“Fortalecer la palabra para sobrevivir”, entrevista a Pablo Caramelo

0
0

Todos los martes se presenta  La vida probable –Elogio de la conversación amistosa en los vaivenes de la historia argentina contemporánea con dramaturgia y dirección de Pablo Caramelo. Un grupo de amigos se dispone a partir, después de haber cenado en casa de uno de ellos, pero un augurio los retiene en la casa, y allí surge una conversación que conformará la obra misma.

Pablo no solo nos habla de la comedia y del proceso que llevó a ponerla en escena, sino también del trabajo que realizó con su Compañía Los Impacientes.

Pablo-Caramelo

¿Qué antecedentes literarios podés mencionar para La vida probable? Pensaba, por ejemplo, en un libro como el Decamerón de Bocaccio o tantos otros textos en los que el diálogo y el compartir historias son los ejes sobre los que gira la historia.

Efectivamente, el Decamerón es un modelo inspirador personal, como también las Mil y una noches, o los Cuentos de Canterbury: la narración como garantizadora de supervivencia en un contexto difícil u opresivo. Siempre me pareció una experiencia primordial y artísticamente estimulante. En ese sentido, también me interesó mucho para la condición escénica, la figura de los mensajeros de la tragedia griega, poco menos que reporteros que con su elocuencia vuelven presente acontecimientos ausentes y desmesurados, imposibles de representar.  En el caso de nuestra obra, no solo trabajé con la proliferación de relatos sino también con la condición del silencio que los posibilita: un silencio concreto, material, cenagoso. También en eso el Decamerón es un modelo: afuera esta la peste o alguna distopía similar, y hay que fortalecer la palabra para sobrevivir. Debo decir que también en esta indagación fue importante, para definir el tipo de personajes, El hombre sin particularidades de Musil y también el tratamiento de la amistad en la obra de Saer. Pero no quiero dejar de mencionar que es una comedia y desde ese punto de vista, también son importantes para mí esos “textos” que se llaman Tognazzi, Gassman, Alberto Sordi.

Se habla de una dimensión existencial del diálogo, ¿qué importancia le asignás vos a la conversación en una sociedad como esta en la que vivimos?

Creo que en el teatro contemporáneo se asume cierta crisis del diálogo como dispositivo iluminador de la verdad. Y en ese sentido, no dejo de ser contemporáneo. Creo que me interesa el diálogo en condiciones extremas, siento que hay que expresarse menos,  recuperar el balbuceo, el tanteo del propio lugar, fragilizar la posición desde donde intercambiar nuestras experiencias. La otra cuestión es que La vida probable tematiza de qué modo los cuerpos están atravesados por la retórica, en este caso la noticia periodística, y cómo esos sujetos trajinan intentado producir alguna metáfora personal.

Cómo se da en esta obra ese propósito que se plantearon desde la Compañía Los Impacientes: el de la historia que atraviesa la vida de los personajes?

La historia argentina contemporánea es, por sobredeterminación o déficit, la historia del peronismo. Hay cierta postulación geopolítica en la obra: los lugares, las calles, los pueblos remiten en su mayoría a los avatares del peronismo. Y como trabajamos con noticias, claramente aparecen mencionados dramáticamente episodios de los últimos setenta años del país

¿Cuál fue la primera imagen que se te vino al pensar la puesta en escena?

Una mesa que pudiera ser a su vez algo similar a esa calesita infantil que hacen girar los chicos mismos sentados. Creía que había que girar, marearse, ocupar el perímetro y nunca el centro. También me gustaba la idea de una sobremesa de amigos donde todo hubiera sido ya dicho y sin embargo recién entonces, sobre ese agotamiento,  se instalara cierta interpelación, cierta presión de la conversación. Y encima de ellos el día languideciendo, obligándolos a correr la mesa para salir de la sombra y continuar hablando. De esas imágenes, quedó un deslizamiento metonímico de las escenas y el paso de la luz a lo largo de las estaciones.

Detrás de la escritura de esta obra hay todo un trabajo previo con los actores, ¿cómo sintetizarías esa etapa?

El ensayo es para nosotros un acontecimiento existencial: uno se encuentra por primera vez con alguien a quién conoce mucho en una pura potencialidad. Pero no sabe casi nada. Menos aún en este caso donde yo solo tenía hipótesis muy primarias y algunas noticias periodísticas para empezar a probar su resistencia escénica. Pero no había ni situaciones, ni peripecia dramática, ni personajes previos. Impulsos escénicos, poéticos, amorosos. Ojalá que eso se perciba en el espectáculo, así como lo mostramos. Creo que sí.

El espacio y el tiempo son dos elementos importantes en La vida probable, ¿por qué elegiste la pampa bonaerense?

Soy de Junín. Sin pretender cierto aprovechamiento biográfico de la experiencia, me permitió desarrollar algunas intuiciones personales sobre la percepción de la historia argentina y de la Metrópolis desde el interior. También tomamos noticias de diarios bonaerenses con su peculiar sintaxis y estilística. Eso ya nos invitaba a una manera de hablar y a expresar otras condiciones de percepción de lo real.

¿Cuál es el la concepción del tiempo que nos ofrece la obra?

El tiempo es fundamental en la obra. De algún modo, hay un intento de plantear dramáticamente la experiencia de la duración. A su vez, me gustó la posibilidad de jugar con la convivencia de dos temporalidades: la de la conversación, inmóvil, enrollada y desenrollada en sí misma, y otra, convencionalmente cíclica, la del paso de las estaciones. Eso finalmente me llevó a elegir dos ámbitos, el interior y un anexo que le llamamos, también como convención, “jardín”. Hay otra dimensión que casi no se menciona porque es casi una perogrullada, pero que es la condición expresiva de todo lo escénico: es el afuera, donde transcurre un lenguaje envejecido y mortal.

Funciones Martes 21 h

Espacio Callejón. Humahuaca 3759. TE 4 862 1167