Enrique Bostelmann: Viaje a los confines de la injusticia

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Los fotógrafos ya no van a la sierra poblana.

Enrique Bostelmann.

 

El mexicano Enrique Bostelmann nació en Guadalajara, Jalisco en marzo de 1939, muerto en 2003, es sin duda una de las figuras más importante de la potente fotografía de su país. A los 19 años viajó a la entonces Alemania Federal, por una beca de tres años en la Bayerische Staatslehranstalt der Photographie de Munich.

A su vuelta a México ya había decidido que la fotografía iba a ser su medio de vida, por lo que trabajó haciendo foto publicitaria, pero fundamentalmente sabía que la fotografía iba a ser su medio de expresión, por lo que nunca dejó de opinar a través de su arte.

En 1970, tras un prolongado viaje por América Latina edita su primer libro: Un viaje a través de la injusticia, una visión profundamente realista, sobre un territorio tan convulsionado como injusto. Carlos Fuentes acordaría con esas visiones diciendo: “Las fotografías de Enrique Bostelmann son como rutas descalzas, carreteras del hambre, avenidas de polvo y sequía de invariablemente conducen a un muro ciego”.

Sus peregrinaciones por el interior de su país en búsqueda de las heridas que jamás cierran, lo hacen comprender que, cuanto más se alejaba de la modernidad a la que un México prepotente e injusto pretendía subir. mejor se sentía con los campesinos olvidados, a quienes sus más de dos metros de altura y su pelo rubio intimidaban hasta que lograba vencer la resistencia y conseguía que le mostrasen su mundo.

La indagaciones sobre los oprimidos, lo llevaría más tarde a concretar la serie Juan de la Mancha, la personificación de la niñez en las zonas marginadas.

En cada toma Bostelmann, logra el contraste entre la fuerte denuncia, la crítica al sistema, con una estética severa, concreta que escapa de artilugios y preciosismos técnicos que sin duda darían una pátina de superficialidad al concepto, por más virulentamente crítico que fuera.  Sin traicionar su vocación artística y su posición frente al poder logra un equilibrio tan exacto como sus grises y texturas.

En la obra de Bostelmann, transitan los trabajos de los grandes muralistas mexicanos, escritores, artistas, intelectuales y objetos domésticos a los que les da dimensión de obra de arte, pero también logra el mismo efecto con los desechos del gran naufragio latinoamericano: chapas, tablas, papeles, trapos, muros descascarados, botellas rotas, chapas oxidadas, barro, ropas ajadas, gestos desgarrados, solo rastros de la tormenta que sigue asolando, al parecer, cada vez con más virulencia.