“El arte en su belleza me salvó la vida”, entrevista a Francisco Cardozo Matus

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Francisco Cardozo Matus expone en La Maga Espacio Cultural (Tacuarí 905) David contra Goliat, una retrospectiva con el impacto de su lucha contra la adicción y el nacimiento de su primera hija como eje de cambio. La inauguración es hoy a las 19.

En charla con Leedor, Francisco nos cuenta acerca de la experiencia de preparar esta muestra: el antes, el durante y el después en un recorrido cronológico por sus obras.

Cardozo

¿Cómo seleccionaste tus obras para esta retrospectiva?

En el antes, el durante y el después. En el antes –desde mi adolescencia y en el progreso de los años junto al alcoholismo–. En el durante –desde el nacimiento de mi hija y la pelea terrible para salir de mi enfermedad, con dos últimas obras –. Y en el después –que va a ser con esta exposición, cuya fecha de inauguración coincide con mi cumpleaños número 43 de nacimiento y número 1 de renacimiento, comienzo y fin de una historia de adicción que pienso dejar en el pasado–. Con su nacimiento, mi hija revolucionó toda mi forma de pensar la vida y empecé a ver con enfado mis pinturas anteriores, desde la adolescencia hasta el momento, como leyendo un diario íntimo personal y evolutivo, dándome cuenta de que ya no me pertenecían, dado que el antes no significaba nada para mí; me hacían ruido, no eran ya mi forma de mirar y eran solo un testimonio de la época de mi depresión y adicción. No por esto no voy a mostrarlas, al contrario, es para poner en evidencia el calvario que uno puede tener bajo esos efectos, sensibilizado aún más en una multiplicación tortuosa, observando así la vida de esta forma.

En el durante, desde que nació mi hija, después de diez años que no pintaba al óleo, traté de lograr dos obras –las dos últimas–, donde necesitaba aferrarme a los sentimientos más sanos que me inspiraban la madre, la paternidad que crecía en mí, y mi hija –un sentimiento ancestral–, como aquel que se aferra a un objetivo dándole a uno el poder que no tiene el objeto de por sí, donde el medio era terapéutico y espiritual. Necesitaba concentrarme en esa pelea entre David y Goliat (mi adicción) sosteniendo mi seguridad en la piedra que se transformó, en la roca Ámbar en el bolsillo para lograr mi objetivo: la recuperación era y es la gloria ante mi enfermedad del alcoholismo.

Y así es que el después se marca a partir del final de esta exposición, que es justamente el mismo día de mi cumpleaños, y la misma fecha donde un año atrás, exactamente, me llevaban en una ambulancia por intoxicación, casi en coma alcohólico, en una ambulancia para la internación y el proceso fuerte que duró casi un año. En este punto, como símbolo, en esta fecha termina y empieza otra etapa y otras obras que vendrán en el futuro después del 29 de abril, en esta espiral fractaria donde todo termina y empieza al mismo tiempo. Después de esa fecha empieza todo desde cero. Diría que es casi como el estilo de una instalación, porque el después empieza en el final de ese día. Más que las obras de por sí, es lo conceptual que las motorizó.

¿Con qué técnicas se va a encontrar el espectador de tu muestra?

Pinturas al óleo, pinturas acrílicas, grafitos, algún ensamble con partes de motores y autos, diseños artísticos, gráficos, y el corto donde fui protagonista sobre la novela Rayuela de Julio Cortázar, Andábamos sin buscarnos de Daniela Lozano.

¿Cómo está organizado el recorrido por tus obras: es cronológico, por técnicas, por motivos?

El recorrido es cronológico, para poder leer, si se puede, el diario hasta el final, en el antes, durante y el después que es el fin de ese día simbólico, el final y el principio, dando paso otra vez al comienzo fractario que serán mis próximas obras, otra exposición. Luego nunca más voy a mostrar estas obras dado que voy a vaciar todo para que entren cosas nuevas como quiero en mi vida.

Leí que recibiste el apodo de “El Quijote de Dalí”, ¿cuánto de él hay en tu propia obra?

Un curador, Santiago Shanahan, 15 años atrás, notando el sentido inconsciente de mis trabajos, sabiendo que desde muy chico era fanático de Dalí, vio que yo había hecho una obra de grandes dimensiones con un retrato de Dalí enorme; también al lado del rostro pasé un dibujo grabado de un Quijote hecho por Dalí y lo representé en pintura como lo hubiera hecho el artista español.  Este hombre, sorprendido, me dio una antesala para mí solo en el Palais de Glace, donde el público, para ver las obras originales del catalán traídas desde España, sí o sí tenía que pasar  por mi sala, viendo primero mis obras y la obra del Quijote que hice de Dalí.  Y como yo era simplemente un principiante, me pusieron el “Quijote de Dalí” dado que admiraba y me veía reflejado en él y en Cervantes, motivo de mi obra: el guerrero utópico (que está pintado en el detalle de una obra, que luego pienso hacerla en grande), tercamente empecinado en sostener valores y principios, luchando contra la irreal irrealidad de la realidad irreal, en un mundo que iba al revés en mi lucha interna donde concebí mi educación. Todo desde el punto de vista de un alcohólico, por lo que lo sufría aún más, negando todo lo que veía, sosteniéndolo desde el surrealismo y finalmente  desde el simbolismo y el misterio de mi mirada vacía. En un momento donde recién empezaba la era digital y el Photoshop, lo mío era totalmente a base de estudio de escuelas clásicas, de modo autodidacta.

Evidentemente, las artes se conectan y en tu caso personal participaste de proyectos interdisciplinarios, ¿nos contarías un poco acerca de ellos?

Siempre fui curioso. Necesitaba incursionar en otras disciplinas para ver cómo me sentía cuando me conectaba con ellas. A mis 29 años abrí un Centro Cultural en Olivos donde permanentemente realizábamos exposiciones en las que fusionábamos distintas disciplinas artísticas: música, fotografía, pintura y danza, en un encuentro en el que participaba toda zona Norte. Esto se extendió durante tres años.

En el año 2005, la última exposición que realicé bajo el nombre de Anagrama Mora, comenzó con un bodypainting al ritmo de  músicos en vivo, con una bailarina en escena interviniendo las obras. Esta muestra fue una verdadera fiesta y fue la exposición que más concurrencia tuvo en ese año en zona Norte, con gran repercusión de prensa.

En el año 2011, participé de Reino Crepuscular, la primera producción del Proyecto Del Libro al Libro creado por Daniela Lozano, premiado por Mecenazgo 2011. Reino Crepuscular partía de los textos de Julio Cortázar sobre los subtes; realizamos un espectáculo que combinaba danza del vientre y video, y luego lo registramos en un libro final, también llamado Reino Crepuscular, que fue presentado en la 38 Feria del libro por Horacio González. Diseñé la tapa y contratapa del libro donde puse a Cortázar en los subtes; sus ideas se incendiaban en colores de oro, donde la armonía de sus palabras terminaba en el número de oro de Bellas Artes. Este proyecto recorrió Chile, Feria del Libro de La Paz, Bolivia, la Usina del Arte, y Museos de la Ciudad.

En el año 2012 realizamos la segunda producción Del Proyecto Del Libro al Libro: Sueños de Buenos Aires. Borges y el Budismo. En esta experiencia se cruzaba la lectura de textos en vivo de Borges por parte de la actriz Ingrid Pelicori, un video sobre el texto “Las ruinas circulares” de Borges, actores en escena que realizaban danzas y piano en vivo. Esta experiencia se registró en un libro final llamado Sueños de Buenos Aires, del que realicé también el diseño de tapa y contratapa. En este diseño imaginé a Borges pensando en toda la simbología y filosofía budista. Este proyecto recorrió la Usina del Arte, Museos de la Ciudad y Japón.

En el año 2013 participé como protagonista del corto Andábamos sin buscarnos, tercer producto del Proyecto Del Libro al Libro, que fue un encargo del Ministro de Cultura Hernán Lombardi y recibió el Primer Premio al Festival Lakino de Berlín. Ese corto lo filmamos en mis salidas del Centro de Rehabilitación en el que me encontraba, donde actuar era para mí la experiencia de un payaso en un circo.

¿Cuál es tu propia definición de “arte“?

Yo no me considero un artista. Demasiado grande me queda esa palabra. Esas respuestas las tienen que dar ellos. Y acá, en Argentina, hay muchos artistas desconocidos que pueden dar cátedra con respecto al tema. Yo solo me abstraigo en una concentración casi como de control mental, donde evado el tiempo y el espacio, juego, y sin querer me encuentro conmigo mismo, con el tiempo comprendiéndome en una autorreflexión. Por eso creo que la práctica del arte tiene que estar al alcance de todas las clases sociales: a mí comprender el arte en su belleza me ayudó a entender mi problema y a realizar una autocrítica, que es lo que me salvó la vida en definitiva y evitó que todo pasara a mayores. Veo a muchos chicos en la calle sin perspectivas ni objetivos ni esperanza en la vida, y creo que el arte, al igual que a mí, podría ayudarlos. Por eso mi grafito “Desigualdad caricaturesca” me parece fascinante. Lo hice a los 27 años. Y la modelo de esa obra, una niña, volviendo a lo fractario del destino, es mi pareja, la madre de mi hija.

¿Qué sentimientos te recorren antes de una muestra, desde que la pensás, mientras la armás y en los días previos?

Vergüenza. No es fácil desnudarse. Por otro lado, hace más de 11 años que no hago una exposición porque había decidido que era innecesario hacer muestras si solo eran para mí y mis seres queridos, algo íntimo. Y como quien está desarreglado en el interior de su casa, yo no le di importancia al acabado de los cuadros. Y así están. Bueno, también porque no podía dibujar ni una línea por mi estado de ebriedad. Pero en esta exposición cobra sentido, no solo en el antes, el durante y el después de ese día especial (por eso voy a retirar la muestra también ese mismo día como acto simbólico) y agradecer a los que me acompañaron en este año duro para todos, en especial a mi mujer, mi madre, a mi hija del corazón Vera y, por sobre todo, a mi piedra angular Ámbar que luego se transformó en la roca que derrotó a Goliat, entre la vida y la muerte. También con esto quiero generar conciencia en la gente de que esta enfermedad es lenta, progresiva y mortal. Deseo que mi hija vea que me ayudó, sin saber, con su año y medio, más de lo que ella piensa. Quiero que quede la huella de esta exposición: estos trabajos serán testimonio de todo el amor que me despertó ella al nacer.

No es el ego lo que me lleva a esta muestra, es generar en el hoy un futuro recuerdo para mis amadas: Ámbar, Daniela, Vera y mis seres queridos. Por este nuevo momento que se inicia, la firma de mis cuadros, que siempre aparecía como CAR-ma, por CARdozo Matus y por mi historia, pasará a ser un hilo del Dharma.