El mercader de la muerte en #BAFICI2016

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SHAKESPEARE CON HUMOR (NEGRO)
Fue una de las películas de mi lejanísima adolescencia cuando aun no sabía del prestigio actoral de Vincent Price. La proyección fue en un cine de barrio de pantalla bien ancha y con buen sonido, como ofrecían la mayoría de las salas lejanas a la zona céntrica.

Price interpreta a un actor reconocido pero omitido por los críticos, a quienes irá asesinando uno a una a través de rituales y ceremonias que aluden a la obra de Shakespeare. Pero a los 14 años aun no había leído nada del autor, razón por que la mirada se sobresaltaba con cada uno de los crímenes, en tanto, una temperatura incómoda pero bienvenida aparecía en el cuerpo al ver (y luego, soñar) con el rostro de Diana Rigg, que en El mercader de la muerte personifica a la hija de Price y que ya los adictos de aquellas series de televisión habían canonizado desde la Emma Pill de Los vengadores.

Años después volví a verla en un VHS con poca nitidez y allí reparé en los textos, en la forma en que Price asesinaba a los críticos, en la manera que el actor transmitía el idioma inglés heredado de sus primeros trabajos en escenarios teatrales. Apareció otro descubrimiento: detrás de las cámaras el encargado fue Douglas Hickox, un discreto cineasta que trabajó diferentes géneros, un realizador de oficio aplicado dentro de las rígidas estructuras de la pantalla británica.

Vincent Price, al momento de personificar a Edward Kendal Sheridan Lionheart, ya estaba ubicado en el panteón cinéfilo luego de sus trabajos dirigidos por Roger Corman en los 60, al haber interpretando a personajes de la literatura de Poe. Con la nueva década aparecería como El abominable Dr. Phibes (la primera y su continuación) hasta que llega a sus manos este inolvidable rol repleto de ironía y delectación por la muerte y la venganza hacia aquellos que no lo respetaron como actor consumado y célebre.

Bajo las fauces de su personaje, junto a su histriónico grupo de colaboradores, caerán esos críticos presuntuosos y engreídos, jugados por eminencias de la tradición actoral inglesa (Ian Hendry, Diana Dors, Jack Hawkins, Robert Morley).

Price prepara sus elementos para perpetrar cada uno de los crímenes, truculentos pero sofisticados debido al sarcasmo que le impone a cada una de sus acciones. En ese sentido, ¿cómo olvidar y disfrutar con cierto placer malsano la muerte del personaje que juega el gordo Robert Morley, obligado a comer sus perritos caniches?

Cada asesinato es una celebración festiva más que un momento incómodo de ver. Cada cadáver exquisito representa una performance del gran actor a través de la palabra junto a la acción en sí misma.

El mercader de la muerte/Theatre of Blood fue una auténtica obra maestra para ese temprano adolescente, luego adulto con treinta años recién cumplidos. Pero también, sigue siendo una gran película para este sujeto que pasó hace un buen rato los cincuenta.

ÚLTIMA EXHIBICIÓN: sábado 23. 00.00 hs. VILLAGE RECOLETA. SALA 4.