Los dioses del hogar, Alejandro Mendez Casariego

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Reseñar un libro de poemas es una utopía. ¿Qué sentido tendría elegir otras palabras cuando lo escrito ya es perfecto? Los dioses del hogar de Alejandro Mendez Casariego es, entre otras cosas, una celebración de la palabra precisa, imprescindible, mesurada.

En lo formal, el libro está dividido en dos partes: “Los dioses del hogar”, precedido de un epígrafe de Jorge Luis Borges, y “Los dioses del exilio”, con uno de Charles Baudelaire. La mención de estos dos poetas clásicos no es casual. Hay en este libro de Casariego una reminiscencia del Borges de Fervor de Buenos Aires que se traduce en esa preocupación metafísica que recorre los versos y en ese atender a lo íntimo, lo familiar, a ese objeto mínimo en el que, sin embargo, se cifra la totalidad. En este sentido, el primer poema ya da cuenta de esto: “La enorme catedral que desafía / el aluvión de los años / es similar / en lo que importa / a una piedra al borde del camino”.

De Baudelaire, este libro retoma la teoría de las correspondencias. No hay aquí poemas aislados, sino una especie de gran poema en el que se van sucediendo instantes que se presuponen, que tejen sutiles hilos entre ellos. Cada objeto se enlaza con otro presente o pasado, y puede aludir a diferentes tiempos o espacios.

Y si los objetos adquieren importancia y significación, más aún las personas para quienes aquellos resultan elocuentes. El padre, la madre, los hermanos, los hijos habitan esos espacios custodiados por los dioses del hogar.

En la antigua Roma, cada familia tenía sus dioses domésticos, sus protectores. En el libro de Casariego, la presencia de estos dioses vincula la cotidianeidad y sus habitantes con temas más universales como la muerte, el destino o el recuerdo. Es como si cada objeto o cada persona nos condujera a una realidad que los trasciende: esa metafísica de la que hablábamos al comienzo.

Volviendo a la celebración de la palabra, leer estos poemas es tener la certeza de que nada de lo que aquí está escrito podría haber sido dicho de otra manera. Se nota el trabajo del poeta para elegir un vocabulario exacto –herencia también borgeana–, una sintaxis rítmica, y un estilo despojado que, no obstante, conmueve y nos hace reflexionar.

La belleza de la poesía solo puede sentirse a través de la lectura de sus versos. Dejamos un fragmento a modo de invitación para realizar ese viaje que implica toda lectura.

Hijos

(…)

Son densos los espacios que crecieron

férreos los dialectos que cada uno tejió

para decir a su manera. Por lo tanto

escribo una proximidad

desde las horas más deshabitadas,

los sueño en otro tiempo, con otras voces,

distraídos en el hábito de viajar por lugares insólitos

donde me encuentran, a veces, marginal.

Sé que no los recupero del todo

pero tengo, por lo menos, un escenario preparado:

bambalinas, telones y faroles

para cuando aparezcan y reconociéndome

entre la multitud que aplaude y ovaciona me dediquen

una mirada singular.

Ficha técnica

Los dioses del hogar, Alejandro Mendez Casariego, Deacá, 2015, 80 págs.