Lobo, te amo: cuando los malos no son tan malos

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Ayelén Clavín y Gastón Exequiel Sánchez son los autores y directores de Lobo, te amo, la obra que actualiza el cuento de Caperucita Roja a partir de un cruce de lenguajes de la danza y el teatro.

Ambos dialogaron con Leedor sobre el desafío de reubicar personajes míticos en una ficción que le habla al espectador del siglo XXI.

¿Cuáles son los cruces de discursos que propone Lobo, te amo?

Gastón: En Lobo, te amo nos interesó hacer circular más dinámicamente esas polaridades que la moral burguesa supo anclar tan cómodamente en los cuentos de hadas. En esas historias lo bueno y correcto es muy claramente distinguible de lo malo o incorrecto. Creemos que en la obra se juega constantemente con la idea de que amar a menudo está muy cerca de doler (y hacer doler), y que las dimensiones de animalidad y humanidad pueden recorrerse casi al mismo tiempo.

Desde el título se trabaja con la inversión de los valores del cuento, ¿cómo se propone esa inversión dentro de la obra?

Ayelén: Nos gusta pensar cómo es que se delineó el título, porque de algún modo resume los dos caminos que se cruzan en la obra. Por un lado, refiriéndonos al Lobo hablamos del cuento, tomando al personaje que escolta a Caperucita en su protagonismo, y en esa elección tomamos el lado “supuestamente” malvado o “feroz” de esa pareja. A la vez, amamos a ese lobo intensamente, con toda su ferocidad, su astucia, su animalidad, y también su ingenuidad y su posible ternura. Por otro lado, al hablar de una ficción muerta, nos rendimos a la tentación de hacer lo que queremos con esa historia conocida: rearmarla, trastocarla, ver qué hay allí de actual, de artificial, de moral. Nos permitimos dudar de lo que Caperucita sintetizaba tan cabalmente, y amamos a un Lobo al que el cuento nos pidió odiar.

¿Por qué creen que la historia de Caperucita Roja fue tan reelaborada a lo largo de las épocas?

Gastón: Más allá de lo que el cuento propone como sucesos, lo que subyace a la historia es muy actual: la traición, la inocencia, la obediencia, las ganas irrefrenables, el deber y el querer. Encontramos que esa actualidad del cuento está en esos dos personajes protagónicos, en cómo se relacionan con su pulsión, en cómo se aman y se sufren, entre ellos y a sí mismos, y en cómo respetan o eluden los mandatos. Eso hace que en su profundidad, la historia de Caperucita y el Lobo le hable a todas las épocas. Nos habla a nosotrxs, humanos, así estemos en Manhattan, en un bosque, en un teatro.

¿Qué mensaje entre líneas está detrás de una Caperucita siglo XXI?

Ayelén: La dupla Caperucita y el Lobo, tal como nos llega del cuento con sus insistentes moralejas, incluye, por un lado la femineidad/inocencia/ternura/debilidad (o sea, la mujer mansa, heteronormativamente definida); y por otro lado masculinidad/astucia/fortaleza/animalidad (o sea, el hombre, heteronormativamente definido). Aunque pensemos que esa estructura está superada, en el siglo XXI aún hay resabios (y en ocasiones la estructura sigue intacta, aunque disfrazada de liberación). A Caperucita Roja quizá hoy le incomodaría su lugar. ¿Aprendería la lección o más bien dudaría de ella? ¿Le diría al Lobo que puede comérsela sólo si ella quiere? ¿Probaría todas las manzanas para entender por sí misma si de verdad es pecado?

¿Qué tuvieron en cuenta para que la puesta diera cuenta también de los cruces y de las inversiones?

Ayelén: Entre otras cosas, tuvimos en cuenta la relación entre la ficcionalidad y la realidad del espacio con el que la puesta dialoga: fragmentos de bosque “se colocan” en un teatro. Ahí ya hay un cruce que configura un modo de estar en la obra: somos seres de este tiempo, trabajadores de la danza y el teatro, que visitamos a dos personajitos con mucho CV: Caperucita Roja y el Lobo feroz, dos polaridades que están en nuestras cabezas desde antes de la versión de Perrault, hace siglos. Entonces la simbología del cuento está presente; los objetos en la puesta son un asterisco que trae horizontes de significado. La iluminación juega un papel muy importante en la obra: define tanto momentos verosímiles como extremadamente artificiales. En el uso del sonido, sea en la elección musical como en el trabajo con sonidos de referencia, también está presente esta tensión entre creer y descreer del teatro, entre quedar pegado de emoción y reírse de que todo es un juego.

Lobo, te amo [una ficción muerta]

Funciones: domingos hasta el 8 de mayo, 20 h; Espacio Callejón | Humahuaca 3759; Reservas: Alternativa Teatral.