Goodnight Mommy

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Goodnight Mommy es el típico film para el Festival de Sitges (donde obtuvo el Méliès D’Argent al mejor largometraje): una bella casa bien nórdica, despojada, rodeada de un bosque que desemboca a un lago… es el contexto en el cual viven un par de mellizos con su madre, la que se supone acaba de salir de una cirugía plástica.

Desde el comienzo de la historia la morosidad de los juegos entre los niños y la condición de la madre van generando un clima de extrañamiento, que crece secuencia tras secuencia hasta llegar a la pesadilla del horror psicológico teñida de perversión. Hay una relación agresiva de la madre hacia uno de ellos, es más no se dirige hacia él, no le prepara la comida tampoco, luego decide cambiar las reglas de la convivencia, haciendo de la vida de los niños algo tan insoportable, que comienzan a dudar de la identidad de su madre.

Hay indicios a lo largo de la pelicula que que la madre tuvo un accidente, y acaba de tener una separación. No sabemos si está ocupando el lugar de una melliza, o si uno de los mellizos murió en el mismo accidente. Lo cierto es que vemos siempre dos niños, (que actúan como crueles psicópatas ) lo que puede estar en la mente de uno de ellos, por lo que este sería el punto de vista del relato.

Con producción del director Ulrich Seidl, el trabajo de Severin Fiala y Veronika Franz es señal de identidad del cine austríaco. Y es innegable que su trabajo logra, con creces, inquietar al espectador. Y lo que se supone que no esta claro, es la estrategia para lograrlo. Porque es la propuesta. Un innegable representante de un género, que a que los que les guste disfrutar de una violencia física llevada a sus extremos, con razón van a disfrutar. Además de tres actuaciones impecables y una excelente fotografía.