionales en la cartelera de los teatros independientes, lo que es promisorio para el teatro argentino, pero también contiene un riego de caer en la improvisación y el amateurismo. Hay quienes escriben sus textos, los actúan y los dirigen, y a veces se hacen cargo de diseños de luces, o vestuario. Puede haber gente con mucho talento, pero no puede ser una tendencia, porque  he advertido que a veces estos autores/actores/directores, no han terminado sus estudios. Ningún estudiante de medicina diagnosticaría, sino después de haberse recibido de tal, ¿o no?

Funciones: sábados a las 21; Sala: Corrientes Azul; Dirección: Av. Corrientes 5965, Villa Crespo